Fotógrafos / Luis Masyebra
Todos los fotógrafos somos iguales. Todos. Como gotas de agua. Nuestro arte puede ser muy distinto, pero aquellos que hemos decidido hacer de la fotografía un medio de vida somos casi clones: todos tenemos los mismos sueños, a todos nos aborrecen las mismas cosas, nos indignan los mismos comportamientos, compartimos las mismas etapas vitales y generamos las mismas inercias. La única diferencia entre unos y otros, es nuestra ubicación dentro de esas etapas. Algunos ya han quemado muchos pasos tras de sí y se sienten más sólidos y consolidados, mientras que otros nos encontramos aún en las etapas embrionarias, pensando en desayunarnos el mundo cada mañana y reinventarnos a cada momento. Pensamos que aún no somos ni un esbozo de idea y nos devanamos la cabeza buscando un estilo y un sello. Es por ello que los segundos solemos pegarnos a los primeros como alumnos ávidos de aprender y verificar si nuestro olfato es el que sospechamos que es. Si además de ello, el fotógrafo al que te pegas es amigo tuyo, el resultado termina siendo mágico. Mágico porque no se genera un caso clásico de enseñanza, sino más bien un caso de tutela cariñosa. Un amigo no sólo te enseña, sino que te reta y te anima cuando el desánimo cunde en tí. Sabe bajarte los humos cuando te crees que ya estás ahí y animarte cuando crees que nunca llegarás. Sabe abrirte los ojos al mundo de la fotografía y te enseñan a mirar donde tu sólo sabes ver. Te identifica las etapas y te reta a que las tuyas sean distintas. Y, sobre todo, te ayuda a encontrarte a tí mismo, a ser ese fotógrafo que quieres ser y que no sabes como llegar a ser. Luis Masyebra es la persona a la que he tenido el placer de conocer desde hace años y que en mi frenético deambular vital, representa todo esto que os acabo de contar. Por eso quería traerlo aquí, a este blog, a este punto que me sirve de encuentro con vosotros. Y quiero traerle para que nos cuente cómo ve la fotografía, su acercamiento a ella, para que nos diga qué ideas tiene y que nos explique cosas que a mi me han ayudado mucho. Sus puntos de vista podrán ser compartidos o no (él esta especializado en fotografía de bodas, lo cual es un nicho muy específico), pero, desde el momento en el que a mi sí me han servido, ya se convierten en un punto de inicio válido.
Luis y yo nos sentamos en una mesa y le pido que me hable él mismo. Realmente, esta entrevista se la he hecho miles de veces en miles de entornos distintos. La única diferencia es que esta vez, quedará constancia escrita de las respuestas. Mis preguntas son cortas y abiertas, quizás porque quiero que se sienta cómodo para expresarse como quiere o quizás porque a algunas respuestas ya les conozco parte de su contenido y quiero probar suerte a ver si brota algún consejo que antes no me dio. Le pido que me cuente lo que quiera y le propongo ir de lo general a lo particular. El acepta, aunque los dos sabemos que al final, nada de lo que planeemos acabará saliendo como decidamos ahora.
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Trips And Pics: Luis, Comenzamos con la típica pregunta inevitable: Cuentanos un poco sobre tí, tu historia, tu experiencia fotográfica, que has hecho hasta ahora …
Luis Masyebra: Bueno… quizás sorprenda a más de uno, pero realmente vivo de la fotografía profesional desde hace solo tres años. Bien es cierto que en mi vida siempre ha habido una cámara cerca, porque mi padre me dejaba entrar en su “submarino” (el cuarto de revelado que teníamos en casa, que tenía la típica luz infraroja) cuando yo era un chavalín y no llegaba ni a las cubetas, de lo bajito que era. Aquello de ver a mamá aparecer de la nada en el papel me maravillaba, era pura magia porque, además, estaba guapísima. Mi padre disparaba mucho, pero siempre a nivel amateur. Él me envenenó. Y aunque ya falleció hace años, estoy seguro que me mira desde alla arriba y piensa ¡¡Ay vá, la que he liado!!
En realidad mi pasado profesional ha transcurrido en el mundo del Marketing, el Comercio Electrónico y la Consultoría sobre temas de CRM. Gracias a ellos he podido saltar a la fotografía de bodas, porque en invierno ejerzo como profesor de ESIC/ICEMD desde hace 11 años y hago unos pocos proyectos de Consultoría como el que estoy realizando ahora mismo para Hoss Intropia.
…pero llegó un día donde esas cosas ya no me llenaban lo suficiente, y cambié el foco hacia la fotografía como eje pincipal de mi vida profesional. Fue un cambio muy radical y sorpresivo para todo mi entorno, pero desde que estoy en él, no solo soy más feliz, sino que mis clases y mis pocos proyectos de Consultoría han ganado en Visión, Creatividad y Alegría. Un maravilloso win-win, la verdad. Y como de casta le viene al galgo (mi padre era empresario), sigo emprendiendo en el mundo online: mi último proyecto es una agencia de fotógrafos de bodas llamada SUMUM agency, formada por unos pocos artistas que se toman muy, muy en serio la fotografía nupcial.
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TaP: ¿Qué es lo que buscas en la fotografía? ¿Qué persiguen tus fotos?
LM: Sin duda alguna, mostrar a mis clientes la belleza que tienen dentro y que mucha gente no se atreve a sacar a la luz por absurdos prejuicios sociales. Si en un reportaje no logro mostrar sus verdaderas emociones y contar su historia, el trabajo lo considero un fracaso. En realidad me apasiona cualquier tipo de fotografía que sea humana, entendiendo por eso el instante de la emoción. Sin emociones, no somos nada. Niños, madres, abuelos, situaciones especiales… me da igual, mientras la emoción a retratar sea auténtica, que sea una bella historia.
Todas las fotografía de esta entrevista son @ Luis Masyebra.
Aparte de eso, creo que un fotógrafo profesional debe aportar ese algo más que tus clientes no puedan o sepan alcanzar con el magnífico equipo que hoy tienen a su disposición. En ese algo más entran un montón de factores: composición, perspectiva, instinto de cazador de instantes, creador de luz, etc. Mi madre es pintora, y sin duda me ha infuenciado mucho a la hora de entender que una foto no es solo un instante de la realidad, sino una interpretación del mismo. Desde esa perspectiva, considero que soy responsable de tener una actitud ante todos los elementos de ese momento, incluyendo la reinterpretación de la luz y los colores reinantes en el momento de la captura. Me gusta pensar que mi fotografia está influenciada por la pintura.
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TaP: Cuéntanos algún truco que uses para obtener encuadres o composiciones chulas en las fotos. Los tuyos son geniales …
LM: Intento mantener la coherencia de las reglas clásicas (Regla de los Tercios y demás), pero trato de olvidarlas lo más rápido posible. Llega un momento donde priorizo la “tensión” de la imagen y arriesgo creando diagonales, horizontes torcidos y demás perspectivas raras y arriesgadas. Es un punto delicado, porque nadie sabe con exactitud cuánto se puede torcer una imagen sin que ésta parezca una irreverencia, un error.
Para mí lo importante está en que los objetos o sujetos que aparezcan tengan una actitud en la foto, que se cree un dinamismo natural, una tensión, o -por el contrario- se genere una paz especial. ¿Quién dijo que una foto no puede estar movida? ¿Quién dice que debe ser recta? ¿O enfocada? Lo importante es crear sensaciones con una perspectiva dada, no hacer el loco porque sí. Hay que decir algo con cada foto, y la técnica es totalmente secundaria porque está al servicio de ese mensaje.
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TaP: ¿Qué suele inspirarte a la hora de hacer fotografía? Vas con ideas y temas concretos, o prefieres ir dejando que las sesiones vayan transcurriendo de sorpresa en sorpresa.
LM: Claramente, las personas que aparecen. O mejor dicho, sus emociones. No las que enseñan a primera vista, porque esas están llenas de prejuicios y máscaras sociales… sino las de dentro. En las prebodas, donde tengo más tiempo con la pareja, trato de tranquilizarles, trabajar con ellos, que sean ellos mismos. ESO me inspira. El resto es fácil, porque prácticamente cualquier lugar te brinda la oportunidad de sacar algún partido a la pareja. De hecho, dejo que ELLOS elijan el lugar para facilitar su apertura interior.
