España / Madrid / Gran Vía

Madrid tiene un encanto enorme. Ciudad que se ha expandido brutalmente en la última década, cuna de visitantes e inmigrantes y garante de hospitalidad, regala a aquellos que la visitan un paseo inpagable a traves de una de sus arterias principales: la Gran Vía. Mi zona favorita, la zona en la que atesora más experiencias en Madrid y aquella en la que cada rincón y cada edificio, podrían escribir un libro de historia por sí mismos. La suelo llamar “mi Gran Vía”. No voy a adentrarme en dar datos técnicos urbanísticos sobre dónde empieza, dónde termina y demás, porque Gran Vía es una zona que hay que descubrirla andándola, recorriendo sus cines y observandola. Lo que sí os querría contar un poco es su historia.

Sus primeros bostezos nos sitúan en el siglo XIX, cuando la ciudad pedía a gritos una vía que comunicase el norte y el centro de la ciudad y diese aceso, así, a todas las callejuelas y comercios del centro, necesitadas de futuros compradores. En 1886, se aprobó el Proyecto de prolongación de la calle Preciados, describiendo una gran avenida transversal este-oeste entre la calle de Alcalá y la plaza de San Marcial, obra del arquitecto Carlos Velasco, que ofrecía tres alternativas para unir la calle de Alcalá, desde la iglesia de San José, con la actual plaza de España. La Gran Vía, había nacido como proyecto. No fue hasta 11 años después, cuando el proyecto se vió oficialmente refrenado y tuvieron que pasar otros 12 años más para que comenzasen las obras. Dicen que Alfonso XIII (para mí “el mejor alcalde de Madrid”), puso especial énfasis en supervisar las obras y en dar el apoyo necesario para que se hiciesen con premura y la menor molestia posible a los madrileños. Durante los siguientes 20 años, la construcción vivió maravillosas soluciones técnicas aglutinadas en los tres tramos en los que se construyó, problemas, retrasos, corrupción de los constructores y el inicio de una Guerra Civil, lo que obligó a emprender una reforma de sus estructuras antes incluso de haberse terminado todo el proyecto por completo.

Firestream in Gran VíaFotografía @ Daniel Klein.

Si su construcción fue una odisea, no menos ha sido su denominación. En sus casi 100 años de historia, la Gran Vía ha sido oficialmente llamada de mil maneras y, por si no fuese poco, los madrileños solíamos inventarle más nombres adicionales. Oficialmente, esta avenida consta de haberse llamado calle Eduardo Dato; el Bulevar; avenida de Pi y Margall calle del Conde de Peñalver. Durante la Guerra Civil, fue elegida por el Gobierno de la República como un símbolo de la España izquierdista y fue rebautizada cronológicamente como la Avenida de Rusia, Avenida de la Unión Soviética, y justo antes del inicio de la guerra, parte de su tramo fue rebautizado como Avenida de la CNT. La Guerra Civil nos proporcionó a los madrileños una excelente ocasión de añadirle varios nombres populares más como los de Avenida de los Obuses Avenida del quince y medio, en referencia a los proyectiles que el ejército franquista lanzaba sobre los pisos superiores del edificio de la Telefónica, que era usado como observatorio militar. Este edificio, por cierto, también fue llamado popularmente “la torre del ¡coño!” en referencia a la expresión de asombro que todos los visitantes emitían al ver su gran altura, inusual para la época). Con el final de la Guerra Civil, la calle pasó a llamarse desde el 24 de abril de 1939, Avenida de José Antonio, en homenaje a José Antonio Primo de Rivera. También se denominó de igual forma la estación de metro de Gran Vía. Fue ese el momento en el que los madrileños, hartos del continuo cambio de nombres y de la politización de los mismos, decidimos bautizarla definitivamente como la Gran Vía, y así ha permanecido desde entonces, aunque oficialmente se denominase de otra forma distinta. En 1981, el alcande Enrique Tierno Galván, se hizo eco de esta realidad social e hizo que nombre oficial u oficioso coincidiesen a todos los efectos: la Gran Vía se consolidaba.

