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Alemania / Berlín / Museo Judio
Feb 5th
Berlín, siempre ha sido una ciudad atípica. Cuna de las mayores libertades, los cambios más convulsos y los mayores crímenes visto hasta la fecha. A una ciudad joven, de izquierdas, bohemia y loca, se le han visto gigantescas manifestaciones ultraderechistas, atentados contra la cultura nunca antes vistos (la famosa “quema de libros”) o la instauración de la residencia de los mayores dictadores de la era moderna. Así es Berlín.
Quizás dentro de esa historia moderna, el hecho que más destaque sea el nazismo y su persecución fratricida contra los judíos durante más de dos décadas. En ese sentido, Berlín ha sabido demostrar que tiene memoria y, sobre todo, capacidad de regeneración. Si fue cuna de las más graves persecuciones contra los judios, también es sede del más majestuoso museo sobre el judaísmo que exista fuera de Israel.
El museo judío, fue inaugurado en 1999 como homenaje a la historia del pueblo judío en los últimos 2.000 años. Su cultura, su historia y todo tipo de objetos son protagonistas de la muestra, por lo que aquél que lo visite, debería esperar encontrar objetos de la vida cotidiana de los judíos, tales como cuadros y utensilios de uso común. Pero quedarse ahí sería rascar la superficio de una visita que puede llegar a ser apasionante. El propio edificio que contiene la exposición permanente es una autentica gozada. Daniel Libeskind, su arquitecto, ideó un coloso con fachadas metálicas, ventanas con caprichosas formas y orientaciones, y la planta con forma de rayo. La idea principal que transmite el edificio es el vacío que han dejado los judíos berlineses desaparecidos durante el Holocausto nazi, destacando la Torre del Holocausto y el Jardín del Exilio.

Fotografía Daniel Uriol.
Todos los detalles del edificio son una constante metáfora. La planta del edificio parte de una línea picuda con forma de rayo. Esta línea quebrada podía haber sido continuada en cualquier dirección porque parece no terminar y representa el enorme deambular del pueblo judío por la historia. Sin embargo, no es la única: existe otra línea recta oculta en la planta del museo que atraviesa todo el edificio y desde la cual se articula el “rayo”. La forma de picuda que tiene la planta hace que esta línea recta esté interrumpida a trozos. Estas dos son las bases fundamentales del diseño. La entrada principal al Museo estaba originariamente en una pequeña torre situada junto al edificio antiguo del Museo de Berlín pero al final, esa construcción se integró en el interior del inmueble antiguo. En un plano de situación, Libeskind relacionó el Museo Judío con el edificio del Sindicato del Metal, diseñado por Mendelsohn, colocándolos dentro de una estrella judía (llamada Estrella de David) alargada que se extiende desde el Muro de Berlín hasta el canal de la ciudad.
En algunos planos del edificio pone de fondo palabras y pentagramas. Dichas palabras son, en ocasiones, un poema donde está repetida la palabra “espíritu”, y otras veces coloca una lista de personas desaparecidas en el Holocausto cuyos apellidos empiezan en “Berlín”. En cuanto a los pentagramas, corresponden a la partitura de la ópera “Moisés y Aarón”, escrita por el compositor Arnold Schönberg. Esta obra musical no está finalizada y su última parte está en silencio. La ausencia del sonido refleja una base del proyecto.
Los raros ángulos que forma el edificio hacen que los pasos interiores sean oblicuos respecto a las salas que comunican, de manera que la percepción que generan al visitante se hace complicada. Las ventanas de las paredes tienen todas direcciones y forman escenas caóticas al no seguir ningún orden visible. A consecuencia de ello, la luz natural penetra en el interior solo cuando los diseños exteriores e interiores de las ventanas coinciden, lo cual no siempre pasa. Realmente, de los 1005 huecos de fachada, solo cinco coinciden completamente.
Fotografía Daniel Uriol.
Posiblemente una de las obras más impactantes que se pueden visitar es una enorme explanada cubierta completamente de rostros de metal. El autor, invita a los visitantes a pasear por esa pradera de caras y sentir la sensación de dar pasos pisando la cara de personas. Una experiencia sobrecogedora.
En lo referente a la fotografía, es posible sacar todas aquellas imágenes que se desee en el interior, así como tomarse el tiempo que haga falta en hacerlo. El interior del museo es una colección de personas curiosas, reflexivas o visitantes frecuentes que se dejan caer para percibir nuevos detalles en esa visita.
En ese sentido, una buena sesión de fotos es altamente recomendable.
Más información sobre el Museo Judío:
Dirección: Lindenstraße 9-14, 10969, Berlin
Web: http://www.jmberlin.de/index.php
Nota: El museo está cerrado durante las fiestas judías de Rosh Hashaná (19-20/9/2009), Iom Kipur (28/9/2009) y en Navidad (24/12/2009).