Dicho lo cual, últimamente me estoy proponiendo pequeños temas para cada sesión. Me puede inspirar una canción, un cuadro, un cuento, una historia de los protagonistas… cualquier cosa que me dé un hilo emocional que seguir, pero de lejos… prefiero la espontaneidad al control y la semi-rigidez de la fotografía de estudio, porque mi fotografía así lo requiere. Obviamente, tengo un respeto máximo por todos los tipos de fotografía, faltaría más.
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TaP: ¿Cómo preparas una boda? ¿Cómo la ideas?
LM: A las bodas voy con la mente totalmente abierta. De hecho, muchas veces me piden ir antes a los sitios y yo digo que no, porque luego te haces una idea de ésta o aquella foto en la cabeza y luego no puedes hacerla por mil razones. Eso frustra y coharta la creatividad. Mi técnica es exactamente la opuesta a la del estudio: NADA está preconcebido y me fuerzo a abrir los ojos, ser rápido, adaptarme a todo tipo de luz y captar lo que haya de la forma más interesante posible.
Es obvio que hay bodas que te dan más juego que otras, pero si una pareja lleva al menos un año preparándola con todo su cariño, no puedo tener la desfachatez de no captar todas esas cosas bellas. Ahí están las ideas, solo hay que abrir los ojos con respeto, cariño, responsabilidad y mucha humildad.
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TaP: En las bodas, prebodas, parece ser que el feeling entre el fotografo y la pareja es muy importante. ¿Cómo sueles encarar esto? ¿Cuales son tus trucos para sacar lo mejor de cada pareja durante una sesión?
LM: Ahora que las prebodas se están poniendo de moda, mucha gente cree que son para hacer unas fotos chulas sin más. Para mí eso es lo de menos… Lo realmente importante es quitarles el miedo a la cámara y que -aunque suene muy, muy cursi- nuestros corazones se sincronicen. Cuando una pareja ve tu trabajo de antemano y sabe quién eres, confía en ti el día de la boda. Sin esa preparación, mis fotos en la boda serían imposibles de hacer.
El truco en la preboda es dejarles soltarse poco a poco, darles su tiempo, pero sacarles lentamente de su zona de confort para que vean que con muy poquito de su parte, puedo sacar cosas bellas. Lo mismo pasa para cualquier reportaje de personas: el 80% de mi trabajo antes de cada reportaje es generar confianza, no disparar. Recuerdo especialmente una pareja cuya novia apenas me dejó una hora de tiempo para la preboda. Eso es muy poco tiempo, pero al final me dijo “oye, pues no ha sido tan difícil; habría estado un rato más…” Hoy está encantada con sus fotos de la boda, y yo, muy orgulloso del trabajo que hicimos los tres.
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TaP: ¿Cuentas con un equipo fijo de colaboradores? O lo formas en función del proyecto.
Normalmente en las bodas trabajo solo, pero sí me gusta incorporar colaboradores puntuales, gente que quiere aprender mi técnica. Son ayudantes que deben aportar fotos al reportaje, no moverme las maletas. En otro tipo de proyectos sí junto un equipo más numeroso en función del trabajo que haya que hacer, pero eso depende de cada caso…
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TaP: ¿Cuáles son tus siguientes proyectos?
LM: Hay tres cosas que me apasionan en mi vida profesional: la fotografía, enseñar e Internet. Para mí, la fotografía de bodas es un arte muy vocacional, muy bello, pero tiene la gran desventaja de la estacionalidad – son pocas las parejas que se casan entre noviembre y abril. Así que estoy trabajando en varios proyectos que tienen que ver con las cosas que me apasionan, pero basándome en modelos de negocio que puedan escalar, que no sean tan estacionales. En breve, te contaré más cositas…
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TaP: ¿Qué otros fotografos te llaman más la atención? ¿Podrías compartir con nosotros aquellas cosas que hayas visto por internet y que te hayan llamado la atención?
LM: He sido muy afortunado en llegar a este gremio en este momento del mercado español donde un pequeño grupo de locos hemos decidido hacer de la fotografía de bodas un arte, romper los moldes, dignficar la profesión. No somos muchos, pero la cosa va claramente en aumento. Mis inicios en el gremio se los debo a Fran Russo y Andrés Parro, dos maestros del fotoreportaje artístico de bodas. Más adelante me encontré con Carlos Vaquero, Alberto Ballbé y muchos otros. He sido muy afortunado, porque ahora mantengo con todos ellos no solo amistad, sino proyectos en común. A otros no los conozco personalmente, pero les sigo con devoción: técnicamente me gusta mucho Pablo López Ortiz, que me recuerda mucho al excelente Ben Chrisman. Fuera de España, la verdadera inspiración me viene con gente como Jerry Ghionis, Jeff Ascough, Fer Juaristi y un montón más. Hay artistas cuya valentía me encandila, como el irreverente y elegante Ryan McGinley, aunque no se dedique a las bodas. En vídeo, sin duda mis favoritos son la gente de Still Motion – en Canadá se están haciendo las cosas muy, pero que muy bien…
Es un momento bellísimo en la profesión, porque ¡POR FIN! se están rompiendo los viejos prejuicios basados en el secretismo técnico y el ego estúpido. Aquí cabemos todos, y cuanto más se comparta, más te dará la vida. ¡Hay que abrirse! Yo he aprendido mucho de todo el mundo, sigo aprendiendo de propios y extraños, de mis parejas, de las cosas que me proponen e invitan a arriesgar “ese pasito más” que me incomoda… y me encanta. Sin ese reto constante, si no tuviera esa pasión y ganas, seguiría dedicándome a la Consultoría, dicho esto con elmáximo respeto hacia mis ex-compañeros.
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TaP: Y para acabar… ¿algo más que quieras añadir?
LM: Pues poco más… agradeceros en Trips & Pics el que me hayáis querido entrevistar. Todo un honor. Os sigo desde hace tiempo, porque la idea de hacer algo digno y artístico de la fotografía de arquitectura es muy interesante. ¡Mi más sincera enhorabuena por el resultado!
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He comenzado la entrevista diciendo que considero a Luis mi amigo. No es del todo exacto. Luis también es alguien a quien admiro por su estilo fotográfico, por la genialidad que es capaz de hacer brotar de su caos provocado, por los momentos que sólo él sabe captar y por la pasión que pone contándote algo que tu ya sabes y que tu sientes de la misma manera. Luis es mi amigo, sí, pero si Luis sólo fuese un fotógrafo anónimo al que siguiese por Internet, sin duda alguna desearía que algún día me dejase ser amigo suyo.
Bye bye 2010
There’s a look on your face I would like to knock out
See the sin in your grin and the shape of your mouth
All I want is to see you in terrible pain
Though we won’t ever meet I remember your name
Can’t believe you were once just like anyone else
Then you grew and became like the devil himself
**** Pray to god I think of a nice thing to say
But I don’t think I can so fuck you anyway
You are scum, you are scum and I hope that you know
That the cracks in your smile are beginning to show
Now the world needs to see that it’s time you should go
There’s no light in your eyes and your brain is too slow
Can’t believe you were once just like anyone else
Then you grew and became like the devil himself
Pray to god I can think of a nice thing to say
But I don’t think I can, so fuck you anyway
Bet you sleep like a child with your thumb in your mouth
I could creep up beside put a gun in your mouth
Makes me sick when I hear all the shit that you say
So much crap coming out it must take you all day
There’s a space kept in hell with your name on the seat
With a spike in the chair just to make it complete
When you look at yourself do you see what I see
If you do why the fuck are you looking at me
Why the fuck why the fuck are you looking at me
There’s a time for us all and I think yours has been
Can you please hurry up cos I find you obscene
We can’t wait for the day that you’re never around
When that face isn’t here and you rot underground
Can’t believe you were once just like anyone else
Then you grew and became like the devil himself
Pray to god I can think of a nice thing to say
But I don’t think I can so fuck you anyway
So fuck you anyway.
Austria / Viena / Hundertwasserhaus
En el fantástico viaje que tuve la oportunidad de realizar este verano por el centro de Europa, quise centrarme mucho en ver, sobre todo, cosas relacionadas con la Historia y la arquitectura (mis dos grandes pasiones, además de la fotografía). Y estar en Viena me proporcionaba la oportunidad de poder contemplar muchos y muy diversos estilos arquitectónicos. Pero he de reconocer que, de entre todos ellos, uno de los que más me apetecía contemplar era el Hunderwasserhaus.