Sin embargo, la verdadera revolución de la zona no vino de la mano de sus nombres o de su construcción, sino de su uso. Además de para servir como vía de comunicación este-oeste de la ciudad, la Gran Vía fue planificada como punto de encuentro de los ciudadanos y como área recreativa y comercial. En estos dos aspectos, supuso un cambio en las costumbres de los madrileños, ya que albergó los primeros grandes almacenes de la ciudad, escaparates de lujo, grandes salas de cine o cafés que se harían muy frecuentados durante sus primeras décadas de vida. Destacarían, quizás, grandes almacenes emblemáticos como Galerías Preciados (llamados así por su ubicación en la calle Preciados), el Corte Inglés, o el Sepu (Sociedad Española de Precios Únicos). Cuentas las anécdotas que estos últimos almacenes fueon famosos por dos motivos: por ser los primeros grandes almacenes que tuvieron una escalera mecánica en toda España y por ser comunmente llamados los Almacenes Falange en referencia a que su ubicación describía perfectamente la realidad de España: a (los almacenes) Falange, se entraba por (la calle) Jose Antonio y se salía por (la calle) Desengaño. Desgraciadamente, en los últimos tiempos las grandes corporaciones textiles se han lanzado feroces a la compra de edificios para situar ahí grandes almacenes de ropa, restando espacio y lugares emblemáticos de recreo a los madrileños.

En cualquier caso, todos estos edificios, son muy apetecibles de fotografiar. También es recomendable pasear cerca del edificio Metrópolis, la plaza de callao con su famoso cartel de Schweppes (inmortalizado por Alex de la Iglesia en la película “El día de la bestia”) o la zona de la bajada hacia Plaza de España.

Gran Vía with starsFotografía @ Daniel Klein.

Finalmente, de cara a sacar buenas fotografías, hay dos consejos inprescindibles: el primero es visitar el Circulo de Bellas Artes y subir hasta su azotea (2 €) para captar una panorámica del inicio de la calle Gran vía. Desde ahí, se podrá tener una excelente vista del edificio Metrópolis, del edificio de Telefónica y de todo el centro de la ciudad. Si, además, se acude en horas cercanas al atardecer, la fotografía espectacular está asegurada (un ejemplo puede verse en la primera fotografía que ilustra este post). El segundo consejo es acudir a la Red de San Luis para conocer a un poco de la historia de Gran Vía. En esa zona, en los años 80, se inauguró MadridRock, posiblemente la tienda de discos más emblemática que ha tenido Madrid. Esta tienda, fue referente de la música y punto de encuentro habitual ya desde sus inicios. Era muy común quedar “en la salida del metro de Madrid Rock” y, aprovechando esa circunstancia, las esperas solían traer como consecuencia la compra de algo de música: el negocio era redondo. No obstante, la crisis del sector musical hizo que la tienda cerrase en 2005, despidiendo a todos sus trabajadores sin pagarles indemnización alguna. Fue ese momento en el que dos rockeros ilustres, Jose y Emilio Alcazar, decidieron solidarizarse con los trabajadores y no permitir que el lugar y su significado despareciesen (aunque la tienda si lo hiciese). Por ese motivo, desde 2005, todos los días a partir de las 7, se sitúan durante dos o tres horas en el que siempre fue su punto de encuentro y beben y charlan amigablemente. Estos dos viejos rockeros son un emblema de la zona y altamente queridos por la gente que ya los conoce, puesto que se sacan fotos con ellos y charlan amigablemente sobre cualquier tema. Son, por así decirlo, un claro ejemplo de lo que siempre hemos sentido los madrileños por Gran vía y que atesora el dicho que se suele repetir insistentemente: “da igual de dónde vengas o cuando vengas, si te quedas, pasados dos años, ya eres de Madrid”.

Fotografía @ Daniel Klein.

España / Granada / Alhambra

La Alhambra, denominada así por sus muros de color rojizo («qa’lat al-Hamra’», Castillo Rojo), está situada en lo alto de la colina de al-Sabika, en la margen izquierda del río Darro, al este de la ciudad de Granada y se situa frente a los barrios del Albaicín y de la Alcazaba, típicos de la ciudad del sur de España. Esta ubicación estratégica, desde la que se domina toda la ciudad y la vega granadina, hace pensar que ya había sido utilizada con profusión en el pasado por los moradores de la zona y no sería descabellado pensar que existían construcciones anteriores a la llegada de los musulmanes. Su conjunto, completamente amurallado, posee una forma irregular limitado al norte por el valle del Darro, al sur por el de la al-Sabika, y al este por la Cuesta del Rey Chico, que a su vez la separan del Albaicín y del Generalife, situado en el cerro del Sol.

