Rep. Checa / Praga / Iglesia de San Nicolás (Chrám sv. Mikulase)

Ir a Praga y no visitar la Iglesia de San Nicolás (mal llamada Catedral) es como pasar por París y no ver la torre Eiffel. Es, con diferencia, uno de los sitios más bonitos y transitados de Praga y, para mi entender, la iglesia barroca más bonita del mundo. La iglesia de San Nicolás es, evidentemente, una de las más visitadas en toda Praga. Está situada en el barrio de Mala Strana , al oeste del río Moldava y es fácilmente reconocible porque su cúpula y su torre constituyan tradicionalmente parte del panorama del Castillo de Praga.

Esta iglesia, está considerada como uno de los más grandiosos monumentos barrocos de toda Europa y y como el edificio religioso más espectacular de toda la zona de Bohemia. Esta iglesia fue construida durante la reconstrucción de la ciudad de Praga, en la segunda mitad del siglo XVII, cuando los cánones arquitectónicos comenzaron a estilar que el muy saturado y utilizado estilo renacentista comenzase a ser sustituido por el estilo barroco.

 

Lights are everywhere

Fotografía, Daniel Klein.

La iglesia constituye el centro natural de la zona de Mala Strana, y se construyó sobre la antigua iglesia parroquial de San Nicolás, la cual ya había sido erigida en ese mismo lugar en la Edad Media como iglesia románica, y que coronaba la explanada de uno de los principales mercados de la época. La construcción barroca de este edificio (incluyendo la zona de la rectoría y la escuela parroquial), fue llevada a cabo`por los jesuitas entre 1673 y 1752 . El trabajo fue iniciado por el Maestro P. Bos, el cual fue sustituido al poco por Giovanni Domenico Orsi (el principal responsable de las construcciones). La fase esencial de la construcción se inició en 1702 según los nuevos diseños del arquitecto Cristóbal Dientzenhofer, completados por su hijo Kilian Ignacio Dientzenhofer tras la muerte de este. Pero pese a que no fue terminada hasta 1771,, lo cierto es que la belleza de sus construcciones internas ya hicieron que desde 1711 se diese el visto bueno para la celebración de misas en su interior.

 

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Fotografía, Daniel Klein.

La iglesia se compone de dos pisos. El inferior, donde se encuentran la mayor parte de los bancos y la parte superior, desde donde se pueden apreciar con mucho detalle las crsiatleras y los frescos. De cara a una excelente sesión de fotos dentro del recinto, es muy aconsejable poder ir con al menos 2h de tiempo, ya que el edificio va a requerir todo ese tiempo y más aún para poder realizar aquellas fotos que queremos. Por un lado, es preferible comenzar con un gran angular, puesto que nos dará la posibilidad de llegar a aquellos ángulos especiales que hay en la mayor parte de las columnas. Por otro, con un 17-50 iremos sobrados de cara a realizar aquellas fotos más versátiles. Es especialmente interesante dedicar parte de la visita a los frescos del techo.

 

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Fotografía, Daniel Klein.

Posteriormente, desde la parte superior, es muy recomendable poder tomar panorámicas de las impresionantes cristaleras de los laterales. Son precisamente dichas cristaleras las que dan iluminación a todo el patio central de la nave, y los que van cambiando de color debido a las tonalidades de sus cristales.

Visitar la iglesia de San Nicolás es una auténtica maravilla arquitectónica. La visita recomendad es de 45 minutos y yo, sacando fotografías, estuve más de 2,5h, Dentro, hay momentos y sitios para poder realizar aquellas fotos que se quieran, aunque no está permitido el uso de trípodes. Por otro lado, el uso de flashes (si es que alguien los usa) sí está permitido sin restrucción alguna.

Adicionalmente, existe un calendario de conciertos de música religiosa muy recomendables que pueden ser consultados desde infinidad de páginas webs. Yo os recomiendo esta, que es la que mejor me sirvió a mi.

