Alemania
Alemania / Berlin / Reichstag
Apr 28th
Algo debe tener un lugar para que, cada vez que te encuentras cerca, te sientas magnéticamente atraído a visitarlo. Y algo muy especial debe albergar para evocarte sensaciones de vello de punta, apertura de boca asombrada y sobrecogimiento silencioso cuando te encuentras frente a él … sintiéndote minúsculo. Si hubiésemos de poner un nombre a esa persona, a ese sitio y a esa sensación, por este orden serían: Daniel, el Reichstag de Berlín y su majestuosidad.
Lo primero y más curioso de todo es desmentir un error muy frecuentemente extendido: no existe un Reichstag, sino que han existido muchos Reichstag. Reichstag (que en alemán significa Parlamento Imperial), es en realidad el nombre que sucesivamente han ido asumiendo todos los parlamentos alemanes desde 1849 y que, por ende, ha heredado el edificio que los contenía. Su origen nos remonta a épocas en las que Europa estaba más interesada en exterminarse a sí misma que en prosperar hacia el avance de las libertades del hombre. Convulsionada tras la revolución francesa, que nos enseñó a todos que otro mundo era posible (y, de paso, infinitas maneras de como no se han de hacer las cosas), y tras la desintegración del Sacro Imperio Germánico (el I Reich) en 1806, se generó una inercia en el pueblo de alemán por mantener los nombres de aquellos símbolos que tan grandes les habían hecho sentir, buscando sostener un espíritu nacional cercano a una gran depresión post-traumática. Algo así como cuando tiernamente te dicen que “el abuelo se ha quedado dormido”. Y desde entonces, estas instituciones han visto desarrollarse en sus butacas las más trágicos y notables acontecimientos que la historia alemana fuese capaz de maquinar.
Tras ser sede del I Reich, el edificio fue utilizado como parlamento por la autodenominada Norddeutscher Bund (en alemán, Federación Alemana del Norte, ya la sazón el II Reich … y ya van dos). Esta federación no fue sino un experimento que varios estados del Norte de Alemania acometieron como respuesta a la arrogancia prusiana, sedienta de gloria y necesitada de dominación. Experimento hemos dicho, porque esta federación sólo existió por espacio de 4 años, dejando únicamente para la posteridad una curiosa anécdota en los libros de Historia y la bandera y escudo del águila que las tropas alemanas mostraron durante la I Guerra Mundial. Posteriormente, sería durante la República de Weimar de 1919, cuando tuvo lugar un cambio por medio del cual el pueblo elegía la composición del Reichstag y éste a su vez a quien sería Canciller de Alemania (Jefe de Gobierno, que no el Presidente, como sucede en España). Sin embargo, a partir de 1930, el Reichstag fue prácticamente eludido gracias al uso que el Presidente Paul von Hindenburg hizo de los extensos poderes que la constitución le otorgaba y por medio de las cuales, podía elegir prácticamente a dedo a aquellos políticos que le caían en gracia.
Fotografía © Daniel Uriol.