Polonia / Cracovia / Oskar Schindler Tour – Plazsow (y III)
Jan 22nd
Posiblemente, en el film de Spielberg “La lista de Schindler”, el papel de Amon Goeth tiene tanta relevancia (como poco) como la del propio Oskar Schindler. Amon goeth fue posiblemente uno de los comandantes de campos de concentración más terribles de todos los que las SS utilizaron en la II Guerra Mundial. Rozando el desequilibrio mental en muchos de sus actos, la realidad nos presenta a un hombre que gestionaba sus campos como si fuesen sus pequeños reinos y donde su palabra era ley (tuviese o no sentido).
Amon Leopold Goeth (o Göth, como se quiera escribirlo), nace en Viena 1908 en el seno de una familia tremendamente nacionalista. A la edad de 17 años se afilia simultaneamente a varios grupos nacionalistas paramilitares austriacos y con sólo 22 años, lo hace en las SS austriacas. En una país convulsionado por la violencia que generaban las SS para fomentar el caos y la necesidad de su llegada al poder para poner orden, Goeth es responsable directo de varios atentados con bomba, lo que le obliga a exiliarse en Alemania por un tiempo. Hombre pulcro y de férreas convicciones nacionalsocialistas, pronto adopta como credo personal las más extremistas ideas raciales. En 1940 es enviado a Polonia para participar en las tareas de control y sometimiento del país, y allí es responsable de de varias redadas contra el pueblo judío así como diversas acciones de expolio de posesiones. Es a partir de 1942 cuando intensifica estas actividades, tras su ingreso en el grupo de las SS “Aktion Reinhard“.
Tan eficiente cumplió estas tareas, que en 1943 se le ordena la construcción y gestión del campo de trabajo de Plaszow, destinado a los trabajos forzados y a la preselección para conducir prisioneros a los campos de exterminio de Auschwitz, Treblinka y Sobibor. Este campo, fue construido sobre los restos de dos cementerios judíos sobre los que Goeth deliberadamente ordenó construir las letrinas.
El campo de trabajo de Plaszow en una imagen de su época de máximo esplendor.
A partir de su nombramiento, dio pie a la forma más esquizofrénica de terror, tiranía y sadismo de gestionar a los presos que tenía bajo su yugo. Ciertos son los relatos que cuentan como gustaba de pasar las mañanas en el balcón de su villa, disparando con un rifle de precisión a aquellos prisioneros que no trabajaban con suficiente rapidez. Asimismo, mandaba ejecutar a sus familiares (cuando no lo hacía él personalmente) bajo el argumento de que no quería “gente insatisfecha” en su campo de concentración.
Fotograma de la Película “La Lista de Schindler”.
Adicionalmente, ordenaba diariamente el la lista de ejecuciones y trataba por todos los medios de estar presente en todas las ejecuciones o castigos a prisioneros. Como curiosidad hay que mencionar que fue responsable de la norma que dictaba que los propios judíos debían pagar el coste que iba a suponer su propia ejecución. Poco a poco, fue ganándose su apodo de “Verdugo de Plaszow”.
Tan sólo 7 meses después de haber abierto el campo de concentración, se dió la orden de clausurarlo ya que, por un lado se decidió concentrar a la mayor parte de prisioneros en campos grandes y, por otro, se dió la orden de exterminar a la mayor parte de población judía posible. Durante el periodo de tiempo en el que el campo estuvo abierto, Goeth fue responsable directo o indirecto de la muerte de 8.000 prisioneros, consiguiendo una de las tasas de mortandad más altas de todos los campos alemanes. Finalizada esta tarea, fue el responsable de la evacuación del guetto de Tamów y del campo de trabajo de Szebine. Todos los judíos supervivientes de estos lugares, acabaron en Auschwitz. Fue también en este periodo en el que entró en contacto con Oskar Schindler, con quien mantuvo amistad, noches de alcohol y mujeres y de quien se enriqueció profusamente: primero por los sobornos que Schindler le pagaba para dejarle tener a sus obreros permanentemente en su fábrica y, posteriormente comprándole la vida de dichos trabajadores. Este tipo de trapicheos (que no sólo hacía con Schindler) le llevaron a ser detenido por las SS en 1944 lo que provocó que fuese enviado a un batallón de castigo sanitario de las SS en Bad Tolz (Alemania), donde sería diagnosticado por psiquiatras de enfermedad mental y diabetes.