La casa Hundertwasserhaus, que se puede encontrar en la calle Kegelgasse 34-38 en el distrito 3 de Viena, es un complejo residencial municipal, construido recientemente (entre 1983 y 1986). Estructurado por artista Friedensreich Hundertwasser (lo cual es un apodo que significa ‘Reino de la Paz Cientos de Aguas’, aunque su nombre real eraFriedrich Stowasser), y planificado por el profesor de universidad Joseph Krawina, del mismo modo que pudo hacer Antonio Gaudí en su época con la Sagrada Familia, combina superficies irregulares y vegetación (250 árboles y arbustos). Y es que este genial escultor, que lo mismo diseñaba una escultura de 10 cm que el edificio de la antena de televisión de Viena, concebía su obra como una expresión del shock en el arte pictórico, la filosofía del ambientalismo environmentalismo que aplicaba al diseño de fachadas, sellos postales, banderas y vestidos (entre otras áreas). Los temas comunes en su trabajo son el rechazo a las líneas rectas, colores brillantes, formas orgánicas, una reconciliación de los humanos con la naturaleza, y un fuerte individualismo. Durante toda su obra, él permaneció constantemente en su estilo sui generis, con grandes influencias, como he dicho, de Gaudí. Pero no sólo de este tomó parte de su inspiración. También fue inspirado por los trabajos de Egon Schiele desde muy joven, y su estilo a menudo es comparado con el de Gustav Klimt. Su inspiración eran las espirales, y llegó a denominar a la línea recta como la “herramienta del diablo”. El denominó a su teoría del arte “transautomatismo”, basando su teoría en el Subrealismo automático.
Foto © Daniel Klein.
Lo que el visitante de la Hunderwasserhaus encontrará no se adapta a las normas y clichés convencionales de la arquitectura escolástica. Es un viaje por la tierra de la arquitectura creativa. Todo vale y nada es descartable de antemano. Son patentes los modelos de Hundertwasser, como el Palais Idéal de Ferdinand Cheval, las Torres Watts, y la anónima arquitectura de las Schrebergärten o huertas comunitarias y aquel del Märchenbücher. Pese a lo maravilloso de su arquitectura, el edificio en realidad se trata de un bloque residencial en el que se encuentran 52 viviendas y 4 locales de negocio, 16 privadas y 3 azoteas para el conjunto. Propósito tremendamente mundano para un diseño tan vanguardista. Es por tanto una maravilloso regalo a aquellos que en su día deseaban comprar una vivienda barata y de original diseño. Si bien la zona interior de los jardines no tiene nada nuevo que aportar a lo impresionante de su fachada, sí que merece (y mucho) la pena visitar su galería comercial, donde cada rincón y cada baldosa están colocados de manera estudiada creando un caos milimétricamente estudiado.
Foto © Daniel Klein.
Su creador, Hundertwasser, dijo en cierta ocasión sobre este edificio: “Un pintor sueña con casas y una buena arquitectura, en la cual el hombre sea libre y se haga realidad este sueño”.
Sin embargo, todo lo bueno que Hunderwasser tenía de escultor, le faltaba como arquitecto. Poco después de la inauguración, la conversión a la utilidad práctica (su principal objetivo) quedó incompleta. Las tejas de la azotea comenzaron a reblandecerse, el uso de plantas que a él tanto le gustaba (ansiaba demostrar la convivencia de la ‘naturaleza real’ con la ‘naturaleza que él creaba’ por medio de los materiales de construcción) ha generado tremendos gastos adicionales a los vecinos debido a que sus raíces (especialmente después de que el maestro variara la posición durante la construcción), están adentrándose en unos cimientos que ya de por sí se han demostrado no muy robustos. Para culminar, el creador pasó por alto un pequeño detalle que posteriormente ha generado numerosos problemas logísticos: los cristales de la fachada deben limpiarse mediante andamios y elevadores. No hay otra forma. Por último, comentar que esta construcción se vio recientemente envuelta en una gran polémica, ya que, si bien Friedrichsreich Hundertwasser fue el creador de la construcción, tras años de estar atribuida a él, Joseph Krawina le demandó queriendo apropiarse de la autoría real del edificio, ya que suyos son los planos y suya fue la construcción. Dejaba por tanto a Hunderwasser como un “conceptualizador espiritual” de la obra. En Mayo de 2010 la Corte Suprema de Viena dio finalmente la razón a Krawina, lo cual no sólo le otorgaba un honor que merecía, sino que le otorgaba el derecho a recibir enormes cantidades de dinero por todos los royalties atrasados de décadas de visitas, derechos de autor en las distintas publicaciones que se habían hecho eco de su obra y las distintas subvenciones que el gobierno austríaco concedía. Por tanto, desde entonces, la casa es denominada oficialmente como la Hundertwasser-Krawina Haus.
De cara a una buena sesión de fotos, es recomendable llevarse a la zona un gran angular (para las fotos de la fachada) y un objetivo luminoso para la zona de los bulevares. Es recomendable acudir a primera hora de la mañana, pues, si bien dispondremos de una luz adecuada, no tendremos a miles de turistas ansiosos por estropearnos la foto con sus cabezas o chubasqueros coloridos. Posteriormente, tras desayunar cerca, se podrá acceder al bulevar para ver la galería interior. Creedme, bien merece la pena el madrugón.
Entrevistado para Via Estilo
El blog, Vía Estilo, ha publicado una reseña sobre mi trabajo fotográfico. Me hicieron un par de preguntas y la verdad es que ha quedado un post bastante chulo. Podéis verlo aquí. ¡Muchas gracias por la entrevista y me alegra mucho que os guste mi fotografía!
Blanco y negro
Últimamente me estoy implicando mucho mucho más en la fotografía. Era una deuda que había contraído hace mucho con mi vida y a mi felicidad. Tanto, que dentro de poco podré dar novedades muy jugosas al respecto. Poco puedo contaros aún, pero lo que sí que es cierto es que, desde que ya estoy recibiendo mis primeros ingresos como fotógrafo, las cosas parecen ser mucho más sencillas y posibles. Ya os contaré.
No obstante algo que si veo que está evolucionando en mi, es mi pasión por el blanco y negro. Hasta el momento, lo consideraba una técnica difícil y muy destinada al retrato, lo cual es totalmente erróneo. Tras haberme encerrado ya unas cuantas veces en mi estudio con modelos, estoy descubriendo como la ausencia de color permite centrarte mucho más en la composición y las figuras que conforman la escena que creas por medio de la fotografía (parafraseando a Ansel Adams, hehe). Probadlo: haced una sesión de fotos con el visor de la cámara en blanco y negro, disparando directamente en blanco y negro (y disparando a la vez en RAW por si luego queréis hacer que la fotografía sea en color). Es toda una experiencia que aporta muchísimas más posibilidades que el color. Hasta ahora, es fácil dejarse impresionar por colores bonitos. Me he dado cuenta de que en muchas ocasiones caer en el uso de los colores bonitos hace que la ‘foto fácil’ salga a la luz y escena quede desvirtuada. No creas. Simplemente inmortalizas una escena que te viene dada. Prefabricada. Eso, con el blanco y negro, no sucede. Ahí, el color muere voluntariamente para dar paso al la figura, el fondo y la composición. La creatividad ha de esforzarse para crear una buena imagen y los elementos que lo componen han de ser lo suficientemente llamativos para poder aportar suficiente calidad a la escena.
Os enseño algunos ejemplos de los últimos trabajos que estoy haciendo en blanco y negro.
Fotografía © Daniel Klein.
El color no siempre es necesario para entender el mundo. Lo estoy disfrutando (entendiendo) ahora…
Austria / Linz / Nueva Catedral de Linz (Linzer Mariendom)
En plena ciudad de Linz, pasado el puente de los Nibelungos y al lado del convento de los jesuítas, se alza majestuosa la nueva catedral de Linz. Linz es una ciudad que sorprende. Alabada por Hitler en sus días adolescentes por la belleza de sus edificios, es una ciudad que respira arquitectura por todos lados. Combina a la perfección lo moderno con lo tradicional, lo majestuoso con lo sencillo y aporta un sinfín de contrastes allá donde se va. Todo esto, tuve la oportunidad de comprobarlo en el viaje que realicé este verano. Sin embargo, de todo lo mucho y bueno que se puede ver en Linz, probablemente lo que más me impactó fue su Catedral Nueva. También conocida como la catedral de la Inmaculada Concepción (Maria-Empfängnis-Dom), se trata de una catedral tremendamente tardía si se la compara con el resto de grandes catedrales que hay en Austria. El inicio de su construcción data de 1855 y tuvo lugar gracias a la tozudez de un obispo llamado Franz Joseph Rudigier, el cual, detestaba la antigua catedral de Linz y no cesó en su empeño hasta que consiguió que se alzase una a la altura de la hermosa ciudad de Linz.
