Marruecos / Agadir / Gente

Fundada por los portugueses sobre el 1500, Agadir es una de las ciudades más grandes del sur de Marruecos. Cuidad de pescadores, paso de tribus bereberes y ciudad dependiente de la fastuosa Esauira, posee una ubicación ideal ser centro de operaciones en los viajes que cruzan el Atlas y el mejor puerto de la zona entre Gibraltar y Canarias. A escasas 4 horas de la ciudad de Marrakech, a menos de una hora de las ciudades de Tiout, Taroudant y Fez, esta ciudad desde sus inicios, se convirtió en un centro importante de comercio marítimo y de las caravanas de comerciantes que viajaban a través de la costa.  En 1526 es invadida por los saaditas, en su imparable reconquista de territorios a los Portugueses (en tan sólo 9 años, le seguirían ciudades como Safi, Azemmour, el Reino de Fez y Arcila). En 1911 fue protagonista de lo que ha quedado en los libros de historia como “la crisis de Agadir”, la cual estuvo a punto de provocar la I Guerra Mundial. El incidente comenzó por el envío de un buque cañonero alemán al puerto de Agadir, lo cual, no era sino un nuevo desafío a Francia (en 1905 Guillermo II ya había proclamado que Alemania no permitiría que Marruecos pasara a ser dominado por una única potencia, en esta caso, Francia). Aquella amenaza finalmente no llega a nada, aunque deja las relaciones entre Alemania y Francia seriamente tocadas (culminando con la I Guerra Mundial).

Entre 1912 y 1956, Agadir pertenece a Francia, pasando en 1956 la soberanía a Marruecos y, posiblemente su momento más crítico se da el 29 de febrero de 1960, cuando un terremoto de grandes dimensiones destruye por completo la ciudad, que más tarde se reconstruye a 2 kilómetros al sur del epicentro.

KidsFotografía © Daniel Klein.

Sin embargo, pese a un bagaje histórico tan profundo, Agadir destaca, sobre todo, por su gente. Su amabilidad y ganas de agradar a los visitantes y sus famosas frases de “españoles y marroquíes son hermanos” provocan que el viaje se vuelva de lo más agradable. Se suele decir que la población de un sitio suele ser representativa del pulso de una nación. Si eso es así, la gente de Agadir, llevará a Marruecos a cotas muy altas. Una de las mejores maneras de darse cuenta de todo esto es entablar simplemente una conversación con alguien de la zona. Un rico intercambio de ideas y una probable amistad para toda la vida, culminarán el encuentro.

Desde el punto de vista fotográfico, me resultó muy sencillo sacar retratos interesantísimos, puesto que una de las características más esenciales de los agadenses es su naturalidad a la hora de posar y lo variado de su fisionomía. Que la ciudad tenga población árabe, bereber, y de los cercanos países, como Argelia o Senegal, es sin duda una garantía de diversidad que haría la boca agua a nuestro amigo Eric Lafforgue. Un punto importante de cara a hacer fotos es la de pedir siempre permiso a las personas a las que se desea retratar. Esto, será crítico si se trata de mujeres, ya que, no lo olvidemos, se trata de un país islámico. :-)

En lo referente a las construcciones o arquitectura, no nos esperan grandes lugares, aunque la medina de Agadir bien merece una visita. Por consiguiente, la recomendación más certera que se puede dar es centrarse en sus gentes y en la diversidad de retratos que nos proporcionan.