Austria / Viena / Hundertwasserhaus

En el fantástico viaje que tuve la oportunidad de realizar este verano por el centro de Europa, quise centrarme mucho en ver, sobre todo, cosas relacionadas con la Historia y la arquitectura (mis dos grandes pasiones, además de la fotografía). Y estar en Viena me proporcionaba la oportunidad de poder contemplar muchos y muy diversos estilos arquitectónicos. Pero he de reconocer que, de entre todos ellos, uno de los que más me apetecía contemplar era el Hunderwasserhaus.

La casa Hundertwasserhaus, que se puede encontrar en la calle Kegelgasse 34-38 en el distrito 3 de Viena, es un complejo residencial municipal, construido recientemente (entre 1983 y 1986). Estructurado por artista Friedensreich Hundertwasser (lo cual es un apodo que significa ‘Reino de la Paz Cientos de Aguas’, aunque su nombre real eraFriedrich Stowasser), y planificado por el profesor de universidad Joseph Krawina, del mismo modo que pudo hacer Antonio Gaudí en su época con la Sagrada Familia, combina superficies irregulares y vegetación (250 árboles y arbustos). Y es que este genial escultor, que lo mismo diseñaba una escultura de 10 cm que el edificio de la antena de televisión de Viena, concebía su obra como una expresión del shock en el arte pictórico, la filosofía del ambientalismo environmentalismo que aplicaba al diseño de fachadas, sellos postales, banderas y vestidos (entre otras áreas). Los temas comunes en su trabajo son el rechazo a las líneas rectas, colores brillantes, formas orgánicas, una reconciliación de los humanos con la naturaleza, y un fuerte individualismo. Durante toda su obra, él permaneció constantemente en su estilo sui generis, con grandes influencias, como he dicho, de Gaudí. Pero no sólo de este tomó parte de su inspiración. También fue inspirado por los trabajos de Egon Schiele desde muy joven, y su estilo a menudo es comparado con el de Gustav Klimt. Su inspiración eran las espirales, y llegó a denominar a la línea recta como la “herramienta del diablo”. El denominó a su teoría del arte “transautomatismo”, basando su teoría en el Subrealismo automático.

Foto © Daniel Klein.

Lo que el visitante de la Hunderwasserhaus encontrará no se adapta a las normas y clichés convencionales de la arquitectura escolástica. Es un viaje por la tierra de la arquitectura creativa. Todo vale y nada es descartable de antemano. Son patentes los modelos de Hundertwasser, como el Palais Idéal de Ferdinand Cheval, las Torres Watts, y la anónima arquitectura de las Schrebergärten o huertas comunitarias y aquel del Märchenbücher. Pese a lo maravilloso de su arquitectura, el edificio en realidad se trata de un bloque residencial en el que se encuentran 52 viviendas y 4 locales de negocio, 16 privadas y 3 azoteas para el conjunto. Propósito tremendamente mundano para un diseño tan vanguardista. Es por tanto una maravilloso regalo a aquellos que en su día deseaban comprar una vivienda barata y de original diseño. Si bien la zona interior de los jardines no tiene nada nuevo que aportar a lo impresionante de su fachada, sí que merece (y mucho) la pena visitar su galería comercial, donde cada rincón y cada baldosa están colocados de manera estudiada creando un caos milimétricamente estudiado.

Hundertwasserhaus from the inside

Hundertwasserhaus corridor

Foto © Daniel Klein.

Su creador, Hundertwasser, dijo en cierta ocasión sobre este edificio: “Un pintor sueña con casas y una buena arquitectura, en la cual el hombre sea libre y se haga realidad este sueño”.