Fotografía @ Daniel Klein.
De este modo, la primera piedra fue colocada en 1862 y, a partir de ahí, comenzó una construcción que se prolongaría durante 62 años, terminándose en 1924 (!!!). Es, además, sorprendente el pensar en todo el tiempo que se empleó en su construcción, máxime cuando varias de las estructuras se basan en las antiguas estructuras de la antigua Catedral de la Virgen María (Marien-Dom), que ya existía en el mismo lugar. Sea como fuera, el edificio es una magnífica obra en el más puro estilo gótico francés, muy de moda en la época en la que se diseñó. Por consiguiente, el visitante que se adentre en sus muros, encontrará altísimos techos, pilares majestuosos y desnudos, y vidrieras espectaculares. Este último elemento es especialmente importante, porque a lo largo de todas sus vidrieras, se va narrando la historia de la propia ciudad de Linz, lo cual aporta toda una lección de historia a aquellos que la visitan. También pueden verse en estas ventanas, retratos de los principales mecenas que tuvo la catedral.
Fotografía @ Daniel Klein.
El interior de la catedral es impresionante. De los más bonitos que he visto en mi vida. Con más de 20.000 asientos en su interior, durante algunos momentos de su historia, bien pudo decirse que en el interior de la catedral cabía casi toda la población de Linz. Su torre, de 124m de altura es una de las estructuras más altas de todo el país, y la segunda torre religiosa más alta de Austria. Y no fue la primera porque fue prohibido por el colegio de arquitectos de Viena. Cuenta la historia que en los tiempos de la construcción de la catedral, esta debía someterse a las normas que el imperio austro-húngaro había dictaminado para todas las construcciones religiosas de sus territorios. Y una de dichas disposiciones, indicaba que ninguna estructura religiosa podría ser más alta que la torre Sur de la catedral de San Esteban, en Viena, la cual tiene 135m de altura. Es por ello que hubo que modificar los planos originales para reducir la altura originalmente planeada (140m).
Probablemente, más allá de la majestuosidad de esta catedral, una de las cosas que más llama su atención es su triste historia. Pese a ser uno de los edificios más notables de toda Austria, apenas ha sido utilizado. Es un edificio vacío de acontecimientos. Probablemente ello es debido a que su tardia terminación la convirtió en un edificio desproporcionadamente amplio para las necesidades de una ciudad que fue duramente castigada primero por la postguerra de la I Guerra Mundial, y luego por la II Guerra Mundial. Durante los bombardeos de la misma, muchas de las hermosas vidrieras resultaron completamente destruidas y su reconstrucción era tan costosa económicamente, que tuvo que ir abordándose poco a poco a lo largo del tiempo, dejando el edificio inhábil para su utilización. Por ello, se decidió que en vez de recuperar aquellas antiguas vidrieras, se optaría por dotar a los espacios con nuevas vidrieras con motivos de arte moderno. Ello genera una interesante mezcla con las anteriores vidrieras que sí son de un estilo bastante más antiguo.
Fotografía @ Daniel Klein.
De todos vosotros será conocida mi predilección por visitar obras de arquitectura religiosa. Estoy convencido que, durante siglos, las mejores mentes, los mayores presupuestos y las más innovadoras obras de arte tuvieron lugar en ese terreno, frente a otras como la arquitectura civil o militar. Y ello es tremendamente agradecido de cara a la fotografia. Mentes tan brillantes y escenógrafos tan notables, eran capaces de crear una y otra vez maravillas visuales que no tiene comparación alguna en ningún otro terreno. Y de cara a fotografiarlo, siempre es agradecido. Esta catedral proporciona una oportunidad inmejorable para poder hacer lo que te de la gana. La ausencia casi constante y absoluta de público visitándola (incluso en el mes de agosto (!!!) hace que se puedan hacer aquellas fotos que a uno le plazca. Es preferible irse hacia la tarde, puesto que la luz de oeste se cuela por las vidrieras y genera unos efectos de destellos muy chulos. Adicionalmente, es posible usar trípode y fotografías de larga exposición. En este caso, usé un 10-20 y un 17-55 que me dieron unos resultados excelentes. Sin embargo, he de decir que pese a que la propia estructura interna de la catedral es impresionante, los juegos de luz que se creaban en su vidrieras fueron los que más juego me dieron en las fotos. Generaban efectos impresionantes en todos los sentidos y de las dos horas que pasé allí haciendo fotos, casi se me pasaron volando.
Tanto es así, que me prometí a mi mismo regresar ahí dentro de diez años y volver a visitar tan majestuoso edificio.
Spain / León / MUSAC
Muchas veces buscamos fuera de España lo que tenemos aquí. He tenido la suerte que visitar bastantes museos de arte contemporaneo en todo el mundo, y he de decir que aquellos que tenemos en España no le envidian prácticamente nada a los que existen fuera. Y no me refiero solamente al Reina Sofia en Madrid o al Macba de Barcelona, sino a otros muchos que existen salpicando España. De todos ellos, el que más gratamente me ha sorprendido fue el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, también conocido por sus siglas MUSAC, situado en la ciudad de León. Creado con el propósito de ser un “Museo del Presente” o “Museo del siglo XXI”, su colección y sus exposiciones y actividades están fundamentalmente dirigidas a abarcar el arte actual en sus diferentes manifestaciones. Os aseguro que en pocos museos he visto que se cuide tanto la calidad de las obras que se exponen, que se traiga a artistas tan importantes y que sea uno de los pocos espectáculos que te garantiza, siempre, salir satisfecho por las cosas que has visto.
Fotografía @ Daniel Klein.
Enfocado principalmente a artes audiovisuales y plásticas, este museo me ha mostrado las más impactantes obras en vídeo y fotografia que yo recuerde haber visto últimamente en España. Obras tan originales como llenar de televisiones toda una habitación y proyectar a distintas personas del mundo cantando la misma canción (aunque estas personas nunca llegaron a verse), ver una exposición de arte moderno con los restos del yate AZOR (antiguo yate de recreo de Franco), o exposiciones audiovisuales en las que se mostraban sólo aquellos fragmentos de películas en los que los actores hablaban, mostrando hechos tan insólitos como que Clint Eastwood sólo habló un total de 13 minutos en su película de Harry el Sucio. En definitiva, obras llenas de imaginación y plasmadas en un edificio espectacular en su interior. Diseñado sobre una estructura de paneles transversales, queda dotado de una flexibilidad que le permite desde convertirse en una gran caja hueca hasta albergar varias exposiciones al mismo tiempo en dependencias distintas. Todo ello, ha hecho que este magnífico edificio, obra del estudio de arquitectos madrileño Mansilla y Tuñón Arquitectos, haya merecido un gran reconocimiento internacional con la concesión, en el año 2007, del Premio Mies van der Rohe de Arquitectura Contemporánea de la Unión Europea. Adicionalmente ha participado en certamenes y exposiciones desarrolladas por centros de reconocido prestigio mundial.
Fotografía @ Daniel Uriol.
Una sesión de fotos en este lugar es una auténtica delicia. Respetando la prohibición de no disparar con flash en el interior, el fotógrafo tendrá toda la libertad que desee para poder planificar su disparo, así como para disfrutar de las temáticas más inusuales para sus composiciones. Se podrá encontrar todo tipo de escenarios (poca luz, mucha luz, movimiento) y la belleza del edificio, también propiciará un escenario ideal para sesiones de exteriores con modelos. El único pero que se puede encontrar es la escasez de puntos de apoyo para aquellas fotos en las que se quiera usar largas exposiciones (usar trípode en el interior queda prohibido). No obstante, esto no será sino un ligero ‘pero’ en lo que seguro que va a ser una visita magníficamente aprovechada.
Historia de una foto: Kevin Carter
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Hace poco leí una historia que me sobrecogió profundamente. Era la historia del fotógrafo Kevin Carter. Su trabajo más importante fue la fotografía que con la que da comienzo este post. Se trata de una pequeña niña sudanesa famélica tras la cual se encontraba un buitre al acecho. Kevin Carter estaba presente en la escena, buscó el encuadre que su mente había imaginado y disparó. La fotografía fue publicada en el New York Times el 26 de marzo de 1993 y recorrió el mundo entero por el enorme dramatismo de la escena. Al poco tiempo, Carter recibió por ello el premio Pulitzer. En las entrevistas realizadas posteriores a la consecución del premio, Carter explicó con gran dramatismo cómo para la consecución de una foto mejor esperó unos veinte minutos a que el buitre abriera sus alas, lo cual no llegó a ocurrir. Pero, como suele suceder, el premio no quedó exento de crítica:al poco tiempo comenzó a ser objeto de duras críticas por aprovechar una situación tan terrible para su propia fama, llegándose a comparar al fotógrafo con el buitre. No prestó ayuda a la niña. Disparó, se dio media vuelta y se fue. Ante tales críticas, Carter hizo un intento de justificación en el discurso de que la pequeña sólo estaba haciendo sus necesidades, y que la tribu a la que pertenecía estaba a tan sólo unos 20 metros de ella. Por otra parte, la explicación del buitre sería que sólo esperaba su ración de comida.
