Rep. Checa / Terezín / Campo de concentración de Theresienstadt (Malá pevnost)

A 60 kilómetros al norte de la ciudad de Praga (República Checa), allá por el siglo XVIII, el príncipe Jose de Ausburgo decidió construir una magnífica fortaleza para su ejército, temiendo posibles ataques rusos por el norte. A dicha fortaleza, repleta de soldados, la llamó Terezín (ciudad de Teresa, en checo), en honor de su madre, la Emperatriz María Teresa de Ausburgo. Fue tal el tamaño e importancia que adquirió esta fortaleza que al poco tiempo se hizo necesario crear una ciudad satélite que diese cobertura logística a toda la actividad que allí se realizaba. Dicha ciudad, fue llamada Terezín igualmente, dejando a la antigua Terezín sólo con el sobrenombre de Fortaleza de Terezín. Durante décadas, tanto fortaleza como ciudad vivirían un esplendor magnífico, adornando las murallas y fosos que les rodeaban de bellas decoraciones.

En el año 1940, con Checoslovaquia sometida por el III Reich, y ya en plena II Guerra Mundial, las tropas de la Gestapo comenzaron a estudiar la viabilidad de convertir la fortaleza en un gran campo de concentración que albergase a los prisioneros checos que eran detenidos. Fue así como el 10 de junio de 1940, la policía secreta alemana tomó el control de Theresienstadt (en alemán, Ciudad de Theresa, -nombre alemán de Terezín-) instalando una prisión en la Kleine Festung («Fortaleza pequeña»). Posteriormente, en la propia ciudadela amurallada de Terezin crearían uno de los guetos más significativos de toda centro-europa.

*Fotografía Daniel Klein.

Si algo diferenciaba a este nuevo campo de concentración del resto de campos era que fue precisamente este enclave el elegido para ser utilizado por el Ministerio de Propaganda Alemán para mitigar los ya imparables rumores que recorrían Europa sobre el trato que se estaba dando a la comunidad judía. Por todos lados aparecían historias de exterminios, pueblos desplazados y matanzas masivas. Theresienstadt debía cambiar esa opinión y el ministerio de Propaganda puso tuda su maquinara a trabajar ene ello. Se decidió que para el mundo exterior, Theresienstadt debía aparecer como una colonia judía modelo. Incluso se rodó una película con el título de Der Führer schenkt den Juden eine Stadt (El «Führer» regala una ciudad a los judíos), para transmitir esa sensación.

Todo el asunto de la propaganda comenzó en 1943. En octubre de 1943 fueron deportados a Theresienstadt 476 judíos procedentes de Dinamarca. La mayoría de los judíos daneses pudieron salvarse, pues escaparon a Suecia, con lo que las fuerza alemanas de ocupación no podían hacerse con ellos. Pero el gobierno danés tampoco abandonó a sus ciudadanos encerrados en Theresienstadt. La presión que hicieron sobre el gobierno nazi contribuyó a que los nazis, durante algunos meses, con fines propagandísticos y para engañar a la opinión pública internacional, convirtieran Theresienstadt en un campo modelo. Los judíos más saludables eran llevados allí a fin de mostrar aspecto de estar sanos y desde las SS fomentaron que los judíos desarrollasen infinidad de actividades lúdicas: se instalaron cafés y se hizo la vista gorda con respecto a que se creasen escuelas clandestinas para que los niños asistiesen a clase. Se formó una orquesta judía, aprovechando el hecho de que varios afamados compositores se encontraban internados allí (probablemente el más famoso fue Hans Krása), y fueron varias las óperas de éxito que se representaron allí. La más célebre de todas fue Brundibár. Adicionalmente, bastante famoso fue el teatro de Theresienstadt, el cual representó 30 obras distintas (cada una con unas 50 representaciones) en un periodo de 4 años. Ello, generó una corriente de buena imagen que situó al campo justo en el punto en el que la Gestapo y las SS querían: un campo de judíos llevando una vida tranquila, con infinidad de actividades culturales, agricultura y donde incluso se llegaron a montar torneos de fútbol. El 26 de febrero de 1944 se empezó a rodar una película propagandística: «Theresienstadt – Ein Dokumentarfilm aus dem jüdischen Siedlungsgebiet», bajo dirección de Kurt Gerron. Se pretendía mostrar lo bien que les iba a los judíos bajo los ‘beneficios’ del Tercer Reich. Paradójicamente, dicha película tuvo un efecto llamada en muchos otros judios de Europa, los cuales emigraron hasta Terezin en busca de esa tierra amable con los judíos y huyendo de su propia desdicha local. Para culminar su obra maestra de la propaganda, las SS permitieron en junio de 1944 que una delegación del Comité Internacional de la Cruz Roja visitara Theresienstadt. Iba a ser su momento culminante. Ordenaron ‘adecentar’ el campo, retirar a los enfermos y sacar a gran parte de los 50.000 judios que allí se hacinaban. Para ello, se reforzó antes de la visita el transporte de prisioneros al campos de Auschwitz-Birkenau, donde al principio se mantuvo vivos a los deportados en una zona especial (el «campo familiar») para poder presentarlos en caso de que la Cruz Roja reclamara verlos. Después de la visita, esas personas fueron enviadas a las cámaras de gas. Se obligó a decir a los prisioneros seleccionados por su mejor aspecto que llevaban una vida tranquila y feliz, con buena comida e incluso presentaron viandas a los visitantes producto de una ‘panadería’ (el pan fue comprado en un pueblo de al lado). Los prisioneros además simularon pasear por las calles como si fuesen libres, con niños y supuestas esposas con ellos. Cuando se les interrogaba ellos manifestaban frases aprendidas de antemano de elogios a sus carceleros. Tras la terminación de la película y las visitas de la Cruz Roja, la mayoría de los actores y el propio director fueron deportados a Auschwitz.