Sin embargo, todo lo bueno que Hunderwasser tenía de escultor, le faltaba como arquitecto. Poco después de la inauguración, la conversión a la utilidad práctica (su principal objetivo) quedó incompleta. Las tejas de la azotea comenzaron a reblandecerse, el uso de plantas que a él tanto le gustaba (ansiaba demostrar la convivencia de la ‘naturaleza real’ con la ‘naturaleza que él creaba’ por medio de los materiales de construcción) ha generado tremendos gastos adicionales a los vecinos debido a que sus raíces (especialmente después de que el maestro variara la posición durante la construcción), están adentrándose en unos cimientos que ya de por sí se han demostrado no muy robustos. Para culminar, el creador pasó por alto un pequeño detalle que posteriormente ha generado numerosos problemas logísticos: los cristales de la fachada deben limpiarse mediante andamios y elevadores. No hay otra forma. Por último, comentar que esta construcción se vio recientemente envuelta en una gran polémica, ya que, si bien Friedrichsreich Hundertwasser fue el creador de la construcción, tras años de estar atribuida a él, Joseph Krawina le demandó queriendo apropiarse de la autoría real del edificio, ya que suyos son los planos y suya fue la construcción. Dejaba por tanto a Hunderwasser como un “conceptualizador espiritual” de la obra. En Mayo de 2010 la Corte Suprema de Viena dio finalmente la razón a Krawina, lo cual no sólo le otorgaba un honor que merecía, sino que le otorgaba el derecho a recibir enormes cantidades de dinero por todos los royalties atrasados de décadas de visitas, derechos de autor en las distintas publicaciones que se habían hecho eco de su obra y las distintas subvenciones que el gobierno austríaco concedía. Por tanto, desde entonces, la casa es denominada oficialmente como la Hundertwasser-Krawina Haus.

De cara a una buena sesión de fotos,  es recomendable llevarse a la zona un gran angular (para las fotos de la fachada) y un objetivo luminoso para la zona de los bulevares. Es recomendable acudir a primera hora de la mañana, pues, si bien dispondremos de una luz adecuada, no tendremos a miles de turistas ansiosos por estropearnos la foto con sus cabezas o chubasqueros coloridos. Posteriormente, tras desayunar cerca, se podrá acceder al bulevar para ver la galería interior. Creedme, bien merece la pena el madrugón. :-)

Austria / Linz / Nueva Catedral de Linz (Linzer Mariendom)

En plena ciudad de Linz, pasado el puente de los Nibelungos y al lado del convento de los jesuítas, se alza majestuosa la nueva catedral de Linz. Linz es una ciudad que sorprende. Alabada por Hitler en sus días adolescentes por la belleza de sus edificios, es una ciudad que respira arquitectura por todos lados. Combina a la perfección lo moderno con lo tradicional, lo majestuoso con lo sencillo y aporta un sinfín de contrastes allá donde se va. Todo esto, tuve la oportunidad de comprobarlo en el viaje que realicé este verano. Sin embargo, de todo lo mucho y bueno que se puede ver en Linz, probablemente lo que más me impactó fue su Catedral Nueva. También conocida como la catedral de la Inmaculada Concepción (Maria-Empfängnis-Dom), se trata de una catedral tremendamente tardía si se la compara con el resto de grandes catedrales que hay en Austria. El inicio de su construcción data de 1855 y tuvo lugar gracias a la tozudez de un obispo llamado Franz Joseph Rudigier, el cual, detestaba la antigua catedral de Linz y no cesó en su empeño hasta que consiguió que se alzase una a la altura de la hermosa ciudad de Linz.

*Fotografía @ Daniel Klein.

De este modo, la primera piedra fue colocada en 1862 y, a partir de ahí, comenzó una construcción que se prolongaría durante 62 años, terminándose en 1924 (!!!). Es, además, sorprendente el pensar en todo el tiempo que se empleó en su construcción, máxime cuando varias de las estructuras se basan en las antiguas estructuras de la antigua Catedral de la Virgen María (Marien-Dom), que ya existía en el mismo lugar. Sea como fuera, el edificio es una magnífica obra en el más puro estilo gótico francés, muy de moda en la época en la que se diseñó. Por consiguiente, el visitante que se adentre en sus muros, encontrará altísimos techos, pilares majestuosos y desnudos, y vidrieras espectaculares. Este último elemento es especialmente importante, porque a lo largo de todas sus vidrieras, se va narrando la historia de la propia ciudad de Linz, lo cual aporta toda una lección de historia a aquellos que la visitan. También pueden verse en estas ventanas, retratos de los principales mecenas que tuvo la catedral.

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Fotografía @ Daniel Klein.

