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La más bella foto de un trágico momento
Apr 6th
Tan sólo la más absoluta desesperación y desasosiego pueden llevar a una persona a decidir quitarse la vida. Encontrar el medio, es lo de menos. El fin es dejar de existir. No obstante, incluso en esos terribles momentos, la belleza puede surgir espontáneamente dotando de cierta belleza al momento. Ya desde la época de los románticos, el suicidio solía ser una salida honrosa a las situaciones más humillantes, el desamor de una dama amada o simplemente, la bancarrota.
El 1 de mayo de 1947, Evelyn McHale debió de pensar alguna de estas razones para arrojar su joven cuerpo de tan sólo 23 años desde el mirador de la planta 86 del Empire State Building. 381 metros de caida lo hacían el edificio más alto del mundo en esa época. ¿El motivo?: el desamor. Su novio acababa de rechazarla. Quiso el destino que en ese preciso instante Robert C. Willes, por aquél entonces, estudiante de fotografía, escuchase el tremendo impacto que el cuerpo de Evelyn provocó al caer y, raudo y veloz, inmortalizase el momento, generando una de esas fotografías históricas que todos hemos visto. Allí encontró a la bella joven sobre el techo de una limusina de un diplomático de las Naciones Unidas, que estaba aparcada en la acera a doscientos metros al oeste de la Quinta Avenida. El chofer estaba en una farmacia cercana por lo que pudo escapar al impresionante golpe.
Fotografía © Robert C. Willes.
Pese a lo trágico del momento, hay que decir que la imagen obtenida es una auténtica obra de arte. La joven tras su tremenda caída, yacía serena y tranquila en el coche, como habiendo encontrado la paz y agarrando con fuerza lo que parecía ser un collar de perlas que su ya ex-novio le regaló en un momento de máximo amor. El destino quiso que su tremenda belleza quedase intactada y que su figura adoptase una posición de dormitar. La elegancia de su cuerpo en medio de la destrucción creaba una imagen casi onírica. Descansaba por fin.
La imagen obtenida por Willes fue una auténtica bomba y un reportero que se acercó a cubrir la noticia logró que se la vendiese a la revista Life, siendo publicada a toda página en su siguiente edición, 11 días después. A partir de ahí, su éxito se disparó como la espuma, dando la vuelta al mundo. Tal fue el impacto, que en 1963, Andy Warhol hizo un collage con esa foto titulándolo Suicide (Fallen Body).
La fotografía, había pasado a la historia.
Años después, se descubrió el informe policial que se redactó a raiz del suceso. Entre las pertenencias de la joven Evelyn se encontró un libro de bolsillo con varios dólares, un kit de maquillaje lleno de fotos familiares y una nota manuscrita que decía:
“Él esta mucho mejor sin mi… Yo no seria una buena esposa para nadie”.
Historia de una foto
Mar 22nd
Steve McCurry ha sido, desde hace muchísimos años, uno de los fotógrafos más prestigiosos de la agencia Magnum. Durante su carrera, fue una viajero incansable, especialmente por países de Oriente Medio y África, donde cubrió, como reportero de guerra muchos de los conflictos que sucedieron allí. Estas navidades, tuve oportunidad de ver una exposición de este fotógrafo en Berlín y, si tenéis ocasión, os recomiendo que invirtáis un poco de tiempo en descubrir su obra.
Sin embargo, es posible que una de las historias que más frecuentemente vengan a la cabeza cuando se habla de este fotógrafo es la historia de la niña pastún Sharbat Gula. La historia en sí es fascinante y me gustaría compartirla con vosotros, puesto que refleja claramente la verdadera pasión de McCurry por la fotografía. En 1984 fue enviado a Afganistan por Magnum para cubrir el conflicto humano tras la invasión del país por parte de la URSS. La invasión provocó mareas de refugiados que huyeron hacia los países cercanos y, sobre todo, a Pakistan, donde se establecieron varios campos de refugiados. Fue allí donde McCurry fotografió a una enigmática niña de 12 años llamada Sharbat Gula. Su mirada profunda, su gesto de angustia en la cara y el contraste de su piel sucia con las ropas crearon un contraste magnífico y, por ello, la fotografía (y todo el reportaje) fue comprada por National Geografic para su número de junio de 1985.
Portada de National Geographic, Junio 1985.
Fotografía original de Steve McCurry.
Inmediatamente, la fotografía tuvo un impacto mundial y fue galardonada con numerosos reconocimientos. Sin embargo, en aquel entonces nadie sabía el nombre de la chica, por lo que era conocida simplemente como la niña afgana. La foto volvió a la portada de la revista en una edición especial en noviembre de 2001. Tal fue la repercusión y la fama que esta foto le generó a McCurry, que decidió buscar de nuevo a la chica afgana a fin de poder hacerle un reportaje más extenso y continuar un historia que había comenzado 17 años antes. Durante los años 1990, intentó en varias ocasiones dar con la chica pero sin éxito alguno. Fue entonces en 2002 cuando ofreció el reportaje ala revista National Geographic, la cual estuvo encantada de financiar el reencuentro del fotógrafo con la chica a cambio de la exclusividad en el reportaje.
Tras numerosas investigaciones (especialmente con antiguos residentes en el campo de refugiados donde Sharbat estuvo internada, logró dar con ella en una remota región de Afganistan, siendo ya una mujer casada de 30 años y con 3 hijos. Como era de esperar, aceptó posar para el reportaje y completar la historia. Este hecho, de nuevo fue un auténtico éxito para National geographic, el cual no sólo escribió un extenso artículo sobre la historia en 2003, sino que llegó a rodar un documental llamado Niña desaparecida: misterio resuelto que también alcanzó gran popularidad.
Fotografía de 2002, Steve McCurry.
Tal era él éxito obtenido con esta historia, que finalmente, National Geographic decidió emplear parte de los beneficios obtenidos en la creación de la Fundación para la ayuda de Mujeres Afganas, una organización benéfica de ayuda en la educación de las mujeres afganas que, a partir de 2008, amplió su ámbito de actuación para ayudar también a los niños, renombrándose como Fundación de ayuda a los Niños afganos.
Una historia fascinante de un fotógrafo fascinante.

