Hubo un tiempo en el que mi vida transcurría entre los intervalos que me dejaba un vuelo y otro. No llegó a ser tan extremo como la vida de Ryan Bingham, el inspirational speaker protagonista del film de Jason Reitman ‘Up in the Air‘, pero casi. Por aquél tiempo, tuve la enorme suerte de trabajabar en Telefónica I+D estando a cargo de la gestión de proyectos europeos y ello hizo que, si sumabas los viajes que hacía por trabajo y los que hice por placer, al final mi tarjeta Iberia plus acabó teniendo más saldo que mi tarjeta VISA. De todos esos viajes, uno de los que recuerdo con más cariño fue el que tuve que hacer a la ciudad de Tampere en Finlandia. Este viaje me dió la oportunidad de experimentar dos cosas curiosas y únicas; la primera fue la de lograr ser una de las pocas personas que conozco que ha hecho una comida distinta en un pais distinto en un mismo día. Me explico: desayuné en Tampere, almorcé en Helsinki, comí en Amsterdam, merendé en Bruselas y cené en Madrid. Para aquellos a los que les parezca algo así como un viaje interesante, os reconozco que la paliza fue tan infernal que no se lo recomendaría a nadie. La otra experiencia que me llevé fue la de visitar el maravilloso puerto de Helsinki. Una de las joyas de la ciudad.
Para aquellos que no lo conozcan, Helsinki es la ciudad más grande de toda Finlandia, lo cual, en términos absolutos es bastante curioso si se compara con las ciudades que tenemos en España. Si sumanos todos los habitantes de Helsinki (580.000) más los de los pueblos cercanos, suman 1,3 millones, lo cual supone que uno de cada cuatro finlandeses vive en Helsinki. Con esta acumulación de personas, no es de extrañar que Helsinki aglutine para sí todos los poderes importantes del país: Política, Economía, Cultura y Ciencia.
Fotografía Daniel Klein.
La historia de Helsinki nos dice que fue fundada fruto de los celos que el el Rey Gustavo I de Suecia sentía hacia la ciudad de Tallin (actual capital de Estonia). Esto no debía ser muy raro en esos momentos, ya que si algo ha tenido Finlandia en toda su historia, es que siempre ha estado en medio de todos los conflictos que se han dado en la zona. Y todos sus vecinos, han tenido bastante interés por zurrarse los unos a los otros, utilizando Finlandia como arma arrojadiza, como lugar de paso, o como el propio campo de batalla. Siendo así, no es de extrañar que ya desde sus primeros días, la ciudad estuvo amurallada alcanzando su máximo desarrollo defensivo tras la guerra Ruso-sueca de 1808. La nota irónica fue que, pese a que Suecia estaba en guerra contra Rusia, tras su victoria exigió como botín de guerra todo el territorio finlandes, denominándolo el Gran Ducado Finlandes. Todo lo que entonces era conocido como el norte de Finlandia, pasó de la noche a la mañana a manos suecas. Desde esos días hasta nuestros días, el idioma sueco coexiste oficialmente con el finlandes en Finlandia. Los rusos, tratando de no perder influencia en la zona, decidieron mover todo aquellos que tenía algún interés para Suecia hasta Helsinki, ciudad que aún controlaban. De este modo, hasta allí se desplazaron los poderes políticos, la única universidad de Finlandia y todo el capital que tenían las arcas del gobierno. Helsinki acababa de ser elevada a los altares del panorama internacional por un asunto de ego entre reyes. Estos cambios consolidaron a la ciudad en un rol completamente nuevo, y durante las siguientes décadas se vio un crecimiento y desarrollo sin precedentes en Helsinki, creando los requisitos para el nacimiento de una ciudad capital de clase mundial en el siglo XX.
Como era de esperar, un país tan tensionado por los intereses internos y exteriores, pronto comenzó a ser un polvorín que desevocaría en la guerra civil finlandesa. Comunistas y nacionalistas, rojos y blancos, apoyados por Rusia y apoyados por los alemanes, se estuvieron despedazando durante 3 meses, hasta que las tensiones internas que Rusia sufría (que terminarían con la revolución bolchevique de 1917), hicieron que los rusos, que habían instigado el inicio de la guerra, la abandonasen prematuramente dejando a su riesgo y suerte a aquellos a los que habían prometido ayuda. Aunque la guerra civil dejó una considerable marca en la sociedad, la calidad de vida en el país y en la ciudad comenzó a incrementarse durante la década siguiente. Arquitectos de renombre, como Eliel Saarinen crearon planes utópicos para la ciudad, pero nunca fueron realizados en su totalidad. Durante la II Guerra Mundial, en los años 40, Helsinki fue de nuevo lugar de paso para todo aquél que tuviese ganas de pelea en el Norte de Europa. Primero fueron atacados por los Rusos (una vez más), a los que lograron derrotar con ayuda alemana. A partir de entonces, Alemania pidió “muy convincentemente” la participación en la guerra junto a Alemania, contra Rusia. Ello, evidentemente, mosqueó notablemente a los rusos, los cuales, en 1944, intentaron ajustar cuentas (actuales y pasadas) arrasando la ciudad a base de bombardeos. Más de 1.000 bombarderos y 16.000 cañones machacaron la ciudad día y noche durante toda la primavera de 1944, con escaso éxito. Finalmente, el final de la guerra, la ciudad quedó en manos independientes, pero bajo la seria advertencia de Rusia sobre aquellos apoyos internacionales que se atreviesen a dar.
Fotografía Daniel Cheong.
Quizás porque nunca llegó a sufrir grandes daños durante la guerra o porque los finlandeses se decidieron a no perder nunca su hegemonía soberana, lo cierto es que helsinki simpre ha sido una ciudad tremendamente bella. De todo lo que hay que ver, sin duda, destacaría el hacer una visita a su puerto. El puerto suele tener un mercadillo en el que se encontrarán desde frutas autensilios artesanales típicos finlandeses. Una de las más interesantes experiencias consiste en sentarse en alguna de las múltiples terracitas que existen y ver atardecer allí. Por un lado se podrá presenciar todo el tráfico marítimo, siendo una auténtico deleite para los amantes de los barcos. Por otro lado, es muy recomendable fotografiar las luces de los puestos (bastante vistosas) a medida que se van encendiendo cuando la noche cae (si estás en invierno, claro. En verano, la noche no cae hasta las 3 a.m. y a esa hora, todas las terrazas están ya cerradas). Y por otro lado es muy buena idea, irse al lado opuesto del puerto para fotografiarlo en toda su extensión. desde las rocas, hay numeroso puntos de apoyo para sacar excelentes fotografías y es muy posible aprovechar, si es verano, la reflectancia del horizonte, donde nunca llega a ponerse el sol completamente, para sacar fotografías bastante luminosas. En todo caso, el trípode es imprescindible para estas tomas.
Finlandia bien merece ser considerada como una de las zonas más remotas y desoladas del planeta, pero para aquél que adore viajar, nos tiene reservadas varias fotografías espectaculares.