El interior de la catedral es impresionante. De los más bonitos que he visto en mi vida. Con más de 20.000 asientos en su interior, durante algunos momentos de su historia, bien pudo decirse que en el interior de la catedral cabía casi toda la población de Linz. Su torre, de 124m de altura es una de las estructuras más altas de todo el país, y la segunda torre religiosa más alta de Austria. Y no fue la primera porque fue prohibido por el colegio de arquitectos de Viena. Cuenta la historia que en los tiempos de la construcción de la catedral, esta debía someterse a las normas que el imperio austro-húngaro había dictaminado para todas las construcciones religiosas de sus territorios. Y una de dichas disposiciones, indicaba que ninguna estructura religiosa podría ser más alta que la torre Sur de la catedral de San Esteban, en Viena, la cual tiene 135m de altura. Es por ello que hubo que modificar los planos originales para reducir la altura originalmente planeada (140m).

Probablemente, más allá de la majestuosidad de esta catedral, una de las cosas que más llama su atención es su triste historia. Pese a ser uno de los edificios más notables de toda Austria, apenas ha sido utilizado. Es un edificio vacío de acontecimientos. Probablemente ello es debido a que su tardia terminación la convirtió en un edificio desproporcionadamente amplio para las necesidades de una ciudad que fue duramente castigada primero por la postguerra de la I Guerra Mundial, y luego por la II Guerra Mundial. Durante los bombardeos de la misma, muchas de las hermosas vidrieras resultaron completamente destruidas y su reconstrucción era tan costosa económicamente, que tuvo que ir abordándose poco a poco a lo largo del tiempo, dejando el edificio inhábil para su utilización. Por ello, se decidió que en vez de recuperar aquellas antiguas vidrieras, se optaría por dotar a los espacios con nuevas vidrieras con motivos de arte moderno. Ello genera una interesante mezcla con las anteriores vidrieras que sí son de un estilo bastante más antiguo.

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Fotografía @ Daniel Klein.

De todos vosotros será conocida mi predilección por visitar obras de arquitectura religiosa. Estoy convencido que, durante siglos, las mejores mentes, los mayores presupuestos y las más innovadoras obras de arte tuvieron lugar en ese terreno, frente a otras como la arquitectura civil o militar. Y ello es tremendamente agradecido de cara a la fotografia. Mentes tan brillantes y escenógrafos tan notables, eran capaces de crear una y otra vez maravillas visuales que no tiene comparación alguna en ningún otro terreno. Y de cara a fotografiarlo, siempre es agradecido. Esta catedral proporciona una oportunidad inmejorable para poder hacer lo que te de la gana. La ausencia casi constante y absoluta de público visitándola (incluso en el mes de agosto (!!!) hace que se puedan hacer aquellas fotos que a uno le plazca. Es preferible irse hacia la tarde, puesto que la luz de oeste se cuela por las vidrieras y genera unos efectos de destellos muy chulos. Adicionalmente, es posible usar trípode y fotografías de larga exposición. En este caso, usé un 10-20 y un 17-55 que me dieron unos resultados excelentes. Sin embargo, he de decir que pese a que la propia estructura interna de la catedral es impresionante, los juegos de luz que se creaban en su vidrieras fueron los que más juego me dieron en las fotos. Generaban efectos impresionantes en todos los sentidos y de las dos horas que pasé allí haciendo fotos, casi se me pasaron volando.

Tanto es así, que me prometí a mi mismo regresar ahí dentro de diez años y volver a visitar tan majestuoso edificio. :-)

Austria / Salzburg / Casa natal de Mozart (Mozarts Geburtshaus)

