Millones de historias, relatos, películas, fotografías, conmemoraciones, libros y homenajes ha vivido este centro de detención y extermino de la II Guerra Mundial, casi tantos como prisioneros murieron allí durante el periodo de guerra. La visita al campo de exterminio de Auschwitz garantiza al fotógrafo un paseo a través del sobrecogimiento y un torbellino de sensaciones que, sin duda alguna, bien merecen sentirse … al menos una vez en la vida.

Barracas de prisioneros. Fotos de Daniel Klein
Construido a partir de 1940 a 60 km de la ciudad de Cracovia, este antiguo cuartel del ejército polaco fue ocupado por las tropas alemanas como centro de detención para la ingente cantidad de prisioneros que lograron hacer en sus primeros meses como dominadores de una Polonia ocupada. Todos los pueblos de alrededor fueron evacuados para proporcionar casas a los 6.500 soldados y oficiales del campo y se usó a la población, junto con los prisioneros que llegaban, en la construcción de este complejo de campos. Auschwitz en realidad constaba de tres sub-campos bien diferenciados: Auschwitz I (el antiguo cuartel polaco), Birkenau (la parte más grande a 1,5 km) y Auschwitz-Monowitz, donde se comenzó a construir una enorme fábrica de productos químicos que siguió funcionando muchos años después de la guerra. Durante el tiempo en el que estuvo operativo, más de 1.5 millones de prisioneros fueron exterminados en sus cuatro cámaras de gas masivas e incinerados en otros tantos hornos crematorios. Sin duda, una historia espeluznante. Las construcciones eran de piedra (Auschwitz y parte de Birkenau) y, mayoritariamente de madera (Birkenau), por lo que gran parte de las mismas quedaron destruidas tras el final de la guerra (el resto fue destruido a proósito debido a la precariedad con la que se habían construido). Lo que hoy puede verse en su versión de madera, está totalmente reconstruido.
El campo fue liberado el 27 de enero de 1945, y las tropas rusas que llegaron tan sólo encontraron a 7.600 prisioneros (el resto habían sido ejecutados o trasladados a otros campos en el interior de Alemania). Antes de ello, grandes símbolos del horror de ese campo fueron destruidos por las tropas alemanas (todas las cámaras de gas, todos los hornos crematorios, el muro del horror, etc …) por lo que aquello que es hoy visible, son reconstrucciones fidedignas de lo que hubo en su momento.

Fotos de Daniel Klein
De cara al fotógrafo, Auschwitz proporciona una experiencia inigualable para explotar su creatividad y buscar composiciones o enfoques de mil maneras y con mil formas. Se podrá explotar la emotividad replicando escenas que llevemos en nuestra cabeza de películas como la lista de Schindler, bokeh’s, buscar iluminaciones curiosas o jugar con los numerosos elementos que darán gran juego a las fotos que saquemos.
Se recomienda comenzar la visita por Auscwitz I, el campo principal, donde estaban la mayor parte de los edificios administrativos y donde actuaban los comandantes del campo. Ahí, bien merece la pena tomarse un tiempo para sacar fotografías a la puerta de entrada (con la tristemente famosa inscripción de “Arbeit Macht Frei”) y buscar los contrastes desde la parte inferior derecha contra el cielo o contra los edificios del fondo. Tras esta verja, se encuentra la casamata de vigilancia de la puerta de entrada, por lo que merece la pena planificar una buena fotografía desde ese lado. Posteriormente, se podrán visitar los pabellones donde se realizaban los experimentos médicos y ver aquellas exposiciones dedicadas a las nacionalidades de cada uno de los países que tuvieron prisioneros allí. Es especialmente emotivo el pabellón 21, donde se realizaron gran parte de las ejecuciones de prisioneros sentenciados a muerte o ejecutados como castigo. Posteriormente, grandes fotografías esperarán cuando se visite la parte exterior del complejo, pudiendo ver en pocos metros la horca en la que fue ejecutado el antiguo comandante del campo, Rudolf Höss, así como la reconstrucción de la cámara de gas y los hornos crematorios (Krematorium I). En ese sentido, un gran truco consiste en visitar el emplazamiento a las 15h, donde hay escasos visitantes y se podrán obtener fotografías sin apenas gente que empobrezca la foto (el resto del tiempo, es un lugar algo masificado). Del mismo modo, un buen día nublado porporcionará ese ambiente triste que sin duda ayuda en los efectos conseguidos para las fotos. Finalmente, es aconsejable detnerse en sacar fotografías de los numerosos carteles e inscripciones que hay por todo el complejo, los cuales proporcionan muy buenas capturas (especialmente los que alertaban sobre la verja electrificada). La visita a todo este complejo dura aproximadamente 2,5h, por lo que, es recomendable empaparse de historia durante la misma y, posteriormente, visitar el complejo por uno mismo, pudiendo hacer las fotos tranquilamente.
Varias de las fotos más agradecidas de la visita serán las que se pueden sacar de las alambradas en mil y una combinaciones (especialmente intentando hacer bokehs) o, de las verjas que rodean a los complejos. Un aspecto que también generarán muy buenas fotografías es poder sacar composiciones del lugar junto con las numerosas ofrendas, flores, amuletos, fotografías y demás recuerdos que los visitantes o familiares de antiguos prisioneros han ido dejando a lo largo de todo este tiempo. Sin duda, es una auténtica maravilla de cara a obtener excelentes fotografías.
(Continuará …)