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*Fotografía Daniel Klein.

Además de otros deportados no judíos, el cómputo general de estadísticas dice que por este campo de concentración pasaron números judíos procedentes de Checoslovaquia; además, alrededor de 144.000 judíos fueron enviados a este campo: unos 40.000 de Alemania, 15.000, de Austria; 5.000, de los Países Bajos, unos 300 de Luxemburgo, 500 de Dinamarca, 500 de Eslovaquia y otros 500 de Hungría. Alrededor de la cuarta parte de los deportados (unos 33.000) murió en el campo de concentración, sobre todo por las malas condiciones: el hambre y las enfermedades, en especial la epidemia de tifus que se desencadenó cercano ya el final de la Guerra. Unas 88.000 personas fueron trasladadas de aquí a Auschwitz y otros campos de exterminio. Al finalizar la Guerra, sólo se encontraron 17.247 supervivientes.

De cara a una sesión de fotografía, el visitante encontrará una excelente oportunidad de ver el campo casi intacto. De todos los otros campos en los que he tenido la oportunidad de estar, podría decir fácilmente que este es de los que mejor conservado se encuentra, y que dispone casi intactas de todas las dependencias de prisioneros, las viviendas de los carceleros y muebles originales de la época. Ello, junto con la enorme cantidad de ventanas que existe, hace que se encuentren infinidad de contraluces y encuadres con efectos de luz en los objetos. Gran parte de la maquinaria, la loza y los utensilios permanecen allí intactos, lo cual es magnífico de fotografiar. Es muy recomendable no hacer la visita guiada (apenas aporta nada) y pasearse por el campo tranquilamente, buscando la foto y la posición con calma y casi sin gente alrededor. Todas las dependencias están abiertas y todas ofrecen excelentes fotos. No es posible llevar trípode, pero existe infinidad de puntos de poyo para evitar trepidación de cámara. Eso sí, reservad al menos 4 horas de tiempo para poder disfrutar de una buena sesión de fotos.

Es un auténtico regalo para una buena sesión de fotografía de edificios antiguos o abandonados.

Polonia / Oświęcim-Brzezinka / Auschwitz (y II)

(… Continuación)

Tras haber visto en detalle todo lo referente a Auschwitz I, se puede tomar un pequeño autobús que nos llevará a Birkenau (el segundo sub-campo y la parte más grande de todo el complejo). Es sencillo tomar dicho transporte, puesto que hay uno de ida y vuelta cada 15 minutos. Era en esta segunda zona donde se encontraban la mayor parte de los reclusos (hasta 15.000 personas llegaron a estar en un momento dado). También es este el lugar en el que el fotógrafo encontrará una excelente oportunidad de hacer composiones con la puerta de entrada al complejo (tan bien tratada por Spielberg en su film) y junto a las vías, las cuales guiaban a los trenes que llevaban a los prisioneros a los tres andenes de tierra existentes. Triste historia si uno piensa en las miles de personas que allí estuvieron y en el final que les esperaba.

Arbeit Macht Frei

Puerta de entrada a Auschwitz 1. Fotografía © Daniel Klein.