Mirando a la fortaleza en sí, se tiene constancia por primera vez de ella en el siglo IX, cuando en el año 889 Sawwar ben Hamdun tuvo que refugiarse en la Alcazaba y repararla debido a las luchas civiles que azotaban por entonces al Califato cordobés, al que pertenecía Granada. Posteriormente, este recinto empezó a ensancharse y a poblarse, aunque no hasta lo que sería con posterioridad, ya que los primeros monarcas ziríes fijaron su residencia en lo que posteriormente sería el Albaicín. A pesar de la incorporación del castillo de la Alhambra al recinto amurallado de la ciudad en el siglo XI, lo que la convirtió en una fortaleza militar desde la que se dominaba toda la ciudad, no sería hasta el siglo XIII con la llegada del primer monarca nazarí, Mohamed ben Al-Hamar (Mohamed I, 1238-1273) cuando se fijaría la residencia real en La Alhambra. Este hecho marcó el inicio de su época de mayor esplendor.

Alhambra and the skyFotografia © Daniel Klein.

Cuando Ben-Al-Hamar entró triunfador en Granada en ese año de 1238, la población le recibió con el grito de Bienvenido el vencedor por la gracia de Alá, él respondió: Solamente Alá vence. Éste es el lema del escudo nazarí y también está escrito por toda la Alhambra. A partir de ahí, la Alhambra entró en una fase de ampliaciones y mejoras que lo llevarían a ser lo que es hoy el primer núcleo del palacio. Decidió, de este modo, iniciar su època de máximo esplendor e instalar en ella la sede de la corte, comenzando la edificación de la Alhambra que hoy conocemos. Su hijo Mohamed II, que fue amigo de Alfonso X el Sabio, lo fortificó. A partir de ahí, la Alhambra fue palacio, ciudadela, fortaleza, residencia de los sultanes nazaríes, de los altos funcionarios, servidores de la corte y de soldados de élite; alcanza su esplendor en la segunda mitad del siglo XIV, coincidiendo con los sultanatos de Yusuf I (1333-1354) y el segundo reinado de Muhammad V (1362-1391). Este enorme crecimiento añadido a la llegada paulatina de poblaciones musulmanas del Norte a causa del avance de la conquista cristiana, va poblando cada vez más Granada. Fruto de ello, la ciudad va creciendo, modificándose, creando nuevos barrios y ampliando las cercas y murallas prácticamente hasta su conquista al final del siglo XV.

Después de 1492, la Alhambra comenzóa  funcionar como Casa Real a cargo del Conde de Tendilla. Los Reyes Católicos ordenaron intensas reparaciones sirviéndose en gran medida de artesanos moriscos. El Emperador Carlos V decide, en 1526, la construcción del palacio que lleva su nombre (aunque nunca lo utilizaría), junto a otras construcciones muy significativas. La casa de Austria continuó desde Felipe II (1556-1598) y sus sucesores al cargo de la conservación de la Alhambra. En las primeras décadas del siglo XVIII, Felipe V (1700-1746) desposee de la alcaldía al Marqués de Mondéjar, heredero del Conde de Tendilla, comenzando una etapa de abandono prácticamente hasta el reinado de Carlos IV (1788-1808).

La ocupación napoleónica supuso un episodio negativo para la Alhambra, por la voladura producida en 1812, al retirarse el ejército francés. Con la revolución de 1868 la Alhambra queda desligada de la Corona y pasa al dominio del Estado, declarándose en 1870 “monumento nacional”. Con la entrada del siglo XX, el cuidado de la Alhambra se confía a una Comisión (1905), sustituida en 1913 por un Patronato que en 1915 pasa a depender de la Dirección General de Bellas Artes. En 1944 se crea un nuevo Patronato que se mantiene hasta el traspaso a la Comunidad Autónoma de Andalucía de las funciones y servicios del Estado en materia de cultura.

water fallsEscalera del Agua.
Fotografia © Daniel Klein.