Rep. Checa / Terezín / Campo de concentración de Theresienstadt (Malá pevnost)

A 60 kilómetros al norte de la ciudad de Praga (República Checa), allá por el siglo XVIII, el príncipe Jose de Ausburgo decidió construir una magnífica fortaleza para su ejército, temiendo posibles ataques rusos por el norte. A dicha fortaleza, repleta de soldados, la llamó Terezín (ciudad de Teresa, en checo), en honor de su madre, la Emperatriz María Teresa de Ausburgo. Fue tal el tamaño e importancia que adquirió esta fortaleza que al poco tiempo se hizo necesario crear una ciudad satélite que diese cobertura logística a toda la actividad que allí se realizaba. Dicha ciudad, fue llamada Terezín igualmente, dejando a la antigua Terezín sólo con el sobrenombre de Fortaleza de Terezín. Durante décadas, tanto fortaleza como ciudad vivirían un esplendor magnífico, adornando las murallas y fosos que les rodeaban de bellas decoraciones.

En el año 1940, con Checoslovaquia sometida por el III Reich, y ya en plena II Guerra Mundial, las tropas de la Gestapo comenzaron a estudiar la viabilidad de convertir la fortaleza en un gran campo de concentración que albergase a los prisioneros checos que eran detenidos. Fue así como el 10 de junio de 1940, la policía secreta alemana tomó el control de Theresienstadt (en alemán, Ciudad de Theresa, -nombre alemán de Terezín-) instalando una prisión en la Kleine Festung («Fortaleza pequeña»). Posteriormente, en la propia ciudadela amurallada de Terezin crearían uno de los guetos más significativos de toda centro-europa.

*Fotografía Daniel Klein.

Si algo diferenciaba a este nuevo campo de concentración del resto de campos era que fue precisamente este enclave el elegido para ser utilizado por el Ministerio de Propaganda Alemán para mitigar los ya imparables rumores que recorrían Europa sobre el trato que se estaba dando a la comunidad judía. Por todos lados aparecían historias de exterminios, pueblos desplazados y matanzas masivas. Theresienstadt debía cambiar esa opinión y el ministerio de Propaganda puso tuda su maquinara a trabajar ene ello. Se decidió que para el mundo exterior, Theresienstadt debía aparecer como una colonia judía modelo. Incluso se rodó una película con el título de Der Führer schenkt den Juden eine Stadt (El «Führer» regala una ciudad a los judíos), para transmitir esa sensación.