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“Es la foto más importante de mi carrera pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla, la odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña.”
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Tras ello, Carter se hundió profundamente en una gran depresión. Aquél trabajo que le había encumbrado, le devoraba por dentro. Tratando de reencauzar su actividad fotográfica, pasó de reportero a fotógrafo de naturaleza. Tras la presión de las críticas y la muerte de un amigo, Ken Oosterbroek, asesinado, el 18 de abril de 1994 durante un tiroteo que cubría en Tokoza, Johannesburgo, su melancolía fue aumentando y al mismo ritmo que le desesperaba todo aquello que le rodeaba. Dicen aquellos que le conocían que su caracter siempre había sido complicado: muchos años antes había intentado suicidarse, fumaba White Pipe, una mezcla de marihuana, mandrax y barbitúricos, tenía graves problemas familiares y una personalidad desordenada, perdía sus carretes de fotos en aviones y aeropuertos, arrastraba depresiones, llevaba una vida caótica y tenía acumuladas experiencias trágicas como para colapsar las consultas de varios psicoanalistas. Así, la espiral de desesperación fue en aumento impidiéndole trabajar más, primero y recluyéndole en su casa, de la que no salía nunca y a la que no admitía visitas. Asfixiado por su propia personalidad, el 27 de julio de 1994 se fue a las afueras de Johannesburgo, cerca del río donde jugaba cuando era niño, después de aparcar su furgoneta y enchufar una manguera al tubo de escape. Moría así víctima de la fotografía que le había encumbrado al Olimpo de los reporteros.
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Sin embargo, la polémica no parecía ser del todo estéril. Cierto es que el reportero no había ayudado a aquella niña, pero también todos los detalles adicionales dados parecían indicar que no existía tanta gravedad en la escena real que retrató. Sin embargo, el reportero gráfico sudafricano João Silva, quien acompañó a Carter a Sudán, dio una versión diferente de los hechos en una entrevista con el escritor y periodista Akio Fujiwara que el japonés publicó en su libro El Niño que se Convirtió en Postal (Ehagaki ni sareta shōnen). Según Silva, él y Carter viajaron a Sudán con las Naciones Unidas y aterrizaron en la zona sur de Sudán el 11 de marzo de 1993. El personal de Naciones Unidas les dijo que despegarían de nuevo en unos 30 minutos (el tiempo necesario para distribuir la comida), así que se dispersaron para hacer algunas fotos. El personal de Naciones Unidas comenzó a hacer su labor, distribuyendo el maíz y las mujeres del poblado, como era habitual, salieron de sus chozas de madera hacia el avión. Estos solían ser momentos de gran tensión, puesto que las mujeres corrían a pedir la comida dejando atrás todo aquello que estaban haciendo. Y una de aquellas cosas solía ser el cuidado de sus hijos. Silva, mientras tanto, fue a buscar guerrilleros, mientras que Carter no se alejó más que unos pocos metros del avión. Según Silva, Carter estaba bastante sorprendido, puesto que era la primera vez que veía una situación real de hambruna, por lo que hizo muchas fotos de niños hambrientos. Silva comenzó también a tomar fotografías de niños solos en el suelo, como llorando, que no se publicaron. Los padres de los niños estaban ocupados peleando y tratando de recoger la máxima cantidad de comida del avión, por lo que la escena era perfecta: estaban totalmente desentendidos de los niños. Esta era la situación de la niña de la foto hecha por Carter. Un buitre se posó detrás. Para meterlos a ambos en cuadro, Carter se acercó muy despacio para no asustar al buitre, e hizo la foto desde unos 10 metros. Hizo algunas tomas más y el buitre se fue. Dos fotógrafos españoles que estuvieron en la misma zona por aquellas fechas, José María Arenzana y Luis Davilla, sin conocer la fotografía de Kevin Carter, tomaron una imagen en una situación muy similar. Según narraron en varias ocasiones, 12 era un centro de alimentación, y los buitres acudían por los desperdicios de un estercolero.
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Lo curioso de la foto es que tiene todas las luces de ser una imagen ‘montada’. Es muy probable que Carter usase un 70-200, usando un f muy alto y aplastando al máximo la imagen para que las figuras quedasen igualmente nítidas y cercanas. Probablemente, el buitre estaba a más de 20 metros de la niña, pero el efecto de la lente provoca esa sensación de proximidad.
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Lo que nunca entenderé es porque Carter se culpó a sí mismo de una imagen que fue creada artificialmente por él y que, adicionalmente, generó a base de esperar a que los elementos se dispusiesen como él quería y retocando la lente para generar el efecto que él quería.
En cualquier caso, la imagen le atormentó de tal manera que finalmente le sumió en la desesperación y le condujo al suicido.
Rep. Checa / Terezín / Campo de concentración de Theresienstadt (Malá pevnost)
A 60 kilómetros al norte de la ciudad de Praga (República Checa), allá por el siglo XVIII, el príncipe Jose de Ausburgo decidió construir una magnífica fortaleza para su ejército, temiendo posibles ataques rusos por el norte. A dicha fortaleza, repleta de soldados, la llamó Terezín (ciudad de Teresa, en checo), en honor de su madre, la Emperatriz María Teresa de Ausburgo. Fue tal el tamaño e importancia que adquirió esta fortaleza que al poco tiempo se hizo necesario crear una ciudad satélite que diese cobertura logística a toda la actividad que allí se realizaba. Dicha ciudad, fue llamada Terezín igualmente, dejando a la antigua Terezín sólo con el sobrenombre de Fortaleza de Terezín. Durante décadas, tanto fortaleza como ciudad vivirían un esplendor magnífico, adornando las murallas y fosos que les rodeaban de bellas decoraciones.
En el año 1940, con Checoslovaquia sometida por el III Reich, y ya en plena II Guerra Mundial, las tropas de la Gestapo comenzaron a estudiar la viabilidad de convertir la fortaleza en un gran campo de concentración que albergase a los prisioneros checos que eran detenidos. Fue así como el 10 de junio de 1940, la policía secreta alemana tomó el control de Theresienstadt (en alemán, Ciudad de Theresa, -nombre alemán de Terezín-) instalando una prisión en la Kleine Festung («Fortaleza pequeña»). Posteriormente, en la propia ciudadela amurallada de Terezin crearían uno de los guetos más significativos de toda centro-europa.
Fotografía Daniel Klein.
Si algo diferenciaba a este nuevo campo de concentración del resto de campos era que fue precisamente este enclave el elegido para ser utilizado por el Ministerio de Propaganda Alemán para mitigar los ya imparables rumores que recorrían Europa sobre el trato que se estaba dando a la comunidad judía. Por todos lados aparecían historias de exterminios, pueblos desplazados y matanzas masivas. Theresienstadt debía cambiar esa opinión y el ministerio de Propaganda puso tuda su maquinara a trabajar ene ello. Se decidió que para el mundo exterior, Theresienstadt debía aparecer como una colonia judía modelo. Incluso se rodó una película con el título de Der Führer schenkt den Juden eine Stadt (El «Führer» regala una ciudad a los judíos), para transmitir esa sensación.