Adentrarse en lo muros de este monumento es adentrarse en una excelente sesión de fotografía en la que podremos combinar cualquier tipo de técnica fotográfica: desde el paisajistmo, fotografía panorámica, la composición artística, bokehs hasta el detallismo de las numerosas partes, patios, puertas y pasadizos. Es toda una sensación pasear por toda la zona e ir captando toda esa explosión de detalles.  Desgraciadamente, el mal estado de algunas de sus instancias y lo masificado que se encuentra el complejo a cualquier hora del día, cualquier día de la semana, no ayudarán mucho a poder pensar la fotografía con calma. Quizás ese gran inconveniente se deberá tomar como uno de los muchos retos que nos presenta la visita. En cualquier caso, fotografías imprescindibles serán aquellas que nos brinda el salón de comares, el patio de los Arrayanes, el patio de los Leones (actualmente en reconstrucción sin que se pueda ver casi nada de él), la sala de los Abencerrajes y por último, El Partal. Todas ellas son excelentes fotos y jugar con el balance de blancos será toda una delicia.

De cara a la visita, es imprescindible llevarse un 17-50 y un 10-20, porque seguramente los usaremos bastante. El uso del trípode es inpensable: no se dispone de tiempo suficiente para pensar bien la foto en el tiempo que se dispone para la visita y la frecuente visita de los demás turistas no permitirá obtener fotografías muy estáticas.

En cualquier caso, una visita a la Alhambra es todo un completo ejercicio de fotografía, que pondrá a prueba nuestra pericia hacia el tener que hacer muy distintos tipos de fotografía en poco tiempo y en un mismo lugar.

Todo un disfrute.

España / Granada / Palacio de Carlos V

La ciudad de Granada esconde muchos secretos entre sus escarpadas calles. El más conocido es la Alhambra. El más espectacular es el Palacio de Carlos V. Situado a escasos metros del ilustre edificio árabe, el palacio de Carlos V fue construido con la intención de ser la residencia oficial del emperador Carlos V, aunque no queda constancia de que nunca llegara a habitarlo. Está situado junto al Palacio nazarí de Comares, y representa un gran contraste con la arquitectura islámica del resto del recinto. Su fachada es totalmente renacentista y da paso a un edificio de planta cuadrada de 63 metros y un patio columnado circular. Esta disposición, principal rasgo manierista del palacio, lo hace especialmente importante, ya que, según parece, no tiene precedentes en la arquitectura del Renacimiento. Aquél que lo visite, podrá ver cómo el edificio consta de dos niveles: el bajo, toscano, completamante almohadillado, y con grandes anillas de bronce decoradas; el superior es jónico y en él se pueden ver dinteles con frontones preciosos. En el interior, el patio circular también muestra dos pisos. Si en el inferior destaca una increible columnata dórica, en el superior esta se convierte en jónica.

Climb

Down from upFotografía © Daniel Klein.

Cuenta la historia que este edificio fue mandado construir por Carlos V tras su boda con Isabel de Portugal en 1526. Tras el enlace, la pareja estuvo viviendo varios meses en la Alhambra, quedando profundamente impresionado por el palacio y dejando encargada la construcción del nuevo palacio con la intención de establecer su residencia en la Alhambra granadina. El edificio se implantó en el corazón de la Alhambra musulmana, en un extremo del Patio de los Arrayanes y para su construcción fue preciso derribar un pabellón opuesto a la torre de Comares de la Alhambra. Esto, posteriormente acabó despertando mucha polémica, pero mirándolo bien, más que una pérdida, el derribo de esta estructura significó la garantía de supervivencia del resto. En unos tiempos en que lo más habitual era la destrucción total de palacios y templos de los pueblos sometidos, la sensibilidad de los reyes cristianos ante la belleza incontestable de la Alhambra supuso la necesidad de disfrutarla desde dentro y, por ende, de conservarla.

UpstairsFotografía © Daniel Kleiin.

Una visita fotográfica a este palacio, es todo un reto de cara a la fotografía. El aspecto monocromo de toda la piedra con la que el edificio está construido, la simetría de todos sus elementos y la escasez de ornamentos fastuosos, brinda una oportunidad inmejorable de centrarse al máximo en la composición de las fotografías. Jugar con las sombras, con las iluminaciones, con las formas austeras del palacio son varios de los retos que nos esperan. En mi caso, no busqué variar los objetivos (hice toda la sesión con un 17-50) y me centré, sobre todo en explorar las formas y, en especial, las escaleras del complejo. Son estas, lo elementos que mayor juego dan a la visita, ya que constituyen varios de los elementos más destacados del palacio.