De todos modos, si hubiese que buscar una fecha significativa en su historia, una única fecha que recordar, sin duda debería ser el 31 de julio de 1932. Ese día, en sus séptimas elecciones parlamentarias, el Partido Nazi alcanzó por primera vez en su historia más votos que el resto de los partidos. A partir de ese momento, ya nada volvería a ser igual para el Reichstag, para Berlín, para Alemania y para el mundo entero. Fue ese el día en el que Adolf Hitler se sintió poderoso por primera vez y percibió que quizás, al fin y al cabo, el pueblo alemán respaldaba sus ideas incendiarias. A partir de ahí, todo se desenvolvió como un rodillo imparable. Había logrado la victoria, pero esta mayoría no era absoluta, por lo que hubo de celebrarse una segunda vuelta. En esta, que tuvo lugar en noviembre de ese mismo año, los nazis volvieron a repetir victoria, pero con menos apoyo en las urnas. Aprendiendo de errores anteriores y olfateando oportunidades al alcance de su mano, decidió valerse de todas sus armas para no perder las siguientes elecciones. Su receta siempre había sido: “a mayor crispación, mejores resultados para el partido nazi” (con su célebre arenga de “consigámoslo con otros medios, otras armas”) y bien que la llevó a cabo. Ordenó a los cuerpos de alborotadores del partido (las temibles Sturm Abteilung, SA), que creasen una atmósfera de represión e intimidación estatal contra los comunistas y los socialdemócratas como nunca antes se había visto. Tal fue el empeño que pusieron estos gorilas en las órdenes de Hitler, que más bien podría decirse que se les fue la mano por exceso de celo. El clima irrespirable que crearon atemorizó a los votantes y, de nuevo, provocó que en las elecciones el Partido Nazi no pudiese alcanzar la mayoría absoluta. Ello enseño dos lecciones valiosísimas a Hitler: que nunca lograría el poder absoluto por medio de unos comicios libres y que tampoco lo conseguiría mientras tuviese una oposición de izquierdas tan poderosa como a la que se enfrentaba. Astuto como era, en vez de imponer arrogantes condiciones, se plegó a formar una coalición con los centristas y los nacionalistas para llegar al poder. Adolf Hitler era nombrado Canciller de Alemania.
A partir de ahí, la poda de libertades se sucedió como un jardín en pleno invierno. Se prohibieron varios partidos políticos, se prohibió a los comunistas su derecho de reunión y abolió la prensa de este movimiento. Las concentraciones de los socialdemócratas fueron prohibidas, y las SA irrumpieron en las pocas que aún se formaban. Una vez amordazada la izquierda, Hitler se volvió contra sus socios de gobierno a los que había mostrado claramente el destino que les esperaba si se oponían a sus deseos. Por si acaso, ordenó las suspensiones de periódicos socialdemócratas. Era un aviso. El ambiente se volvió totalmente caótico. Durante esos días, 51 miembros de otros partidos fueron asesinados, frente 18 nazis. Para consolidar definitivamente estas aguas turbias, Herman Göring, a la sazón Ministro del Interior de Prusia y mano derecha de Hitler en el Partido Nazi, emitió una orden a la Policía por la que, en su territorio, quedaba terminantemente prohibido el atacar o interferir en las acciones de las SA, las SS o el Partido Nazi. Es decir, barra libre para Hitler. Por si esta orden no se cumplía, insertó a miembros de las SA y las SS en los principales puestos de la Policía a la que se le había dado dicha orden.
Como toda buena epopeya trágica griega, lo peor quedaba para el final. Un cierto día leí que todo aquél que quiera una una revolución necesita tres ingredientes: una necesidad, un medio y una cerilla. De los dos primeros puntos ya se venía encargando el Partido Nazi desde hacia varios años y la cerilla fue el incendio del Reichstag, sucedido el 27 de febrero de 1933. Fueron nazis quienes quemaron un parlamento por el que no tenían respeto alguno, y también fueron ellos los que inventaron que aquél que buscase culpables, debería mirar hacia un inocente partido comunista que no salía de su asombro. Con un acontecimiento tan grave en sus manos, Hitler se presentó ante el lecho de muerte del presidente Hindenburg (ya más en el otro barrio que en este), y le pidió consentimiento para abordar medidas urgentes que iban a “salvar Alemania” del terrorismo comunista. Y como aquél que disimula a su padre la firma de un permiso de excursión para realmente conseguir aprobación para unas calificaciones escolares pésimas, Hitler logró en aquella firma eliminar la libertad de prensa, de expresión, de asamblea y la privacidad de las comunicaciones. Logró el poder de tomar el control de los gobiernos regionales y la ampliación de la definición de varios crímenes donde era permitida la pena de muerte. Ello, consolidaba la acción iniciada por él mismo dos días antes por medio de la proposición de la Gesetz zur Behebung der Not von Volk und Reich (en alemán, ‘Ley para solucionar los peligros que acechan al Pueblo y al Estado’). Por medio de esta ley los nazis obtuvieron poderes dictatoriales de manera esencialmente legal. Es decir, en una jugada que rizaba el rizo y sin precedentes en la historia mundial, Hitler había logrado la esperpéntica paradoja de que el Parlamento Alemán votase a favor de su propio suicidio, desposeyéndose a sí mismo de aquellas funciones para las que había sido constituido por el pueblo. A partir de ahi, y con la firma de Hindenburg, Alemania estaba, literalmente, a los pies de Hitler. Había nacido el III Reich. En adelante, el Reichstag sólo ejercería como un cuerpo de aclamación de las acciones de la dictadura. Como palacio de pantomimas permaneció hasta su última sesión plenaria, en 1942, que debe ser aproximadamente la fecha en la que Hitler se cansó de fingir que su pueblo le importaba y acabó con la pantomima de comunicarle sus últimas decisiones.