Pasar por Salzburg y no visitar las casa de Mozart, es como ir a Mallorca y no ver el mar. Un auténtico crimen :-) La pequeña ciudad de Salzburg, en plenos Alpes austríacos, concede al visitante la increible experiencia de visitar la casa en la que nació el que probablemente haya sido el mayor genio musical de todos los tiempos: Mozart. Nacido como Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart (lo de Amadeus -Amadè- se lo apropió él años más tarde, tomándolo prestado de uno de sus hermanos) en 1756, fue uno de los 7 hijos del gran músico Leopold Mozart, al cual, probablemente, debamos agradecer más que a nadie el que tanto ensalcemos la obra de su hijo. Mucho se ha hablado del inmenso caudal de talento que el pequeño Wolfgang demostró desde muy temparana edada, atesorando records de precodidad nunca antes vistos (cuando tenía cuatro años tocaba el clavicordio y componía pequeñas obras de considerable dificultad; a los seis, tocaba con destreza el clavecín y el violín). Pero fue la inflexible y dura mano de su padre la que sacó todo ese talento de un niño que era desorganizado en sus pensamientos y palabras, al que le costaba mantener su concentración varios minutos seguidos y que parecía más interesado en revolotear por las distintas callejuelas de Salzburg que de aplicarse en la metódica del compás y el pentagrama. Leopold, aparte de ser un gran músico, supo disciplinar a su hijo (si es que eso es posible en un niño de 3 años), y supo detectar del mismo modo su excelente oído, su innata capacidad para leer música a primera vista, una memoria prodigiosa y una inagotable capacidad para improvisar frases musicales. El caso es que la muerte de 5 de sus otros hijos, hizo que este buen músico, abandonase todo, salvo las tareas propias de su cargo como maestro de capilla en la corte del arzobispo de Salzburgo, y se volcase por completo en la educación musical de su único hijo varón vivo que le quedaba.

La casa natal de Mozart se encuentra en la Getreidegasse, 9, muy cerca de la gran Galerie Altnöder. Se trata de una casa que actualmente cuenta con una gran cantidad de objetos de la época e instrumentos que pertenecieron a Mozart durante su niñez. Es uno de los lugares más visitados de Salzburgo y una especie de santuario para músicos y aficionados a la música de todo el mundo, como es mi caso (no por lo de músico, sino por lo de aficionado). Fue en esa csa en la que el joven Wolfgng comenzó a entrar en contacto con la música y en cuyas paredes la estudió la interiorízó.

Casa de Mozart – cocina-. Fotografía @ Daniel Klein.

Debido a su empleo, Leopold tenía fácil acceso a la más alta sociedad austríaca (palacio real incluído) y ello le llevó a querer compartir con ellos el talento de su hijo, al que consideraba tocado por la divinidad. Cuando el niño iba cumplir 6 años de edad, Leopold se lanzó en una gran travesía por toda Europa que buscaba exhibir las dotes musicales de sus hijos ante las principales cortes de Europa. Leopold creyó que proclamar este milagro al mundo era un deber hacia su país, su príncipe y su Dios. Ello, que hoy nos parece una bendición, en el fondo fue una brutal sucesión de viajes extremadamente largos y cansados (eran a través de pedregosos caminos) que alejó a Wolfgang de cualquier cosa que se pudiese asemejar a una infancia. En 1762 (Mozart tenía 6 años), visitó Munich, Viena, Praga y estuvo fuera de su casa un año entero. Como dato curioso, decir que fue en su estancia en Viena en la que el pequeño Mozart dió su primer concierto completo (en el Palacio de Schönbrunn). Todo fueron elogios.

Ello llevó a su padre a lanzarse a una gira mucho más larga, salvaje y ambiciosa con el fin de recaudar dinero a base de conciertos privados para la nobleza. Durante los 3,5 siguientes años, el pequeño Mozart (insisto, recordemos que tenía sólo 6 años), no haría otra cosa más que viajar, tocar y componer entre concierto y concierto. Pero lo que para cualquier persona sería una auténtica paliza, para él resultó ser algo perfectamente llevadero. Viajó y tocó en Múnich, Mannheim, París, Londres, La Haya, regresó otra vez a París y volvieron a casa pasando por Zúrich, Donaueschingen y nuevamente Múnich, cosechando grandes éxitos. Posteriormente, tras un breve descanso, fue de nuevo a Londres y, tras llevar a cabo varios conciertos en los Países Bajos, regresó a Viena, donde permanecería unos meses antes de irse a París. De allí regresarían a Salzburg donde descansaría unos meses antes de lanzarse a una nueva gira por Italia que le llevaría a Bolonia, Milán y Roma, donde asistiría a conciertos en la capilla sixtina. Todo esto no es sino un breve ejemplo del brutal sacrificio al que su padre le sometió para exprimir el talento de su hijo. No obstante no todo fue negativo: si bien debido a estos viajes, Mozart se pasó más de 1/3 de su vida viajando, lo cierto es que tuvo la oportunidad de entrar en contacto con la flor y nada de los músicos de la época y recibió clases, honores y oportunidades que nunca habría conseguido de no ser a través de tales viajes: como ejemplo, baste decir que en Londres conoció a Johann Christian Bach, en Bolonia a Giovanni Battista Martini, en Roma a Gregorio Allegri; en su viaje a Bolonia fue aceptado en la Academia Filarmónica de Bolonia (hecho excepcional puesto que era la academia más importate del mundo en esos días y se le permitía acceder a ella con 14 años, cuando la edad mínima de aceptación era de 20), y en Roma fue nombrado Caballero de la Orden de la Espuela de Oro. En definitiva, su sacrificio acabó obteniendo los frutos que su padre Leopold deseaba.

