En plena ciudad de Linz, pasado el puente de los Nibelungos y al lado del convento de los jesuítas, se alza majestuosa la nueva catedral de Linz. Linz es una ciudad que sorprende. Alabada por Hitler en sus días adolescentes por la belleza de sus edificios, es una ciudad que respira arquitectura por todos lados. Combina a la perfección lo moderno con lo tradicional, lo majestuoso con lo sencillo y aporta un sinfín de contrastes allá donde se va. Todo esto, tuve la oportunidad de comprobarlo en el viaje que realicé este verano. Sin embargo, de todo lo mucho y bueno que se puede ver en Linz, probablemente lo que más me impactó fue su Catedral Nueva. También conocida como la catedral de la Inmaculada Concepción (Maria-Empfängnis-Dom), se trata de una catedral tremendamente tardía si se la compara con el resto de grandes catedrales que hay en Austria. El inicio de su construcción data de 1855 y tuvo lugar gracias a la tozudez de un obispo llamado Franz Joseph Rudigier, el cual, detestaba la antigua catedral de Linz y no cesó en su empeño hasta que consiguió que se alzase una a la altura de la hermosa ciudad de Linz.
Fotografía @ Daniel Klein.
De este modo, la primera piedra fue colocada en 1862 y, a partir de ahí, comenzó una construcción que se prolongaría durante 62 años, terminándose en 1924 (!!!). Es, además, sorprendente el pensar en todo el tiempo que se empleó en su construcción, máxime cuando varias de las estructuras se basan en las antiguas estructuras de la antigua Catedral de la Virgen María (Marien-Dom), que ya existía en el mismo lugar. Sea como fuera, el edificio es una magnífica obra en el más puro estilo gótico francés, muy de moda en la época en la que se diseñó. Por consiguiente, el visitante que se adentre en sus muros, encontrará altísimos techos, pilares majestuosos y desnudos, y vidrieras espectaculares. Este último elemento es especialmente importante, porque a lo largo de todas sus vidrieras, se va narrando la historia de la propia ciudad de Linz, lo cual aporta toda una lección de historia a aquellos que la visitan. También pueden verse en estas ventanas, retratos de los principales mecenas que tuvo la catedral.
Fotografía @ Daniel Klein.
El interior de la catedral es impresionante. De los más bonitos que he visto en mi vida. Con más de 20.000 asientos en su interior, durante algunos momentos de su historia, bien pudo decirse que en el interior de la catedral cabía casi toda la población de Linz. Su torre, de 124m de altura es una de las estructuras más altas de todo el país, y la segunda torre religiosa más alta de Austria. Y no fue la primera porque fue prohibido por el colegio de arquitectos de Viena. Cuenta la historia que en los tiempos de la construcción de la catedral, esta debía someterse a las normas que el imperio austro-húngaro había dictaminado para todas las construcciones religiosas de sus territorios. Y una de dichas disposiciones, indicaba que ninguna estructura religiosa podría ser más alta que la torre Sur de la catedral de San Esteban, en Viena, la cual tiene 135m de altura. Es por ello que hubo que modificar los planos originales para reducir la altura originalmente planeada (140m).
Probablemente, más allá de la majestuosidad de esta catedral, una de las cosas que más llama su atención es su triste historia. Pese a ser uno de los edificios más notables de toda Austria, apenas ha sido utilizado. Es un edificio vacío de acontecimientos. Probablemente ello es debido a que su tardia terminación la convirtió en un edificio desproporcionadamente amplio para las necesidades de una ciudad que fue duramente castigada primero por la postguerra de la I Guerra Mundial, y luego por la II Guerra Mundial. Durante los bombardeos de la misma, muchas de las hermosas vidrieras resultaron completamente destruidas y su reconstrucción era tan costosa económicamente, que tuvo que ir abordándose poco a poco a lo largo del tiempo, dejando el edificio inhábil para su utilización. Por ello, se decidió que en vez de recuperar aquellas antiguas vidrieras, se optaría por dotar a los espacios con nuevas vidrieras con motivos de arte moderno. Ello genera una interesante mezcla con las anteriores vidrieras que sí son de un estilo bastante más antiguo.
Fotografía @ Daniel Klein.
De todos vosotros será conocida mi predilección por visitar obras de arquitectura religiosa. Estoy convencido que, durante siglos, las mejores mentes, los mayores presupuestos y las más innovadoras obras de arte tuvieron lugar en ese terreno, frente a otras como la arquitectura civil o militar. Y ello es tremendamente agradecido de cara a la fotografia. Mentes tan brillantes y escenógrafos tan notables, eran capaces de crear una y otra vez maravillas visuales que no tiene comparación alguna en ningún otro terreno. Y de cara a fotografiarlo, siempre es agradecido. Esta catedral proporciona una oportunidad inmejorable para poder hacer lo que te de la gana. La ausencia casi constante y absoluta de público visitándola (incluso en el mes de agosto (!!!) hace que se puedan hacer aquellas fotos que a uno le plazca. Es preferible irse hacia la tarde, puesto que la luz de oeste se cuela por las vidrieras y genera unos efectos de destellos muy chulos. Adicionalmente, es posible usar trípode y fotografías de larga exposición. En este caso, usé un 10-20 y un 17-55 que me dieron unos resultados excelentes. Sin embargo, he de decir que pese a que la propia estructura interna de la catedral es impresionante, los juegos de luz que se creaban en su vidrieras fueron los que más juego me dieron en las fotos. Generaban efectos impresionantes en todos los sentidos y de las dos horas que pasé allí haciendo fotos, casi se me pasaron volando.
Tanto es así, que me prometí a mi mismo regresar ahí dentro de diez años y volver a visitar tan majestuoso edificio.