Tras la Segunda Guerra Mundial, el edificio del Reichstag acabó seriamente dañado debido a la cabezonería de los generales soviéticos, empeñados en practicar el tiro al blanco primero, y conquistarlo a bayoneta calada después, para colocar una bandera soviética y hacerse allí la foto. Desde entonces hasta 1.999 el edificio quedó en estado de semi-abandono, sin función específica declarada ni intención de hacerlo.
Fotografía © Daniel Uriol.
A partir de ese momento, y aprovechando el sentimiento reinante de reconciliación y levantamiento de un nuevo país unido tras 40 años de guerra fría aisladora, se encargó a Norman Foster la reconstrucción de todo el edificio. Y ya se sabe que cuando se pone en manos de un genio sin igual tareas épicas, el resultado suele ser colosal. Toda la obra realizada por Foster es una auténtica clase magistral de arquitectura y proporciona a los visitantes la oportunidad de admirar en silencio, lo que la mente de un genio es capaz de idear. Destaca, sobre todas las cosas, la cúpula ideada por Foster, la cual ilustra en exclusiva este post y la cual, también, atrae a millones de visitantes cada año. Olvídese de esperar menos de 1h en una fila de entusiastas turistas si lo que quiere es visitar ese pedazo de cielo que Foster creó en Berlín.
Sin miedo a equivocarme, puedo asegurar que la visita a la cúpula de Foster es una de las sesiones fotográficas que más placer me ha proporcionado en toda mi vida, quizás sólo equiparable a la que viví en el magnífico monumento del Taj Mahal. Debido a lo cerrado del sitio, se hace imprescindible llegar con un gran angular. Mi preferido fue un 10-20 y un 14-24. A partir de ahí, ascender por sus rampas y disfrutar a cada vista, composición y toma que se pueda crear allí. Jugar con las luces, con los contornos de las espirales y llegar a la parte superior, donde se puede ver el cielo estrellado de Berlín es todo un ejercicio de disfrute sensorial.
Suelo decir que hay (pocos) sitios que se deben visitar antes de morir. Este, por supuesto, está entre los primeros de la lista.
Alemania / Berlin / Neue Wache
Mar 25th
Caminando por Unter der Linden, en Berlín, aparte de disfrutar de una de las zonas más bonitas de toda la ciudad, uno tiene la oportunidad de poder visitar varios de los sitios con más historia de toda la ciudad. Desde su inicio y hasta la Segunda Guerra Mundial fue el centro neurálgico de la vida cultural berlinesa. En ruinas después de 1945 quedo en el sector oriental (Berlín Este) como capital de la RDA. Con la reunificación después de la caída del Muro de Berlín, ha retomado su lugar como la calle favorita berlinesa junto a Kurfürstendamm, y, por añadidura, una de las más turísticas al culminar en la maravillosa Puerta de Brandenburgo.
Dentro de toda esta grandiosidad, se esconde un monumento que siempre me ha llamado mucho la atención. Se trata de Neue Wache. Básicamente se trata de un edificio frío, tosco, vacío en el que como único elemento, tan sólo hay una figura negra de una madre abrazando a un hijo que sufre. Este enigmático monumento, fue inaugurado en 1816 y es la obra berlinesa más famosa del arquitecto Karl Friedrich Schinkel en un claro ejemplo de lo que fue la escultura neoclásica alemana d ela época.
Edificio de la Neue Wache, Berlín.