Las tropas aliadas tenían perfecto conocimiento de las actividades de Goeth, por lo que, tras su arresto en enero de 1945, lo enviaron inmediatamente a Polonia para ser juzgado. El juicio duró desde agosto a septiembre de 1946 y Goeth se mostró impasible ante los cargos que se le formulaban, aduciendo haber recibido órdenes de sus superiores. Se le acusó de la muerte directa de unos 10.000 judíos polacos. Goeth fue condenado a morir en la horca y ejecutado en las mismas instalaciones de Plaszow. Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas tiradas a un río. Terminaba así la vida de un cruel bárbaro de tan sólo 37 años de edad, del que pocas cosas buenas se pueden decir y que siempre se mostró orgulloso de su barbarie, la cual justificaba en aras de una necesidad mayor: la eliminación de la raza judía.
Amon Goeth en el momento de ser trasladado a Polonia.
Con respecto al campo, cuando los alemanes vieron ya inevitable la llegada de las tropas soviéticas ordenaron destruir todas las instalaciones del campo, motivo por el cual, no queda ya nada que pueda ser visitado (exceptuando algunos restos escasos de las vallas electrificadas exteriores). Todo lo que allí había existido, fue eliminado dejando simplemente una explanada de prado verde. Los cuerpos que habían sido enterrados en fosas masivas, fueron exhumados, quemados y sus restos triturados y lanzados por ríos. Nada quedaba del campo, excepto el recuerdo.
No mucho más de eso, se podrá encontrar hoy en día al visitante que se adentre en los márgenes que anteriormente tenía el campo. Quizás, lo más significativo sea el monumento que existe en lo alto de una colina en el que hay una monolítica escultura que simboliza a varios prisioneros.

Fotografía © Daniel Uriol.
Sin duda alguna, un lugar al que merece la pena ir habiéndose documentado previamente y descubrir los detalles que esconde.
Polonia / Cracovia / Oskar Schindler Tour (II)
Jan 18th
(… continuación)
Visitar Cracovia y su barrio judío es lanzarse a la búsqueda de los escenarios y las historias que Steven Spielberg utilizó para su gran película Schindler’s List, en la que cuenta la vida del empresario Oskar Schindler y cómo este salvó a 1.300 judíos durante la II Guerra Mundial.
Para comenzar con el tour de Oskar Schindler, sin duda alguna hay que irse al barrio de Kazimierz, primer barrio judio que hubo en Cracovia y escenario principal utilizado por Spielberg para la mayor parte de sus escenas . Fue este barrio el que protagoniza las escenas del Guetto judio, aunque en realidad, el guetto no estaba en esa zona. El motivo es que la zona que contenía el Guetto (situado en Podgórze) ha sufrido muchos cambios y, ahora mismo, es un moderno barrio residencial, mientras que el pequeño barrio de Kazimierz aún mantiene casas de la época casi intactas. Ello, llevó a Spielberg a optar por esa localización en vez de dirigirse al propio Guetto para filmar. Kazimierz recibe su nombre del rey polaco Casimiro el Grande que la fundó en 1335 como un pueblo independiente de la cercana Cracovia. De hecho, en aquella época se encontraba en una isla en el medio del Vístula. Siglos más tarde, el cauce norte del río se secó y Kazimierz quedó físicamente anexionada al margen norte del río, justo al pie de la fortaleza real de Wavel, lo que con el paso del tiempo llevó inevitablemente a su anexión política y administrativa a la que era entonces el centro de la república lituano-polaca. Desde entonces, se decidió confinar a los judios en esa zona, proporcionándoles espacio para poder construir sus templos y sus lugares de reunión.
Fotografía © Daniel Uriol.
Tras la concesión de esos terrenos la mayor parte de los judios de la ciudad fueron a dicho emplazamiento, teniendo en la misma plaza la sinagoga principal, escuelas religiosas, restaurantes kosher y el cementerio donde honrar a sus antepasados. Fue en esas casas en las que la comunidad judía comenzó a desarrollarse y a donde se mudaron familias de gran renombre. Sin ir más lejos, aún se puede ver la casa en la que nació y vivió Helena Rubinstein, posteriormente fundadora de la casa de cosméticos del mismo nombre.
En dicha plaza, se podrá ver también un antiguo cementerio judío (cuya verja aparece en varias escenas) y la entrada al nuevo cementerio judío. Durante la invasión alemana, las tropas de las SS ordenaron a los judíos de Cracovia exhumar los cadáveres de sus antepasados y construir parte de los muros colindantes con las lápidas que había en dicho cementerio. Hoy en día, aún pueden observarse parte de dichas lápidas en esos muros.
Cerca de ahí, en el número 25-29 de la calle Lwowska y el número 62 de la calle Limanowskiego –detrás de la escuela– hay restos originales del muro del gueto. Este tenían las formas superiores semiabovedadas. Dice la historia que las tropas de las SS mandaron construir los muros con esas formas debido a que se trataban una réplica de la parte superior que caracteriza a las tumbas hebreas, en claro mensaje a los judios de que el Guetto había sido construido para ser su propia tumba.