Todo el asunto de la propaganda comenzó en 1943. En octubre de 1943 fueron deportados a Theresienstadt 476 judíos procedentes de Dinamarca. La mayoría de los judíos daneses pudieron salvarse, pues escaparon a Suecia, con lo que las fuerza alemanas de ocupación no podían hacerse con ellos. Pero el gobierno danés tampoco abandonó a sus ciudadanos encerrados en Theresienstadt. La presión que hicieron sobre el gobierno nazi contribuyó a que los nazis, durante algunos meses, con fines propagandísticos y para engañar a la opinión pública internacional, convirtieran Theresienstadt en un campo modelo. Los judíos más saludables eran llevados allí a fin de mostrar aspecto de estar sanos y desde las SS fomentaron que los judíos desarrollasen infinidad de actividades lúdicas: se instalaron cafés y se hizo la vista gorda con respecto a que se creasen escuelas clandestinas para que los niños asistiesen a clase. Se formó una orquesta judía, aprovechando el hecho de que varios afamados compositores se encontraban internados allí (probablemente el más famoso fue Hans Krása), y fueron varias las óperas de éxito que se representaron allí. La más célebre de todas fue Brundibár. Adicionalmente, bastante famoso fue el teatro de Theresienstadt, el cual representó 30 obras distintas (cada una con unas 50 representaciones) en un periodo de 4 años. Ello, generó una corriente de buena imagen que situó al campo justo en el punto en el que la Gestapo y las SS querían: un campo de judíos llevando una vida tranquila, con infinidad de actividades culturales, agricultura y donde incluso se llegaron a montar torneos de fútbol. El 26 de febrero de 1944 se empezó a rodar una película propagandística: «Theresienstadt – Ein Dokumentarfilm aus dem jüdischen Siedlungsgebiet», bajo dirección de Kurt Gerron. Se pretendía mostrar lo bien que les iba a los judíos bajo los ‘beneficios’ del Tercer Reich. Paradójicamente, dicha película tuvo un efecto llamada en muchos otros judios de Europa, los cuales emigraron hasta Terezin en busca de esa tierra amable con los judíos y huyendo de su propia desdicha local. Para culminar su obra maestra de la propaganda, las SS permitieron en junio de 1944 que una delegación del Comité Internacional de la Cruz Roja visitara Theresienstadt. Iba a ser su momento culminante. Ordenaron ‘adecentar’ el campo, retirar a los enfermos y sacar a gran parte de los 50.000 judios que allí se hacinaban. Para ello, se reforzó antes de la visita el transporte de prisioneros al campos de Auschwitz-Birkenau, donde al principio se mantuvo vivos a los deportados en una zona especial (el «campo familiar») para poder presentarlos en caso de que la Cruz Roja reclamara verlos. Después de la visita, esas personas fueron enviadas a las cámaras de gas. Se obligó a decir a los prisioneros seleccionados por su mejor aspecto que llevaban una vida tranquila y feliz, con buena comida e incluso presentaron viandas a los visitantes producto de una ‘panadería’ (el pan fue comprado en un pueblo de al lado). Los prisioneros además simularon pasear por las calles como si fuesen libres, con niños y supuestas esposas con ellos. Cuando se les interrogaba ellos manifestaban frases aprendidas de antemano de elogios a sus carceleros. Tras la terminación de la película y las visitas de la Cruz Roja, la mayoría de los actores y el propio director fueron deportados a Auschwitz.

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*Fotografía Daniel Klein.

Además de otros deportados no judíos, el cómputo general de estadísticas dice que por este campo de concentración pasaron números judíos procedentes de Checoslovaquia; además, alrededor de 144.000 judíos fueron enviados a este campo: unos 40.000 de Alemania, 15.000, de Austria; 5.000, de los Países Bajos, unos 300 de Luxemburgo, 500 de Dinamarca, 500 de Eslovaquia y otros 500 de Hungría. Alrededor de la cuarta parte de los deportados (unos 33.000) murió en el campo de concentración, sobre todo por las malas condiciones: el hambre y las enfermedades, en especial la epidemia de tifus que se desencadenó cercano ya el final de la Guerra. Unas 88.000 personas fueron trasladadas de aquí a Auschwitz y otros campos de exterminio. Al finalizar la Guerra, sólo se encontraron 17.247 supervivientes.

De cara a una sesión de fotografía, el visitante encontrará una excelente oportunidad de ver el campo casi intacto. De todos los otros campos en los que he tenido la oportunidad de estar, podría decir fácilmente que este es de los que mejor conservado se encuentra, y que dispone casi intactas de todas las dependencias de prisioneros, las viviendas de los carceleros y muebles originales de la época. Ello, junto con la enorme cantidad de ventanas que existe, hace que se encuentren infinidad de contraluces y encuadres con efectos de luz en los objetos. Gran parte de la maquinaria, la loza y los utensilios permanecen allí intactos, lo cual es magnífico de fotografiar. Es muy recomendable no hacer la visita guiada (apenas aporta nada) y pasearse por el campo tranquilamente, buscando la foto y la posición con calma y casi sin gente alrededor. Todas las dependencias están abiertas y todas ofrecen excelentes fotos. No es posible llevar trípode, pero existe infinidad de puntos de poyo para evitar trepidación de cámara. Eso sí, reservad al menos 4 horas de tiempo para poder disfrutar de una buena sesión de fotos.

Es un auténtico regalo para una buena sesión de fotografía de edificios antiguos o abandonados.