Todo el asunto de la propaganda comenzó en 1943. En octubre de 1943 fueron deportados a Theresienstadt 476 judíos procedentes de Dinamarca. La mayoría de los judíos daneses pudieron salvarse, pues escaparon a Suecia, con lo que las fuerza alemanas de ocupación no podían hacerse con ellos. Pero el gobierno danés tampoco abandonó a sus ciudadanos encerrados en Theresienstadt. La presión que hicieron sobre el gobierno nazi contribuyó a que los nazis, durante algunos meses, con fines propagandísticos y para engañar a la opinión pública internacional, convirtieran Theresienstadt en un campo modelo. Los judíos más saludables eran llevados allí a fin de mostrar aspecto de estar sanos y desde las SS fomentaron que los judíos desarrollasen infinidad de actividades lúdicas: se instalaron cafés y se hizo la vista gorda con respecto a que se creasen escuelas clandestinas para que los niños asistiesen a clase. Se formó una orquesta judía, aprovechando el hecho de que varios afamados compositores se encontraban internados allí (probablemente el más famoso fue Hans Krása), y fueron varias las óperas de éxito que se representaron allí. La más célebre de todas fue Brundibár. Adicionalmente, bastante famoso fue el teatro de Theresienstadt, el cual representó 30 obras distintas (cada una con unas 50 representaciones) en un periodo de 4 años. Ello, generó una corriente de buena imagen que situó al campo justo en el punto en el que la Gestapo y las SS querían: un campo de judíos llevando una vida tranquila, con infinidad de actividades culturales, agricultura y donde incluso se llegaron a montar torneos de fútbol. El 26 de febrero de 1944 se empezó a rodar una película propagandística: «Theresienstadt – Ein Dokumentarfilm aus dem jüdischen Siedlungsgebiet», bajo dirección de Kurt Gerron. Se pretendía mostrar lo bien que les iba a los judíos bajo los ‘beneficios’ del Tercer Reich. Paradójicamente, dicha película tuvo un efecto llamada en muchos otros judios de Europa, los cuales emigraron hasta Terezin en busca de esa tierra amable con los judíos y huyendo de su propia desdicha local. Para culminar su obra maestra de la propaganda, las SS permitieron en junio de 1944 que una delegación del Comité Internacional de la Cruz Roja visitara Theresienstadt. Iba a ser su momento culminante. Ordenaron ‘adecentar’ el campo, retirar a los enfermos y sacar a gran parte de los 50.000 judios que allí se hacinaban. Para ello, se reforzó antes de la visita el transporte de prisioneros al campos de Auschwitz-Birkenau, donde al principio se mantuvo vivos a los deportados en una zona especial (el «campo familiar») para poder presentarlos en caso de que la Cruz Roja reclamara verlos. Después de la visita, esas personas fueron enviadas a las cámaras de gas. Se obligó a decir a los prisioneros seleccionados por su mejor aspecto que llevaban una vida tranquila y feliz, con buena comida e incluso presentaron viandas a los visitantes producto de una ‘panadería’ (el pan fue comprado en un pueblo de al lado). Los prisioneros además simularon pasear por las calles como si fuesen libres, con niños y supuestas esposas con ellos. Cuando se les interrogaba ellos manifestaban frases aprendidas de antemano de elogios a sus carceleros. Tras la terminación de la película y las visitas de la Cruz Roja, la mayoría de los actores y el propio director fueron deportados a Auschwitz.
Fotografía Daniel Klein.
Además de otros deportados no judíos, el cómputo general de estadísticas dice que por este campo de concentración pasaron números judíos procedentes de Checoslovaquia; además, alrededor de 144.000 judíos fueron enviados a este campo: unos 40.000 de Alemania, 15.000, de Austria; 5.000, de los Países Bajos, unos 300 de Luxemburgo, 500 de Dinamarca, 500 de Eslovaquia y otros 500 de Hungría. Alrededor de la cuarta parte de los deportados (unos 33.000) murió en el campo de concentración, sobre todo por las malas condiciones: el hambre y las enfermedades, en especial la epidemia de tifus que se desencadenó cercano ya el final de la Guerra. Unas 88.000 personas fueron trasladadas de aquí a Auschwitz y otros campos de exterminio. Al finalizar la Guerra, sólo se encontraron 17.247 supervivientes.
De cara a una sesión de fotografía, el visitante encontrará una excelente oportunidad de ver el campo casi intacto. De todos los otros campos en los que he tenido la oportunidad de estar, podría decir fácilmente que este es de los que mejor conservado se encuentra, y que dispone casi intactas de todas las dependencias de prisioneros, las viviendas de los carceleros y muebles originales de la época. Ello, junto con la enorme cantidad de ventanas que existe, hace que se encuentren infinidad de contraluces y encuadres con efectos de luz en los objetos. Gran parte de la maquinaria, la loza y los utensilios permanecen allí intactos, lo cual es magnífico de fotografiar. Es muy recomendable no hacer la visita guiada (apenas aporta nada) y pasearse por el campo tranquilamente, buscando la foto y la posición con calma y casi sin gente alrededor. Todas las dependencias están abiertas y todas ofrecen excelentes fotos. No es posible llevar trípode, pero existe infinidad de puntos de poyo para evitar trepidación de cámara. Eso sí, reservad al menos 4 horas de tiempo para poder disfrutar de una buena sesión de fotos.
Es un auténtico regalo para una buena sesión de fotografía de edificios antiguos o abandonados.
USA / Miami / Miami Beach
“Un sitio trepidante en el que todo puede suceder”. Así me definieron Miami Beach justo antes de ir. Popularizado hasta la saciedad por films de gran éxito en el cine y la TV Americana (Bad Boys, Miami Vice, CSI, …), Miami Beach es en realidad una ciudad independiente de Miami, pese a lo que la gente suela creer. Situada en el Condado de Miami-Dade, Florida, se trata en realidad de una minúscula ciudad que aglutina para sí las más impresionantes características de Miami. Según el censo de 2007 la ciudad tenía en ese entonces una población total de 85,036 habitantes.
¿Qué hace especial a un lugar tan pequeño? Sin duda alguna lo pintoresco de sus construcciones y la frenética vida que se vive en todos sus rincones. Más de 200 Bares, clubs, tiendas de ropa y selectos restaurantes conforman la mayor parte de sus construcciones. Aquél que lo visite no tendrá problema en ver cervecerías que utilizan a gogos deslumbrantes en la propia acera de sus puertas para detener la atención de los viandantes y, si hay suerte, hacer que entren a tomar una copa. Como es de suponer, a dichas gogós las acompaña una atronadora música que está presente en todos los rincones a los que vayas. Esto, que podría parecer exagerado para bares, es copiado exactamente del mismo modo por restaurantes, tiendas de ropa, etc … Si la idea funciona, da igual el negocio (parece ser).
Fotografía Daniel Klein.
Sin embargo, lo que de verdad anima la ciudad, es su comunidad gay. El diseñador Giani Versacce vivía en esa zona y gustaba de pasearse por sus calles como uno más, cosa que sus vecinos adoraban, ya que daba un aire de cotidianidad al hecho de que famosos paseen por sus calles. Que fuese asesinado por un perturbado a la entrada de su casa, no hizo sino popularizar más aún la zona y convertir su casa en un lujoso hotel en el que hay que reservar habitación con más de 6 meses de antelación y cuya habitación más barata no baja de los 2.000 USD la noche. USA debe al star system lo que el star system le debe a USA. Pero muchas otras celebridades del mundo del espectáculo y del mundo judio han decidido trasladar su residencia allí, lo cual no sólo aumentó enormemente la renta per capita de los ciudadanos de Miami Beach, sino que propició a la zona un nivel de vida social apenas conocida hasta el momento (fiestas lujosas, ampliación d elos puertos para la llegada de los yates e infinidad de coches lujosos por las calles).
En definitiva, aquél que se adentre en un paseo por la zona de Miami Beach o Ocean’s Drive, tendrá la sensación de protagonizar una película de las muchas que habrá visto, de contemplar una exposición de color en cada esquina o cada calle y de sentir el enorme estruendo de música y alegría que existe constantemente. Y es que Miami Beach no duerme ni descansa. Fue concebida para el disfrute, la fiesta y el deleite de los que viven allí o los que desean dejarse caer para pasar sus ratos libres.
Fotografía Daniel Klein.