Spielberg también utilizó como escenario de su película un patio típico del gueto situado en el número 12 de la calle Jozefa. Aunque no es el gueto alemán, sino que es el gueto judío, le pareció más adecuado. En este callejón se rodó la escena de una madre y un hijo escondiéndose detrás de unas escaleras mientras los nazis registran las casas y también del desalojo de los judios de la zona, en la que se ve cómo soldados alemanes tiran sus pertenencias a la calle.
Fotograma de la película Schindler’s list, rodada en la calle Jozefa 12.
Fotografía actual, © Daniel Uriol.
Lo que quizás tenga bastante más interés es visitar la propia fábrica de Schinler en la que tuvieron gran parte de los acontecimientos que narra la película. Está ubicada en la calle Lipowa, dentro del gueto alemán, al otro lado del río Vístula. Los judíos vivieron en esta zona de la ciudad después de ser expulsados de Kazimierz en marzo de 1941. En esa fecha, una ordenanza de las SS le obligó a cruzar los puentes cargados con todas sus pertenencias, como también se muestra en la película, e internarse en el Guetto para vivir allí. La fábrica de Oskar Schindler estab situada en las afurzas del Guetto, a escasos metros de él para que los trabajadores pudiesen ir directamente a trabajar cada día.
La entrada de la fábrica ha sido reconstruida en parte, pero sigue manteniendo su estructura inicial. Hasta hace dos años, era posible visitarla tal y como había quedado desde que Schindler la abandonase, a excepción del cartel central, que fue reemplazado del titulo original de “Deutsche Emailwarenfabrik” a “Fabryka Oskara Schindlera – Emalia” (fábrica de Esmaltes de Oscar Schindler – en polaco-). Hoy en día este cartel también ha sido retirado y la fachada está limpia y recién pintada.
Fotograma de la película Schindler’s list, rodada en la calle Lipowa.

Fotografía actual, © Daniel Uriol.
Entre las visitas que se pueden hacer actualmente, sólo es posible visitar una muy pequeña parte de la fábrica, subiendo las escaleras donde se encontraba el despacho de Schindler. Se muestra un documental sobre la historia del gueto y se recoge la historia de los trabajadores de la fábrica. Se está rehabilitando la fábrica para que pueda albergar más exposiciones y un museo permanente a partir de septiembre de 2010.
Otro lugar que es imprescindible visitar en este recorrido es la plaza de los Héroes del Gueto. Esta se encuentra cruzando el río Vistula y se sitúa en lo que era la antigua entrada al Guetto. Ahí se pueden ver, numerosas estatuas de sillas, simbolizando a los judíos muertos en la ciudad y recuerda a todos aquellos judíos que cargaron con sus muebles, su ropa, sus objetos personales… hacia el gueto. . Se puede apreciar una curiosidad en relación a cómo están dispuestas las sillas. La mayor parte de ellas tienen orientación Sur, excepto algunas de ellas que apuntan a otros lugares distintos. Esto es así debido a que indican lugares concretos donde hubo grandes fusilamientos de judíos en el periodo en el que la ciudad fue ocupada por los alemanes.
Fotografía actual, © Daniel Uriol.
También en esta misma plaza está la farmacia del gueto, donde un doctor no judío, Pankiewicz, arriesgó su vida por asistir a un pueblo moribundo dándoles medicinas gratuitas y montando una consulta de médicos clandestina en su trastienda.
La última parada que nos espera es la de la visita al campo de concentración de Plaszow. Dicho campo fue desmantelado en su totalidad y hoy en día sólo quedan tres elementos que recuerdan lo que allí sucedió.
Pero todo esto, lo contaremos en el tercer capítulo del tour Schindler.
Polonia / Cracovia / Oskar Schindler Tour (I)
Jan 17th
Mucho se ha ecrito sobre Oskar Schindler. Salvador de judios y alma bondadosa, por un lado, miembro del partido nazi, mujeriego, especulador y estafador por otro. Seguir de cerca su historia nos transporta a la incoherencia de un ser que escasamente fue capaz de llevar una vida de manera ordenada y que dejó argumentos suficientes a sus defensores y detractores para debatir eternamente sobre su figura. Por consiguiente, en Oscar Schindler cualquiera podrá encontrar la historia que le interese encontrar … sea cual sea.