El joven Wolfgang, comenzó a verse interesado por profundizar en las posibilidades de los distintos instrumentos que tocaba. En 1775 se centró en estudiar las posibilidades del violín produciendo una serie de cinco conciertos (los únicos que escribiría en su vida) e incrementando constantemente su sofisticación musical. Los últimos tres (KV 216, KV 218 y KV 219) son ahora básicos en el repertorio de este instrumento. El año siguientes, se centró en el piano y su interacción con la orquesta, escribiendo numerosos conciertos y culminándolo en el Concierto para piano y orquesta n.º 9 en mi bemol mayor (llamado Jeunehomme) a principios de 1777, considerado por los críticos el punto de inflexión de su obra.

Primer violín de Mozart. Fotografía @ Daniel Klein.

Pero en aquella época, dos aspectos cambiarían su vida por completo. El primero fue su ya manifiesto esnobismo por las cosas caras, extravagantes y, muchas veces, absurdas, de las que gustaba rodearse. Todo aquello estrafalario, llamaba su atención, sin importar el precio que tuviese. Es de aquellos días de los que data su famosa frase de “Yo quisiera tener todo lo que es bueno, auténtico y bello” (hoy una especie de slogan que ha adoptado para sí la ciudad de Salzburg y que bien se encarga de poner en todo tipo de camisetas, pines y posters). Con eso, queda explicado todo. La segunda fue que una ciudad tan pequeña como Salzburg, poco dinero podría ofrecer a una persona con gustos tan caros y extravagantes. Por todo ello, buscando nutrirse de mayores retos y riquezas, se lanzó a nuevos viajes tratando de conseguir empleos que satisficiesen sus demandas. Viajó de nuevo por Múnich, Paris, Viena, Augsburgo, Mannheim, y otras ciudades. Era el momento de recolectar lo cosechado en sus años de siembra infantil. En ese viaje, se volvió a encontrar con muchos de los antiguos nobles y reyes que años atrás habían idolatrado su maestría para tocar, pero ni uno sólo de ellos aceptó pagarle el alto sueldo que exigía por prestar sus servicios como músico permanente de su corte. Derrotado y tremendamente ofendido, en 1779 regresó a Salzburg, apesadumbrado además por la muerte de su madre durante su ausencia.

Desde entonces, comenzó a trabajar como lo que hoy llamaríamos ‘músico freelance’, componiendo para todo aquél que le encargase alguna obra y que pagase por adelantado. Su situación financiera era tremendamente angustiosa y su orgullo le llevó a rechazar varios trabajos que aseguraban dinero pero no abrillantaban curriculum. Famoso es el incidente en el que se sintió ofendido cuando el arzobispo Colloredo lo trató como a un mero sirviente y particularmente cuando el arzobispo le prohibió tocar ante el Emperador en casa de la condesa Maria Wilhelmine Thun, actuación por la que hubiera recibido unos honorarios iguales a la mitad del salario anual que cobraba en Salzburgo. un nuevo enfrentamiento llegó en mayo, cuando Mozart se negó a llevar un paquete enviado por Colloredo a Salzburgo. Ante su negativa de convertirse en mensajero, Mozart es insultado por su patrón y el compositor, de forma audaz, lo interrumpe en medio de su ira: ‘¿Su Gracia no está conforme conmigo?’. La respuesta de Colloredo fueron más improperios y se cerró con un «¡vete ya!». Mozart intentó dimitir de su puesto presentando su renuncia al auxiliar del arzobispo, el conde Arco, pero el arzobispo la rechazó. Le concedieron un permiso el mes siguiente, pero de forma insultante. Días más tarde, cuando Mozart intentaba entregar personalmente a Colloredo un último «memorial», el conde Arco le cerró el paso en la antecámara del arzobispo, produciéndose otra escena violenta, y el compositor fue expulsado literalmente ‘con una patada en el culo’. Su temperamento y carácter le estaba cerrando más puertas de las que su virtuosismo le había abierto en su infancia.