Birkenau estaba organizada en tres áreas bien diferenciadas. Según se entraba por la puerta principal, la que está a la izquierda correspondía a las barracas de piedra, en las que eran internados los prisioneros cuya estancia se esperaba que fuese más prolongada (la vida media de una persona en Auschwitz era de menos de 3 meses). Estas eran, por tanto, personas cuyo valor era importante para sus captores (por tratarse de especialistas, gente con buena salud para poder trabajar en tareas físicas o médicos). En la parte derecha se encuentran restos de las barracas de madera, posiblemente las más famosas de todas las que hay en Auschwitz y de las que menos queda. El tiempo por un lado y su precaria construcción por otro, las fueron destruyendo poco a poco. Por ello, lo que el visitante encontrará son reconstrucciones exactas de lo que en su día hubo. Es muy recomendable subir a la torre de control y poder hacer fotografías desde la altura a ambas secciones. Dichas fotografias quedarán estupendamente si se sacan junto con las vías de tren o abarcando toda la extensión del complejo (verdaderamente enorme). Por otro lado, uno de los inconvenientes que el fotografo encontrará es el poder hacer fuenas fotografías sin que estas salgan llenas de turistas, lo cual sin duda, no ayuda.

En la zona de las barracas de madera, existen 10 aproximadamente que hacían las veces de dormitorios y otras 2 más, donde se aprecian los antiguos urinarios y lavaderos. Ahí, se podrá encontrar lo más cercano a todos los testimonios, fotografías y documentales que se ha visto de Auschwitz: casamatas de madera, totalmente carcomidas por el frio de los inviernos, camas minúsculas donde llegaban a dormir hasta 10 personas al mismo tiempo y estufas mínimas que trataban de engañar las conciencias aportando algo de humanidad a todo ese infierno. A partir de ahí, los visitantes podrán ir pasenando a traés del complejo, el cual tiene todas sus dependencias abiertas y dispuestas para todas aquellas inspecciones que se desee hacer. También este será el final de la visita oficial.

Last station
Sunset at the camp
Auschwitz Fence

Fotografía © Daniel Klein.

Pero no todo termina ahí. Si se dispone del tiempo necesario, bien merece la pena proseguir una visita por cuenta propia hacia el fondo del campo (el tercer área). Allí, se encuentran los restos de las cámaras de gas de Birkenau (tenía dos cámaras) y otros dos hornos crematorios (Kremmatorium III y IV). Todo ello, fue destruido hacia el final de la guerra y así ha sido conservado. Detrás puede encontrarse el rio donde se esparcían las cenizas de los prisioneros que habían sido cremados en los hornos.

Un poco más al fondo se encuentra lo que para mi gusto fue la verdadera sorpresa de toda la visita: la zona de recepción de prisioneros. En esta zona se encuentran las áreas designadas para cortar el pelo a los recien llegados, las duchas de desinfección, y el área donde los visitantes encontrarán un enorme complejo en el que se clasificaban las pertenencias de los prisioneros. Casamatas donde se almacenaban joyas, objetos de valor, ropa, zapatos, etc. Todo sin apenas restos, pero esparcido por el suelo (hoy en día es tremendamente sencillo encontrar semi-enterrados, varios de estos objetos).

A partir de ahí, la cantidad de fotografías y escenas que se podrán recrear son casi ilimitadas, De nuevo las alambradas estarán presentes en todo el camino, por lo que siempre serán un elemento recurrente en nuestras fotos. Podremos a partir de ahí, acompañarlas de casamatas, torres o, incluso por el bosque cercano, donde se solía reunir a los judios recien llegados y donde se mantenían a la espera de que llegase su turno para las cámaras de gas.

En definitiva, el campo de concentración de Auschwitz es una oportunidad inigualable de llevar a cabo un fotoreportaje de grandísima calidad, con todo tipo de fotografías y técnicas, con típicos elementos que, aunque recurrentes, podrán aportarnos grandes composiciones y, si logramos prolongar nuestra visita, con excelentes posibilidades en lo referente a la luz (las fotografías de atardecer contra elementos del campo -como casamatas- son inmejorables).

Auschwitz es, por tanto, un sitio que hay que visitar sí o sí con una buena cámara y muuuucho tiempo.

Polonia / Oświęcim-Brzezinka / Auschwitz (I)

Millones de historias, relatos, películas, fotografías, conmemoraciones, libros y homenajes ha vivido este centro de detención y extermino de la II Guerra Mundial, casi tantos como prisioneros murieron allí durante el periodo de guerra. La visita al campo de exterminio de Auschwitz garantiza al fotógrafo un paseo a través del sobrecogimiento y un torbellino de sensaciones que, sin duda alguna, bien merecen sentirse … al menos una vez en la vida.