Oscar Schindler nació en 1908 en Svitavy, ciudad perteneciente al imperio Austrohúngaro, anexionada a los sudetes de Moravia y en el seno de una familia étnicamente alemana. Allí, su vida transcurrió sin mayor pena ni gloria: trabajando como comercial y emprendedor de poco éxito, sucediendo un trabajo tras otro y sobresaltado por el divorcio de sus padres en 1935. De esa época, poco hay que destacar sobre su vida, a excepción de su coqueteo con la inteligencia militar alemana, lo cual le llevó a ser encarcelado unos meses por Checoslovaquia en 1938. Tras su liberación, con Checoslovaquia ya en manos de Alemania, se afilió al partido Nazi Alemán y desde esa posición, intentó entrar en contacto con las cúpulas de poder.
Con el inicio de la II Guerra Mundial y la invasión de Polonia, Schindler vió una oportunidad inmejorable para hacer negocios, motivo por el que hizo sus maletas y se trasladó al país recientemente conquistado. Una vez en la zona, se financió a traves de la extorsión a la comunidad judía y, gracias a ello, se hizo con el control de una empresa de esmaltes quebrada de Cracovia a la que rebautizó como Deutsche Emaillewaren-Fabrik o DEF. Con esa tarjeta de presentación, comenzó a colarse en todos los acontecimientos de las SS de los que tuvo conocimiento tratando de fomentar su cercanía a las cúpulas de poder alemán y consiguiendo de este modo que le cediesen trabajadores judíos para su fábrica (eran mucho más baratos y el pago se le hacía a las SS directamente, devolviendo el favor).
Oskar Schindler en una cena con oficiales del ejército alemán.
A partir de ese momento su riqueza fue elevándose cada vez más. Los pedidos llegaban masivamente y el coste de los trabajadores era cada vez más barato. Aunque la guerra no iba especialmente bien, logró mantener la DEF fuera de cualquier problema relacionado con la falta de trabajadores o pedidos. Al mismo tiempo, comenzó a aceptar peticiones especiales para contratar a personas judías concretas (a los que él mismo etiquetaba como ‘trabajadores esenciales’) que deseaban refugiarse en la seguridad de la DEF, buscando una carga de trabajo aceptable, comida y calor en invierno. En 1943, las SS dictaminaron que todos los trabajadores judíos debían dejar el guetto judío para ser internados en el campo de concentración de Plazow (a escasos 500 metros del exterior del guetto) utilizándose comandos especiales de las SS en ello y provocando una gran matanza entre la comunidad judía de Cracovia. Visualizar esta masacre consternó enormemente a Schindler y bien podría ser ese el momento en el que decidió salvar a unos Schindlerjuden (o ‘judios de Schindler’, como eran llamados) a los que ya trataba magníficamente. Comenzó a tener trato con Amon Goeth, el comendante del campo de concentración donde se encontraban sus judíos y a la postre, uno de los comandantes más sanguinarios y sádicos de todos los que hubo en la guerra. A base de sobornos y numerosos encuentros etílicos, logró su autorización para trasladar permanentemente a sus judios a la fábrica de la DEF, trasladar a varios soldados de las SS a la fábrica y convertirla, eventualmente, en un mini-campo de concentración en el que Schindler era el amo y señor absoluto y donde estaba terminantemente prohibido cualquier maltrato a los judíos. A partir de ese momento, la situación comenzó a degenerar cada vez más. Atraído por el dinero que había logrado con Schindler, Goeth comenzó a apropiarse de las posesiones judías en vez de remitirlas a la oficina económica del Reich, lo cual le convirtió en un ser sobornable y corrupto. Por su parte, la benevolencia en el trato a los judíos que Schindler ordenó, desencadenó un descenso drástico de la cantidad y, sobre todo la calidad de los materiales producidos por la DEF, por lo que Schindler comenzó decidió traficar en el mercado negro para lograr ingresos extras. Esto, provocó su detención en varias ocasiones y, aunque siempre logró evadir acusaciones graves, deterioró definitivamente sus antaño amistosas relaciones con las SS.
Restos de la antigua residencia de Amon Goeth. Fotografía © Daniel Uriol.
Con el ejército soviético amenazando seriamente las líneas alemanas, las SS decidieron desmantelar los campos de concentración de Polonia, momento que Schindler aprovechó para tomar decisiones drásticas en su vida: decidió mudarse a la ciudad de Brněnec (en su checoslovaquia natal), comprar una fábrica allí, cambiar su actividad a la producción de munición para artillería y sobornar de nuevo a Goeth para que le dejase trasladar a ‘sus’ judios sin hacer demasiadas preguntas. En Brněnec, la actividad de la nueva fábrica fracasó estrepitosamente y la falta de especialización de sus trabajadores hizo que casi toda la producción fuese defectuosa (algo que erroneamente se ha querido mitificar como una orden expresa de Schindler).