Tras ello, se desplazó a Viena buscando nuevas oportunidades y dinero. Allí, estrenaría obras de gran éxito, como su ópera El rapto en el serrallo, la cual cosechó gran éxito. Tras escucharla, el emperador José II comentó al final del estreno de la ópera: ‘Música maravillosa para nuestros oídos, verdaderamente creo que tiene demasiadas notas’, a lo que el compositor contestó: ‘Exactamente, ¿cuántas son menester?’. De nuevo, se cerraba puertas. Durante los siguientes años, compondría como un loco, se casaría con una soprano de escaso talento musical (pero que lo amaba con locura), llamada Constance y comenzó su época más prolífica como compositor. Sacaba a la luz más de cuatro conciertos al año y obtenía grandes ingresos por ello. Por fín parecía que su tozudez y talento le estaba dando resultado. Por ello, el matrimonio Mozart comenzó a llevar un estilo de vida lujoso. Si ya de por sí Wolfgang era dado a gastar todo aquello que tenía (y lo que no tenía), cuando se vio con dinero en las manos, comenzó una incesante carrera de gasto que escandalizó a su propia mujer, cómplice hasta el momento de su insensatez. Pero de nuevo dos hechos concretos hundieron su vida en esos días: la guerra entre Austria y Turquía y el que el nivel de prosperidad y estatus económico de la aristocracia, que los financiaba, se redujese. se acabaron para siempre los días de opulencia y despilfarro. Se acabó el dinero y más aún para subvencionar músicos. Pero eso a Mozart no le imortó y no varió un ápice su estilo de vida. Pensando que las cosas pronto volverían a ser como antes, comenzó a pedir prestado dinero a todos aquellos a los que conocía, en general a sus amigos y hermanos de la misma logia masónica a la que se había afiliado, y en particular a Johann Michael Puchberg.

Asfixiado por el dinero que debía y no tenía, en 1790 Mozart realizó una nueva serie de largos viajes con la esperanza de incrementar sus ingresos: a Leipzig, Dresde y Berlín en la primavera de 1789 y a Francfort, Mannheim y otras ciudades alemanas. Estos viajes sólo produjeron éxitos aislados y no mitigaron los sufrimientos económicos de la familia. Estaba desolado. Su mujer no hacía sino reprocharle su constante despilfarro, sus hijos enfermaban frecuentente por la mala nutrición a la que se veían sometidos, sus ingresos cada vez eran más escasos y su postura ante todo ello era que no dejaba de asombrarse de que la gente no le pagase y tratase acorde al verdadero talento que sabía que tenía. Vivía una realidad distinta. Por ello, se lanzó a componer masivamente, con la esperanza de que sus representaciones le volviesen a llevar a un estatus económico adecuado. Su último año de vida fue, probablemente, el más prolífico de su vida: compuso el último concierto para piano y orquesta, el Concierto para clarinete en la mayor KV 622, el último de su grandísima serie de quintetos de cuerda, el motete Ave verum corpus y el inacabado Réquiem. Hay que decir que lo excepcional de toda esta obra es que contiene registros extremadamente opuestos pasando del drama a lo alegre con suma facilidad. Como ejemplo, baste decir que su ópera La flauta mágica (compuesta durante esos días) considerada como una de las obras más alegres de Mozart, fue compuesta mientras su mujer le había abandonado (temporalmente) y uno de sus hijos moría en el cuarto del al lado debido a fuertes fiebres.