Auschwitz wood barrackAuschwitz SolitudeBarracas de prisioneros. Fotos de Daniel Klein

Construido a partir de 1940 a 60 km de la ciudad de Cracovia, este antiguo cuartel del ejército polaco fue ocupado por las tropas alemanas como centro de detención para la ingente cantidad de prisioneros que lograron hacer en sus primeros meses como dominadores de una Polonia ocupada. Todos los pueblos de alrededor fueron evacuados para proporcionar casas a los 6.500 soldados y oficiales del campo y se usó a la población, junto con los prisioneros que llegaban, en la construcción de este complejo de campos. Auschwitz en realidad constaba de tres sub-campos bien diferenciados: Auschwitz I (el antiguo cuartel polaco), Birkenau (la parte más grande a 1,5 km) y Auschwitz-Monowitz, donde se comenzó a construir una enorme fábrica de productos químicos que siguió funcionando muchos años después de la guerra. Durante el tiempo en el que estuvo operativo, más de 1.5 millones de prisioneros fueron exterminados en sus cuatro cámaras de gas masivas  e incinerados en otros tantos hornos crematorios. Sin duda, una historia espeluznante. Las construcciones eran de piedra (Auschwitz y parte de Birkenau) y, mayoritariamente de madera (Birkenau), por lo que gran parte de las mismas quedaron destruidas tras el final de la guerra (el resto fue destruido a proósito debido a la precariedad con la que se habían construido). Lo que hoy puede verse en su versión de madera, está totalmente reconstruido.

El campo fue liberado el 27 de enero de 1945, y las tropas rusas que llegaron tan sólo encontraron a 7.600 prisioneros (el resto habían sido ejecutados o trasladados a otros campos en el interior de Alemania). Antes de ello, grandes símbolos del horror de ese campo fueron destruidos por las tropas alemanas (todas las cámaras de gas, todos los hornos crematorios, el muro del horror, etc …) por lo que aquello que es hoy visible, son reconstrucciones fidedignas de lo que hubo en su momento.

Auschwitz: No trespassingAuschwitz LampFotos de Daniel Klein

De cara al fotógrafo, Auschwitz proporciona una experiencia inigualable para explotar su creatividad y buscar composiciones o enfoques de mil maneras y con mil formas. Se podrá explotar la emotividad replicando escenas que llevemos en nuestra cabeza de películas como la lista de Schindler, bokeh’s, buscar iluminaciones curiosas o jugar con los numerosos elementos que darán gran juego a las fotos que saquemos.

Se recomienda comenzar la visita por Auscwitz I, el campo principal, donde estaban la mayor parte de los edificios administrativos y donde actuaban los comandantes del campo. Ahí, bien merece la pena tomarse un tiempo para sacar fotografías a la puerta de entrada (con la tristemente famosa inscripción de “Arbeit Macht Frei”) y buscar los contrastes desde la parte inferior derecha contra el cielo o contra los edificios del fondo. Tras esta verja, se encuentra la casamata de vigilancia de la puerta de entrada, por lo que merece la pena planificar una buena fotografía desde ese lado. Posteriormente, se podrán visitar los pabellones donde se realizaban los experimentos médicos y ver aquellas exposiciones dedicadas a las nacionalidades de cada uno de los países que tuvieron prisioneros allí. Es especialmente emotivo el pabellón 21, donde se realizaron gran parte de las ejecuciones de prisioneros sentenciados a muerte o ejecutados como castigo. Posteriormente, grandes fotografías esperarán cuando se visite la parte exterior del complejo, pudiendo ver en pocos metros la horca en la que fue ejecutado el antiguo comandante del campo, Rudolf Höss, así como la reconstrucción de la cámara de gas y los hornos crematorios (Krematorium I). En ese sentido, un gran truco consiste en visitar el emplazamiento a las 15h, donde hay escasos visitantes y se podrán obtener fotografías sin apenas gente que empobrezca la foto (el resto del tiempo, es un lugar algo masificado). Del mismo modo, un buen día nublado porporcionará ese ambiente triste que sin duda ayuda en los efectos conseguidos para las fotos. Finalmente, es aconsejable detnerse en sacar fotografías de los numerosos carteles e inscripciones que hay por todo el complejo, los cuales proporcionan muy buenas capturas (especialmente los que alertaban sobre la verja electrificada). La visita a todo este complejo dura aproximadamente 2,5h, por lo que, es recomendable empaparse de historia durante la misma y, posteriormente, visitar el complejo por uno mismo, pudiendo hacer las fotos tranquilamente.

Varias de las fotos más agradecidas de la visita serán las que se pueden sacar de las alambradas en mil y una combinaciones (especialmente intentando hacer bokehs) o, de las verjas que rodean a los complejos. Un aspecto que también generarán muy buenas fotografías es poder sacar composiciones del lugar junto con las numerosas ofrendas, flores, amuletos, fotografías y demás recuerdos que los visitantes o familiares de antiguos prisioneros han ido dejando a lo largo de todo este tiempo. Sin duda, es una auténtica maravilla de cara a obtener excelentes fotografías.

(Continuará …)