Finalizada la guerra, su situación era crítica: había dilapidado furtuna inmensa en sobornos, fiestas, mujeres, lujos absurdos y operaciones fallidas en el mercado negro. El resto del dinero lo había empleado en comprar enseres para mejorar la calidad de vida de sus judios. Pero una vez no hubo más guerra de la que lucrarse y no disponiendo de dinero o respaldo, Oskar Schindler volvió a ser lo que siempre había sido: un pésimo hombre de negocios con con una caótica forma de gestionar sus negocios. En 1948, tras ser acusado de pertenencia al partido Nazi, de aprovechamiento de la esclavitud y de colaboración con las SS, emigró a Argentina con la intención de evadir la justicia y lanzar varios negocios junto a antiguos nazis que estaban allí exiliados. De nuevo fracasó en todos ellos. En 1955 le fue comunicada la petición del gobierno de Israel para que fuesen sobreseidas todas las causas pendientes contra él, en reconocimiento por su ayuda al pueblo judío. Adicionalmente, recibió una gran suma de dinero por parte del Congreso Judío con la que montó un negocio de cría de nutrias. De nuevo, despilfarró todo el dinero y el negocio quebró. 3 años después regresaba a Alemania totalmente arruinado, abandonado por su mujer (la cual le dejó harta de décadas de infidelidades y de malos tratos) y trasladándose a Frankfurt am Main donde nuevamente fue incapaz de lanzar ni un sólo negocio que funcionase escasos meses. Allí fue localizado por varias asociaciones judías que, en 1967, le invitaron a Israel a conocer a los descendientes de los Schindlerjuden, se le declaró ‘Justo enre las Naciones’, le invitaron a plantar un árbol en la Avenida de los Justos e intentaron ayudarle económicamente para crear una nueva fábrica, esta vez de cemento. Este proyecto fracasó una vez más y en 1961 tuvo que cerrarlo, desesperando a sus inversores judios y dinamitando definitivamente cualquier posibilidad de obtener financiación en un futuro. A partir de ahí, su vida deambuló entre la pobreza extrema (sobrevivía malamente con una pensión que le dió el Gobierno de Israel y de la beneficiencia de Alemania), los problemas de salud (era un fumador y bebedor compulsivo) y rodeado de los escasos amigos que le quedaban, que asistieron a su muerte en 1974 debido a problemas hepáticos causados por el alcohol. Terminaba así la vida de una persona que fue normal en tiempos anormales y no pudo eviatr ser anormal en tiempos comunes.
Pese a todo ello, en la memoria del pueblo judío quedaba el acto de compasión de este hombre para con su pueblo y, debido a ello, posibilitaron que fuese enterrado en el cementerio católico franciscano del monte Sión, en Jerusalem, siendo el único miembro del partido nazi que ha sido enterrado allí.
Si alguien visita la hermosa ciudad de Cracovia, bien le merecerá la pena tomarse una tarde libre y contratar algún tour turístico (son tremendamente económicos y los hay desde los más lujosos -con guía y furgoneta de transporte- hasta los baratísimos -se hacen en bicicleta-) para recorrer los sitios donde vivió y trabajó.
Todo dará comienzo en el barrio de Kazimierz, la zona judía más antigua de Cracovia y comienzo del relato de su historia así como de los escenarios que Steven Spielberg utilizó en su magnífica obra Schindler’s List.
(Continuará…)
Polonia / Oświęcim-Brzezinka / Auschwitz (y II)
Dec 13th
(… Continuación)
Tras haber visto en detalle todo lo referente a Auschwitz I, se puede tomar un pequeño autobús que nos llevará a Birkenau (el segundo sub-campo y la parte más grande de todo el complejo). Es sencillo tomar dicho transporte, puesto que hay uno de ida y vuelta cada 15 minutos. Era en esta segunda zona donde se encontraban la mayor parte de los reclusos (hasta 15.000 personas llegaron a estar en un momento dado). También es este el lugar en el que el fotógrafo encontrará una excelente oportunidad de hacer composiones con la puerta de entrada al complejo (tan bien tratada por Spielberg en su film) y junto a las vías, las cuales guiaban a los trenes que llevaban a los prisioneros a los tres andenes de tierra existentes. Triste historia si uno piensa en las miles de personas que allí estuvieron y en el final que les esperaba.
Puerta de entrada a Auschwitz 1. Fotografía © Daniel Uriol.