La salud del compositor empezó a declinar y su concentración disminuía. Mozart se sintió enfermo durante su estancia en Praga el 6 de septiembre de 1791 durante el estreno de su ópera La clemenza di Tito, compuesta en ese año como un encargo para los festejos de la coronación de Leopoldo II como emperador. La obra fue acogida con frialdad por el público. Al regresar a Viena, Mozart se puso a trabajar en el Réquiem y preparó los ensayos de la La flauta mágica. Ésta se estrenó con enorme éxito el 30 de septiembre, con el propio Mozart como director. Pero apenas podía mantenerse en pie ya. Mozart recibió los cuidados de su esposa Constanze y su hermana menor Sophie durante su enfermedad final pero su debilidad y estado de completa obsesión delirante hacían imosible cualquier recuperación. Es un hecho probado que estaba mentalmente ocupado en la finalización de su Réquiem y que apenas atendía a quienes le hablban. Por ello, las teorías de que realmente dictara pasajes durante sus últimos días en cama (como muestra la película Amadeus) son muy poco probables.

El 5 de diciembre de 1791, aproximadamente a las doce de la madrugada, llegó un doctor para revisar la salud de Mozart, y encontró a este en pleno delirio febril. Se ordenó que le pusieran compresas frías de agua y vinagre sobre la frente para bajarle la fiebre pero más que aliviarle, el cambio brusco de temeratura hizo que perdiese el conocimiento y no volvió a recuperarse hasta su muerte. A las doce y cincuenta y cinco minutos de la madrugada, Mozart falleció en Viena a la edad de 35 años, 10 meses y 8 días. Fue enterrado al anochecer, siendo trasladado el féretro en coche de caballos hasta el cementerio de St. Marx en Viena, en el que recibió sepultura en una tumba comunitaria simple. No había dinero para más. Se iba así, el mayor talento creativo musical de todos los tiempos.

Tumba de Mozart en Viena. Fotografía @ Daniel Klein.

Hoy en día, es sencillo seguir los pasos que Mozart dió en vida, ya que muchas de las ciudades que han sido mencionadas en estas líneas se han apresurado en consevar las casas en las que Mozart residió a fin de explotarlas turísticamente. En Salzburg existe tanto la casa en la que vivió los primeros 17 años de su vida (realmente no pasó mucho tiempo en ella habida cuenta de sus viajes) y la casa en la que residió antes de irse a vivir a Viena. Quizás de las dos casas, la más famosa sa la primera, a la que es aconsejable ir a primerísima hora de la mañana. Pensad que si vuestro único motivo de visita en Salzburgo es seguir las huellas de Mozart (como fue mi caso), muy probablemente los otros miles de turistas de la ciudad puedan decir exactamente lo mismo. La casa tiene una recreación de lo que era el salón original de los Mozart y la cocina original. Así mismo, tiene distinos objetos que se dicen de Mozart y que van desde manuscritos originales, mechones de pelo u objetos personales a los que tenía especial aprecio.

De cara a la fotografia, hacer alguna foto en la que apenas aparezcan personas, turistas, cámaras, mochilas y demás es misión imposible. De todos modos, más imposible aún lo hace el hecho de que está terminantemente prohibido hacer fotografías en el interior (lo cual nos saltamos por alto la mayor parte de las personas que visitamos la casa). Por lo que hacer fotos deberá ser algo fugaz, rápido y sin mucho tiempo para poder preparar la foto. Adicionalmente, la escasa luz que existe en todas las dependencia, complica aún mucho más la tarea. En mi caso, estuve trabajando con lentes de 2.8 de luminosidad, ISOs de 1.200 (mínimo) y tratando de lograr largas exposiciones a fin de encontrar algo de luz, pero los empujones de la gente, los escasos encuadres posibles y las frecuentes reprimendas de los guardias de seguridad hicieron casi imposible la labor.

Casa de Mozart – comedor -. Fotografía @ Daniel Klein.

La segunda casa de Mozart en Salzburg deja a un lado la figura humana del compositor y realmente se centra más en los instrumentos musicales que tuvo durante ese periodo. Si os gustan los pianos del sigo XVIII, sin duda alguna, ese es vuestro lugar.

De todos modos, haber estado en las casas del mejor músico de la historia, ver sus objetos y poder sacar alguna que otra foto furtiva, bien merece una visita a la ciudad de Salzburg.

Ahí queda mi recomendación como visita :-)