Otro gran reto consistirá en poder sacar fotografías del lugar sin personas que empobrezcan las fotografías que saquemos. El sitio se encuentra masificado a todas las horas del día, lo cual hay que agradecérselo a una organización cuya eficiencia en la organización de una buena visita al emplazamiento a veces deja mucho que desear.

En cualquier caso, la libertad para sacar fotografías impresionantes es total. Usar trípodes, largas exposiciones o buscar pacientemente ese ángulo que nos creará una fotografía estupenda, estará perfectamente al alcance de nuestra mano.

España / Madrid / Templo de Debod

Entre los múltiples rincones con encanto que esconde Madrid, uno de mis favoritos es el Tempo egipcio de Debod, cerca de la Plaza de España. Este singular monumento, se trata de un regalo del gobierno Egipcio a España (1968). En compensación por la ayuda española, tras el llamamiento internacional realizado por la Unesco para salvar los templos de Nubia, principalmente el de Abu Simbel, en peligro de desaparición debido a la construcción de la presa de Asuán. Egipto donó cuatro de los templos salvados a distintas naciones colaboradoras: Dendur a los Estados Unidos (se encuentra actualmente en el de Nueva York), Ellesiya a Italia, Taffa a Holanda y Debod a España.

Debod (I)Fotografía © Daniel Klein.

El templo se halla en la actualidad restaurado y algunas partes desaparecidas han sido reconstruidas. Consta de una serie de estancias que se pueden visitar. El mejor momento para admirarlo desde el exterior es a la caída de la tarde. Es en ese momento cuando se podrán sacar las mejores fotografías. Podría decir, casi sin miedo a equivocarme, que todos los fotógrafos de Madrid, sin excepción, se han dejado caer en alguna ocasión para fotografiar el templo, lo cual posiblemente lo haga uno de los lugares más visitados y fotografiados de todo Madrid.

Como decíamos antes, el mejor momento para fotografiarlo es la tarde, donde se podrán encontrar buenísimos contrastes contra el cielo. Un gran acierto fue el situar este templo orientado al oeste (como originariamente estaba en Egipto) ya que garantiza espectaculares fotos frente a los atardeceres de Madrid. Cielos con nubes o sin ellas, iran variando en tonalidades rosaceas y anaranjadas, lo cual da un contraste fabuloso con las luces que comienzan a iluminar las tres estructuras del templo (la Capilla de Adijalamani o de los relieves, Mammisi y el resto de vestíbulos). Posteriormente, es posible sacar fabulosas fotografías de las estructuras reflejándose en el agua o de las luces remarcando la porosidad de la piedra.

Debod (III)Debod (II)Fotografía © Daniel Klein

Es imprescindible acudir a la zona con trípode, puesto que las fotografías de larga exposición siempre serán posibles sin que mucha gente moleste la imagen. Una curiosidad: no están permitidas las fotografías con flash. Pero … ¿quién osaría utilizar flash pudiendo tirar de f’s bajos y tiempos de exposición altos? :-)

Más información sobre el templo de Debod:

Direccion: Jardines del Templo de Debod, Calle Ferraz, 1, 28008 Madrid

Horarios de visita:

De 1 de octubre a 31 de marzo: Martes a viernes de 9:45 a 13:45 y de 16:15 a 18:15 horas. Sábado, domingo y festivos de 10 a 14 horas.

De 1 de abril a 30 de septiembre: Martes a viernes de 10 a 14 horas y de 18 a 20 horas. Sábado, domingo y festivos de 10 a 14 horas.

Último pase de visita 15 minutos antes del cierre.

El templo permanece cerrado: Todos los lunes. Los festivos 1 y 6 de enero, 1 de mayo, 25 de diciembre.

Cómo llegar: Metro: Estaciones Plaza de España (líneas 3 y 10) y Ventura Rodríguez (línea 3)
Autobuses: Línea 74 (paradas en la calle Feraz, frente al Templo, y en la calle Pintor Rosales); Líneas 25, 39, 46, 75, 138 y C1 (parada en Cuesta de San Vicente-Cadarso); Líneas 3, 44, 133, 148 y C2 (parada en Plaza de España); Líneas 1, 2, 74 (parada en Princesa-Ventura Rodríguez)