Birkenau estaba organizada en tres áreas bien diferenciadas. Según se entraba por la puerta principal, la que está a la izquierda correspondía a las barracas de piedra, en las que eran internados los prisioneros cuya estancia se esperaba que fuese más prolongada (la vida media de una persona en Auschwitz era de menos de 3 meses). Estas eran, por tanto, personas cuyo valor era importante para sus captores (por tratarse de especialistas, gente con buena salud para poder trabajar en tareas físicas o médicos). En la parte derecha se encuentran restos de las barracas de madera, posiblemente las más famosas de todas las que hay en Auschwitz y de las que menos queda. El tiempo por un lado y su precaria construcción por otro, las fueron destruyendo poco a poco. Por ello, lo que el visitante encontrará son reconstrucciones exactas de lo que en su día hubo. Es muy recomendable subir a la torre de control y poder hacer fotografías desde la altura a ambas secciones. Dichas fotografias quedarán estupendamente si se sacan junto con las vías de tren o abarcando toda la extensión del complejo (verdaderamente enorme). Por otro lado, uno de los inconvenientes que el fotografo encontrará es el poder hacer fuenas fotografías sin que estas salgan llenas de turistas, lo cual sin duda, no ayuda.
En la zona de las barracas de madera, existen 10 aproximadamente que hacían las veces de dormitorios y otras 2 más, donde se aprecian los antiguos urinarios y lavaderos. Ahí, se podrá encontrar lo más cercano a todos los testimonios, fotografías y documentales que se ha visto de Auschwitz: casamatas de madera, totalmente carcomidas por el frio de los inviernos, camas minúsculas donde llegaban a dormir hasta 10 personas al mismo tiempo y estufas mínimas que trataban de engañar las conciencias aportando algo de humanidad a todo ese infierno. A partir de ahí, los visitantes podrán ir pasenando a traés del complejo, el cual tiene todas sus dependencias abiertas y dispuestas para todas aquellas inspecciones que se desee hacer. También este será el final de la visita oficial.
Fotografía © Daniel Uriol.
Pero no todo termina ahí. Si se dispone del tiempo necesario, bien merece la pena proseguir una visita por cuenta propia hacia el fondo del campo (el tercer área). Allí, se encuentran los restos de las cámaras de gas de Birkenau (tenía dos cámaras) y otros dos hornos crematorios (Kremmatorium III y IV). Todo ello, fue destruido hacia el final de la guerra y así ha sido conservado. Detrás puede encontrarse el rio donde se esparcían las cenizas de los prisioneros que habían sido cremados en los hornos.
Un poco más al fondo se encuentra lo que para mi gusto fue la verdadera sorpresa de toda la visita: la zona de recepción de prisioneros. En esta zona se encuentran las áreas designadas para cortar el pelo a los recien llegados, las duchas de desinfección, y el área donde los visitantes encontrarán un enorme complejo en el que se clasificaban las pertenencias de los prisioneros. Casamatas donde se almacenaban joyas, objetos de valor, ropa, zapatos, etc. Todo sin apenas restos, pero esparcido por el suelo (hoy en día es tremendamente sencillo encontrar semi-enterrados, varios de estos objetos).
A partir de ahí, la cantidad de fotografías y escenas que se podrán recrear son casi ilimitadas, De nuevo las alambradas estarán presentes en todo el camino, por lo que siempre serán un elemento recurrente en nuestras fotos. Podremos a partir de ahí, acompañarlas de casamatas, torres o, incluso por el bosque cercano, donde se solía reunir a los judios recien llegados y donde se mantenían a la espera de que llegase su turno para las cámaras de gas.
En definitiva, el campo de concentración de Auschwitz es una oportunidad inigualable de llevar a cabo un fotoreportaje de grandísima calidad, con todo tipo de fotografías y técnicas, con típicos elementos que, aunque recurrentes, podrán aportarnos grandes composiciones y, si logramos prolongar nuestra visita, con excelentes posibilidades en lo referente a la luz (las fotografías de atardecer contra elementos del campo -como casamatas- son inmejorables).
Auschwitz es, por tanto, un sitio que hay que visitar sí o sí con una buena cámara y muuuucho tiempo.
Polonia / Oświęcim-Brzezinka / Auschwitz (I)
Dec 11th
Millones de historias, relatos, películas, fotografías, conmemoraciones, libros y homenajes ha vivido este centro de detención y extermino de la II Guerra Mundial, casi tantos como prisioneros murieron allí durante el periodo de guerra. La visita al campo de exterminio de Auschwitz garantiza al fotógrafo un paseo a través del sobrecogimiento y un torbellino de sensaciones que, sin duda alguna, bien merecen sentirse … al menos una vez en la vida.