Un rato fotográfico allí debería comenzar por el bar News Cafe, uno de los sitio más pintorescos de la zona. A partir de ahí, se podrá ir por toda la playa a través del paseo marítimo y, posteriormente subir hacia Ocean’s Drive, donde se pueden visitar varios de los edificios Art Decó más bonitos de todo USA (según me aconsejó un buen amigo). Miles de fotos curiosas esperarán por esa zona, salpicadas de coches impresionantes (un ferrari allí es de lo más normal). Sin duda, toda una experiencia para vivir … si es que sobrevivís al extenuante calor
Austria / Salzburg / Casa natal de Mozart (Mozarts Geburtshaus)
Pasar por Salzburg y no visitar las casa de Mozart, es como ir a Mallorca y no ver el mar. Un auténtico crimen
La pequeña ciudad de Salzburg, en plenos Alpes austríacos, concede al visitante la increible experiencia de visitar la casa en la que nació el que probablemente haya sido el mayor genio musical de todos los tiempos: Mozart. Nacido como Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart (lo de Amadeus -Amadè- se lo apropió él años más tarde, tomándolo prestado de uno de sus hermanos) en 1756, fue uno de los 7 hijos del gran músico Leopold Mozart, al cual, probablemente, debamos agradecer más que a nadie el que tanto ensalcemos la obra de su hijo. Mucho se ha hablado del inmenso caudal de talento que el pequeño Wolfgang demostró desde muy temparana edada, atesorando records de precodidad nunca antes vistos (cuando tenía cuatro años tocaba el clavicordio y componía pequeñas obras de considerable dificultad; a los seis, tocaba con destreza el clavecín y el violín). Pero fue la inflexible y dura mano de su padre la que sacó todo ese talento de un niño que era desorganizado en sus pensamientos y palabras, al que le costaba mantener su concentración varios minutos seguidos y que parecía más interesado en revolotear por las distintas callejuelas de Salzburg que de aplicarse en la metódica del compás y el pentagrama. Leopold, aparte de ser un gran músico, supo disciplinar a su hijo (si es que eso es posible en un niño de 3 años), y supo detectar del mismo modo su excelente oído, su innata capacidad para leer música a primera vista, una memoria prodigiosa y una inagotable capacidad para improvisar frases musicales. El caso es que la muerte de 5 de sus otros hijos, hizo que este buen músico, abandonase todo, salvo las tareas propias de su cargo como maestro de capilla en la corte del arzobispo de Salzburgo, y se volcase por completo en la educación musical de su único hijo varón vivo que le quedaba.
La casa natal de Mozart se encuentra en la Getreidegasse, 9, muy cerca de la gran Galerie Altnöder. Se trata de una casa que actualmente cuenta con una gran cantidad de objetos de la época e instrumentos que pertenecieron a Mozart durante su niñez. Es uno de los lugares más visitados de Salzburgo y una especie de santuario para músicos y aficionados a la música de todo el mundo, como es mi caso (no por lo de músico, sino por lo de aficionado). Fue en esa csa en la que el joven Wolfgng comenzó a entrar en contacto con la música y en cuyas paredes la estudió la interiorízó.
Casa de Mozart – cocina-. Fotografía @ Daniel Klein.
Debido a su empleo, Leopold tenía fácil acceso a la más alta sociedad austríaca (palacio real incluído) y ello le llevó a querer compartir con ellos el talento de su hijo, al que consideraba tocado por la divinidad. Cuando el niño iba cumplir 6 años de edad, Leopold se lanzó en una gran travesía por toda Europa que buscaba exhibir las dotes musicales de sus hijos ante las principales cortes de Europa. Leopold creyó que proclamar este milagro al mundo era un deber hacia su país, su príncipe y su Dios. Ello, que hoy nos parece una bendición, en el fondo fue una brutal sucesión de viajes extremadamente largos y cansados (eran a través de pedregosos caminos) que alejó a Wolfgang de cualquier cosa que se pudiese asemejar a una infancia. En 1762 (Mozart tenía 6 años), visitó Munich, Viena, Praga y estuvo fuera de su casa un año entero. Como dato curioso, decir que fue en su estancia en Viena en la que el pequeño Mozart dió su primer concierto completo (en el Palacio de Schönbrunn). Todo fueron elogios.
Ello llevó a su padre a lanzarse a una gira mucho más larga, salvaje y ambiciosa con el fin de recaudar dinero a base de conciertos privados para la nobleza. Durante los 3,5 siguientes años, el pequeño Mozart (insisto, recordemos que tenía sólo 6 años), no haría otra cosa más que viajar, tocar y componer entre concierto y concierto. Pero lo que para cualquier persona sería una auténtica paliza, para él resultó ser algo perfectamente llevadero. Viajó y tocó en Múnich, Mannheim, París, Londres, La Haya, regresó otra vez a París y volvieron a casa pasando por Zúrich, Donaueschingen y nuevamente Múnich, cosechando grandes éxitos. Posteriormente, tras un breve descanso, fue de nuevo a Londres y, tras llevar a cabo varios conciertos en los Países Bajos, regresó a Viena, donde permanecería unos meses antes de irse a París. De allí regresarían a Salzburg donde descansaría unos meses antes de lanzarse a una nueva gira por Italia que le llevaría a Bolonia, Milán y Roma, donde asistiría a conciertos en la capilla sixtina. Todo esto no es sino un breve ejemplo del brutal sacrificio al que su padre le sometió para exprimir el talento de su hijo. No obstante no todo fue negativo: si bien debido a estos viajes, Mozart se pasó más de 1/3 de su vida viajando, lo cierto es que tuvo la oportunidad de entrar en contacto con la flor y nada de los músicos de la época y recibió clases, honores y oportunidades que nunca habría conseguido de no ser a través de tales viajes: como ejemplo, baste decir que en Londres conoció a Johann Christian Bach, en Bolonia a Giovanni Battista Martini, en Roma a Gregorio Allegri; en su viaje a Bolonia fue aceptado en la Academia Filarmónica de Bolonia (hecho excepcional puesto que era la academia más importate del mundo en esos días y se le permitía acceder a ella con 14 años, cuando la edad mínima de aceptación era de 20), y en Roma fue nombrado Caballero de la Orden de la Espuela de Oro. En definitiva, su sacrificio acabó obteniendo los frutos que su padre Leopold deseaba.
El joven Wolfgang, comenzó a verse interesado por profundizar en las posibilidades de los distintos instrumentos que tocaba. En 1775 se centró en estudiar las posibilidades del violín produciendo una serie de cinco conciertos (los únicos que escribiría en su vida) e incrementando constantemente su sofisticación musical. Los últimos tres (KV 216, KV 218 y KV 219) son ahora básicos en el repertorio de este instrumento. El año siguientes, se centró en el piano y su interacción con la orquesta, escribiendo numerosos conciertos y culminándolo en el Concierto para piano y orquesta n.º 9 en mi bemol mayor (llamado Jeunehomme) a principios de 1777, considerado por los críticos el punto de inflexión de su obra.
Primer violín de Mozart. Fotografía @ Daniel Klein.
Pero en aquella época, dos aspectos cambiarían su vida por completo. El primero fue su ya manifiesto esnobismo por las cosas caras, extravagantes y, muchas veces, absurdas, de las que gustaba rodearse. Todo aquello estrafalario, llamaba su atención, sin importar el precio que tuviese. Es de aquellos días de los que data su famosa frase de “Yo quisiera tener todo lo que es bueno, auténtico y bello” (hoy una especie de slogan que ha adoptado para sí la ciudad de Salzburg y que bien se encarga de poner en todo tipo de camisetas, pines y posters). Con eso, queda explicado todo. La segunda fue que una ciudad tan pequeña como Salzburg, poco dinero podría ofrecer a una persona con gustos tan caros y extravagantes. Por todo ello, buscando nutrirse de mayores retos y riquezas, se lanzó a nuevos viajes tratando de conseguir empleos que satisficiesen sus demandas. Viajó de nuevo por Múnich, Paris, Viena, Augsburgo, Mannheim, y otras ciudades. Era el momento de recolectar lo cosechado en sus años de siembra infantil. En ese viaje, se volvió a encontrar con muchos de los antiguos nobles y reyes que años atrás habían idolatrado su maestría para tocar, pero ni uno sólo de ellos aceptó pagarle el alto sueldo que exigía por prestar sus servicios como músico permanente de su corte. Derrotado y tremendamente ofendido, en 1779 regresó a Salzburg, apesadumbrado además por la muerte de su madre durante su ausencia.
Desde entonces, comenzó a trabajar como lo que hoy llamaríamos ‘músico freelance’, componiendo para todo aquél que le encargase alguna obra y que pagase por adelantado. Su situación financiera era tremendamente angustiosa y su orgullo le llevó a rechazar varios trabajos que aseguraban dinero pero no abrillantaban curriculum. Famoso es el incidente en el que se sintió ofendido cuando el arzobispo Colloredo lo trató como a un mero sirviente y particularmente cuando el arzobispo le prohibió tocar ante el Emperador en casa de la condesa Maria Wilhelmine Thun, actuación por la que hubiera recibido unos honorarios iguales a la mitad del salario anual que cobraba en Salzburgo. un nuevo enfrentamiento llegó en mayo, cuando Mozart se negó a llevar un paquete enviado por Colloredo a Salzburgo. Ante su negativa de convertirse en mensajero, Mozart es insultado por su patrón y el compositor, de forma audaz, lo interrumpe en medio de su ira: ‘¿Su Gracia no está conforme conmigo?’. La respuesta de Colloredo fueron más improperios y se cerró con un «¡vete ya!». Mozart intentó dimitir de su puesto presentando su renuncia al auxiliar del arzobispo, el conde Arco, pero el arzobispo la rechazó. Le concedieron un permiso el mes siguiente, pero de forma insultante. Días más tarde, cuando Mozart intentaba entregar personalmente a Colloredo un último «memorial», el conde Arco le cerró el paso en la antecámara del arzobispo, produciéndose otra escena violenta, y el compositor fue expulsado literalmente ‘con una patada en el culo’. Su temperamento y carácter le estaba cerrando más puertas de las que su virtuosismo le había abierto en su infancia.