Lo curioso de este monumento es que ha sido utilizando desde esa época para conmemorar distintos motivos e ideas. Siempre la misma figura, siempre el mismo edificio… pero trataban de cambiar su significado constantemente. Originalmente fue creado para honrar la gloría de las tropas Prusianas. La intención era que la figura, fuese guardiana del cercano Palacio del Príncipe de Prusia y sustituir la antigua casamata de artillería que cumplía esa función. En 1931, todo el complejo fue reformado para servir de memorial de guerra a los caídos alemanes en la I Guerra Mundial y se añadió el círculo superior del techo al tiempo que se cambiaba su nombre por el de “memoríal a los caídos en la guerra”. El propósito de este círculo es que la figura central esté a merced de los elementos climatológicos que sufre Berlín, de modo que simbolice que también sufrirá lo que han podido sufrir aquellos que han sido víctimas de la guerra y han perdido su hogares. Así permaneció y este fue su uso hasta finales de la II Guerra Mundial, cuando fue parcialmente destruido por los bombardeos de la artillería soviética en su asalto final a la capital del III Reich.
Tras la contienda, y estando toda la capital del Reich en ruinas casi por completo, la división de los territorios alemanes en secciones administrativas hizo que todo el complejo pasase a tropas soviéticas, las cuales, todo sea dicho, no pusieron especial énfasis en restaurar la ciudad. Debido a esto, no fue hasta 15 años después cuando se iniciaron los primeros trabajos de reparación del complejo así como de nuevo bautismo de la estatua. Por ello, el monumento fue re-inaugurado en honor a las víctimas del fascismo y el militarismo. Esto, fue culminado en 1969 cuando se añadió una pequeña cápsula de cristal que contenía las cenizas de un solado alemán desconocido y de una víctima de un campo de concentración.
Fotografía Daniel Uriol.
Fue en el momento de la reunificación alemana, cuando el monumento fue nuevamente re-inaugurado dándole el significado actual y quedando con el definitivo nombre de Memorial Principal de la República Federal Alemana para las víctimas de la guerra y la Tiranía.
Este sitio, propone al fotógrafo varias fotografías tremendamente agradecidas si se planifican previamente. El principal inconveniente será el poder sacar el complejo con la luz adecuada y sin visitantes, puesto que suele ser lugar de parada de numerosos grupos turísticos. Sin embargo, es posible pode hacer buenas fotos ahí. Pese a ser un sitio frío y sombrío a posta, existe muy buena iluminación, con lo que se podrá disparar con velocidades altas e ISOs bajos. Por supuesto, un trípode es perfectamente posible de utilizar. Sin embargo, lo que es totalmente recomendable es llevarse una lente 10-20 ó 14-24 para poder obtener fotografías de todo el complejo, puesto que no es tan grande y amplio como puede parecer desde fuera. esta capacidad espacial que nos aportará el gran angular, sin duda alguna nos regalará grandiosas fotos.
Por lo demás, no es mala idea probar a tirar en B/N puesto que es algo que encaja perfectamente con la atmósfera del sitio y permite generar fotografías con una esencia lúgubre muy apetecible.
Alemania / Berlin / Berliner Dom
Feb 15th
El Berliner Dom, es el templo evangélico más importante de la ciudad de Berlín. Tanto es así, que, pese a que popularmente se la ha intentado identificar como la “Catedral de Berlín”, los propios berlineses han luchado siempre por no ostentar este reconocimiento (ya que técnicamente, una catedral es aquella que aloja a un obispo católico y eso nunca ha sucedido). De hecho, si se atendiese escrupulosamente a la definición, Berlín no cuenta con catedral. Este edificio, tiene una especial significación para mi, puesto que es un símbolo de la tozudez de una religión por construir su lugar emblemático de reunión pese a haber tenido que vencer todo tipo de obstáculos (que no fueron pocos).
El edificio en sí, es relativamente reciente, pues su construcción data de principios del siglo XX. En realidad, su construcción se hizo sobre la estructura de una catedral barroca de 1700, la cual fue demolida íntegramente por orden del emperador Guillermo II. Desde entonces, se constituyó en el centro religioso de referencia en la “Isla de los museos”.