Barracas de prisioneros. Fotos de Daniel Uriol
Construido a partir de 1940 a 60 km de la ciudad de Cracovia, este antiguo cuartel del ejército polaco fue ocupado por las tropas alemanas como centro de detención para la ingente cantidad de prisioneros que lograron hacer en sus primeros meses como dominadores de una Polonia ocupada. Todos los pueblos de alrededor fueron evacuados para proporcionar casas a los 6.500 soldados y oficiales del campo y se usó a la población, junto con los prisioneros que llegaban, en la construcción de este complejo de campos. Auschwitz en realidad constaba de tres sub-campos bien diferenciados: Auschwitz I (el antiguo cuartel polaco), Birkenau (la parte más grande a 1,5 km) y Auschwitz-Monowitz, donde se comenzó a construir una enorme fábrica de productos químicos que siguió funcionando muchos años después de la guerra. Durante el tiempo en el que estuvo operativo, más de 1.5 millones de prisioneros fueron exterminados en sus cuatro cámaras de gas masivas e incinerados en otros tantos hornos crematorios. Sin duda, una historia espeluznante. Las construcciones eran de piedra (Auschwitz y parte de Birkenau) y, mayoritariamente de madera (Birkenau), por lo que gran parte de las mismas quedaron destruidas tras el final de la guerra (el resto fue destruido a proósito debido a la precariedad con la que se habían construido). Lo que hoy puede verse en su versión de madera, está totalmente reconstruido.
El campo fue liberado el 27 de enero de 1945, y las tropas rusas que llegaron tan sólo encontraron a 7.600 prisioneros (el resto habían sido ejecutados o trasladados a otros campos en el interior de Alemania). Antes de ello, grandes símbolos del horror de ese campo fueron destruidos por las tropas alemanas (todas las cámaras de gas, todos los hornos crematorios, el muro del horror, etc …) por lo que aquello que es hoy visible, son reconstrucciones fidedignas de lo que hubo en su momento.

Fotos de Daniel Uriol
De cara al fotógrafo, Auschwitz proporciona una experiencia inigualable para explotar su creatividad y buscar composiciones o enfoques de mil maneras y con mil formas. Se podrá explotar la emotividad replicando escenas que llevemos en nuestra cabeza de películas como la lista de Schindler, bokeh’s, buscar iluminaciones curiosas o jugar con los numerosos elementos que darán gran juego a las fotos que saquemos.
Se recomienda comenzar la visita por Auscwitz I, el campo principal, donde estaban la mayor parte de los edificios administrativos y donde actuaban los comandantes del campo. Ahí, bien merece la pena tomarse un tiempo para sacar fotografías a la puerta de entrada (con la tristemente famosa inscripción de “Arbeit Macht Frei”) y buscar los contrastes desde la parte inferior derecha contra el cielo o contra los edificios del fondo. Tras esta verja, se encuentra la casamata de vigilancia de la puerta de entrada, por lo que merece la pena planificar una buena fotografía desde ese lado. Posteriormente, se podrán visitar los pabellones donde se realizaban los experimentos médicos y ver aquellas exposiciones dedicadas a las nacionalidades de cada uno de los países que tuvieron prisioneros allí. Es especialmente emotivo el pabellón 21, donde se realizaron gran parte de las ejecuciones de prisioneros sentenciados a muerte o ejecutados como castigo. Posteriormente, grandes fotografías esperarán cuando se visite la parte exterior del complejo, pudiendo ver en pocos metros la horca en la que fue ejecutado el antiguo comandante del campo, Rudolf Höss, así como la reconstrucción de la cámara de gas y los hornos crematorios (Krematorium I). En ese sentido, un gran truco consiste en visitar el emplazamiento a las 15h, donde hay escasos visitantes y se podrán obtener fotografías sin apenas gente que empobrezca la foto (el resto del tiempo, es un lugar algo masificado). Del mismo modo, un buen día nublado porporcionará ese ambiente triste que sin duda ayuda en los efectos conseguidos para las fotos. Finalmente, es aconsejable detnerse en sacar fotografías de los numerosos carteles e inscripciones que hay por todo el complejo, los cuales proporcionan muy buenas capturas (especialmente los que alertaban sobre la verja electrificada). La visita a todo este complejo dura aproximadamente 2,5h, por lo que, es recomendable empaparse de historia durante la misma y, posteriormente, visitar el complejo por uno mismo, pudiendo hacer las fotos tranquilamente.
Varias de las fotos más agradecidas de la visita serán las que se pueden sacar de las alambradas en mil y una combinaciones (especialmente intentando hacer bokehs) o, de las verjas que rodean a los complejos. Un aspecto que también generarán muy buenas fotografías es poder sacar composiciones del lugar junto con las numerosas ofrendas, flores, amuletos, fotografías y demás recuerdos que los visitantes o familiares de antiguos prisioneros han ido dejando a lo largo de todo este tiempo. Sin duda, es una auténtica maravilla de cara a obtener excelentes fotografías.
(Continuará …)