Tras ello, se desplazó a Viena buscando nuevas oportunidades y dinero. Allí, estrenaría obras de gran éxito, como su ópera El rapto en el serrallo, la cual cosechó gran éxito. Tras escucharla, el emperador José II comentó al final del estreno de la ópera: ‘Música maravillosa para nuestros oídos, verdaderamente creo que tiene demasiadas notas’, a lo que el compositor contestó: ‘Exactamente, ¿cuántas son menester?’. De nuevo, se cerraba puertas. Durante los siguientes años, compondría como un loco, se casaría con una soprano de escaso talento musical (pero que lo amaba con locura), llamada Constance y comenzó su época más prolífica como compositor. Sacaba a la luz más de cuatro conciertos al año y obtenía grandes ingresos por ello. Por fín parecía que su tozudez y talento le estaba dando resultado. Por ello, el matrimonio Mozart comenzó a llevar un estilo de vida lujoso. Si ya de por sí Wolfgang era dado a gastar todo aquello que tenía (y lo que no tenía), cuando se vio con dinero en las manos, comenzó una incesante carrera de gasto que escandalizó a su propia mujer, cómplice hasta el momento de su insensatez. Pero de nuevo dos hechos concretos hundieron su vida en esos días: la guerra entre Austria y Turquía y el que el nivel de prosperidad y estatus económico de la aristocracia, que los financiaba, se redujese. se acabaron para siempre los días de opulencia y despilfarro. Se acabó el dinero y más aún para subvencionar músicos. Pero eso a Mozart no le imortó y no varió un ápice su estilo de vida. Pensando que las cosas pronto volverían a ser como antes, comenzó a pedir prestado dinero a todos aquellos a los que conocía, en general a sus amigos y hermanos de la misma logia masónica a la que se había afiliado, y en particular a Johann Michael Puchberg.
Asfixiado por el dinero que debía y no tenía, en 1790 Mozart realizó una nueva serie de largos viajes con la esperanza de incrementar sus ingresos: a Leipzig, Dresde y Berlín en la primavera de 1789 y a Francfort, Mannheim y otras ciudades alemanas. Estos viajes sólo produjeron éxitos aislados y no mitigaron los sufrimientos económicos de la familia. Estaba desolado. Su mujer no hacía sino reprocharle su constante despilfarro, sus hijos enfermaban frecuentente por la mala nutrición a la que se veían sometidos, sus ingresos cada vez eran más escasos y su postura ante todo ello era que no dejaba de asombrarse de que la gente no le pagase y tratase acorde al verdadero talento que sabía que tenía. Vivía una realidad distinta. Por ello, se lanzó a componer masivamente, con la esperanza de que sus representaciones le volviesen a llevar a un estatus económico adecuado. Su último año de vida fue, probablemente, el más prolífico de su vida: compuso el último concierto para piano y orquesta, el Concierto para clarinete en la mayor KV 622, el último de su grandísima serie de quintetos de cuerda, el motete Ave verum corpus y el inacabado Réquiem. Hay que decir que lo excepcional de toda esta obra es que contiene registros extremadamente opuestos pasando del drama a lo alegre con suma facilidad. Como ejemplo, baste decir que su ópera La flauta mágica (compuesta durante esos días) considerada como una de las obras más alegres de Mozart, fue compuesta mientras su mujer le había abandonado (temporalmente) y uno de sus hijos moría en el cuarto del al lado debido a fuertes fiebres.
La salud del compositor empezó a declinar y su concentración disminuía. Mozart se sintió enfermo durante su estancia en Praga el 6 de septiembre de 1791 durante el estreno de su ópera La clemenza di Tito, compuesta en ese año como un encargo para los festejos de la coronación de Leopoldo II como emperador. La obra fue acogida con frialdad por el público. Al regresar a Viena, Mozart se puso a trabajar en el Réquiem y preparó los ensayos de la La flauta mágica. Ésta se estrenó con enorme éxito el 30 de septiembre, con el propio Mozart como director. Pero apenas podía mantenerse en pie ya. Mozart recibió los cuidados de su esposa Constanze y su hermana menor Sophie durante su enfermedad final pero su debilidad y estado de completa obsesión delirante hacían imosible cualquier recuperación. Es un hecho probado que estaba mentalmente ocupado en la finalización de su Réquiem y que apenas atendía a quienes le hablban. Por ello, las teorías de que realmente dictara pasajes durante sus últimos días en cama (como muestra la película Amadeus) son muy poco probables.
El 5 de diciembre de 1791, aproximadamente a las doce de la madrugada, llegó un doctor para revisar la salud de Mozart, y encontró a este en pleno delirio febril. Se ordenó que le pusieran compresas frías de agua y vinagre sobre la frente para bajarle la fiebre pero más que aliviarle, el cambio brusco de temeratura hizo que perdiese el conocimiento y no volvió a recuperarse hasta su muerte. A las doce y cincuenta y cinco minutos de la madrugada, Mozart falleció en Viena a la edad de 35 años, 10 meses y 8 días. Fue enterrado al anochecer, siendo trasladado el féretro en coche de caballos hasta el cementerio de St. Marx en Viena, en el que recibió sepultura en una tumba comunitaria simple. No había dinero para más. Se iba así, el mayor talento creativo musical de todos los tiempos.
Tumba de Mozart en Viena. Fotografía @ Daniel Klein.
Hoy en día, es sencillo seguir los pasos que Mozart dió en vida, ya que muchas de las ciudades que han sido mencionadas en estas líneas se han apresurado en consevar las casas en las que Mozart residió a fin de explotarlas turísticamente. En Salzburg existe tanto la casa en la que vivió los primeros 17 años de su vida (realmente no pasó mucho tiempo en ella habida cuenta de sus viajes) y la casa en la que residió antes de irse a vivir a Viena. Quizás de las dos casas, la más famosa sa la primera, a la que es aconsejable ir a primerísima hora de la mañana. Pensad que si vuestro único motivo de visita en Salzburgo es seguir las huellas de Mozart (como fue mi caso), muy probablemente los otros miles de turistas de la ciudad puedan decir exactamente lo mismo. La casa tiene una recreación de lo que era el salón original de los Mozart y la cocina original. Así mismo, tiene distinos objetos que se dicen de Mozart y que van desde manuscritos originales, mechones de pelo u objetos personales a los que tenía especial aprecio.
De cara a la fotografia, hacer alguna foto en la que apenas aparezcan personas, turistas, cámaras, mochilas y demás es misión imposible. De todos modos, más imposible aún lo hace el hecho de que está terminantemente prohibido hacer fotografías en el interior (lo cual nos saltamos por alto la mayor parte de las personas que visitamos la casa). Por lo que hacer fotos deberá ser algo fugaz, rápido y sin mucho tiempo para poder preparar la foto. Adicionalmente, la escasa luz que existe en todas las dependencia, complica aún mucho más la tarea. En mi caso, estuve trabajando con lentes de 2.8 de luminosidad, ISOs de 1.200 (mínimo) y tratando de lograr largas exposiciones a fin de encontrar algo de luz, pero los empujones de la gente, los escasos encuadres posibles y las frecuentes reprimendas de los guardias de seguridad hicieron casi imposible la labor.
Casa de Mozart – comedor -. Fotografía @ Daniel Klein.
La segunda casa de Mozart en Salzburg deja a un lado la figura humana del compositor y realmente se centra más en los instrumentos musicales que tuvo durante ese periodo. Si os gustan los pianos del sigo XVIII, sin duda alguna, ese es vuestro lugar.
De todos modos, haber estado en las casas del mejor músico de la historia, ver sus objetos y poder sacar alguna que otra foto furtiva, bien merece una visita a la ciudad de Salzburg.
Ahí queda mi recomendación como visita