La llegada de la II Guerra Mundial, provocó su deterioro inmediato: en 1940, los bombardeos aliados destruyeron todas las vidrieras; En 1944, varias bombas incendiarias (repletas de combustible) cayeron en su interior, provocando un tremendo incendio en la cúpula, la cual no puedo ser alcanzada por los bomberos. Ello provocó se la estructura se colapsase destruyendo el interior del edificio y dejó a toda la estructura un color negruzco que aún conserva en su exterior.
Fotografía Daniel Uriol.
Visitar esta catedral, es adentrarse en el esfuerzo de la comunidad evangélica por reconstruir su templo más notable. Visitar sus estructuras actuales, habla de la tozudez e ilusión de una comunidad religiosa para con su joya más preciada. La dejadez de las autoridades oficiales en su reconstrucción y su situación en una zona soviética (no muy dada a alentar las manifestaciones religiosas), provocó que fuera esta comunidad en exclusiva la que se encargara de su mantenimiento y posterior reconstrucción. Tras la guerra, desde 1949 hasta 1953, el Berliner Dom estuvo coronado por un techo de madera que los propios fieles construyeron para que las estructuras que aún permanecían más o menos en pie, no quedasen dañadas por la frecuente lluvia de Berlin o los fríos inviernos. En 1967, el principal comité Evangélico de Alemania, decidió solicitar fondos para la reconstrucción, los cuales le fueron denegados por el Gobierno de Alemania del Este (aunque no se opuso a que pudiese ser reconstruida de manera privada). No fue hasta 1975 cuando este templo comenzó a ser reconstruido. Debido a la falta de apoyos, los planos originales fueron simplificados al máximo y en 1984 se comenzó la reconstrucción de la decoración interior. En 1993, la sala principal fue reinaugurada y declarada apta para servicios religiosos.
Fotografía Daniel Uriol.
Todo aquel que visite este templo, deberá ser consciente de dos cosas: que se encuentra en un templo que, sea más espectacular o no para mi lo es) es un monumento al tesón de una comunidad entera por salvar su cultura; y por otro, que tiene uno de los lugares más bellos para realizar fotografía de espacios religiosos en que se pueden encontrar en todo Berlín, destacando su majestuoso órgano y su hall principal, totalmente esférico y uno de los más curiosos en su género.
De cara a sacar el máximo partido a nuestras fotografías, es ampliamente recomendable subir a uno de los anfiteatros desde donde se puede ver la extensión de la cúpula y varios candelabros preciosistas.
Una autentica maravilla.
Más información sobre el Berliner Dom:
Web: http://www.berlinerdom.de/index.php?lang=en
Dirección: Am Lustgarten, 10178, Berlin (Mitte)
Horarios de visita: Lunes a Sábado – 9 h – 20h. Domingos y festivos – 12h – 20h.
Alemania / Berlín / Museo Judio
Feb 5th
Berlín, siempre ha sido una ciudad atípica. Cuna de las mayores libertades, los cambios más convulsos y los mayores crímenes visto hasta la fecha. A una ciudad joven, de izquierdas, bohemia y loca, se le han visto gigantescas manifestaciones ultraderechistas, atentados contra la cultura nunca antes vistos (la famosa “quema de libros”) o la instauración de la residencia de los mayores dictadores de la era moderna. Así es Berlín.
Quizás dentro de esa historia moderna, el hecho que más destaque sea el nazismo y su persecución fratricida contra los judíos durante más de dos décadas. En ese sentido, Berlín ha sabido demostrar que tiene memoria y, sobre todo, capacidad de regeneración. Si fue cuna de las más graves persecuciones contra los judios, también es sede del más majestuoso museo sobre el judaísmo que exista fuera de Israel.
El museo judío, fue inaugurado en 1999 como homenaje a la historia del pueblo judío en los últimos 2.000 años. Su cultura, su historia y todo tipo de objetos son protagonistas de la muestra, por lo que aquél que lo visite, debería esperar encontrar objetos de la vida cotidiana de los judíos, tales como cuadros y utensilios de uso común. Pero quedarse ahí sería rascar la superficio de una visita que puede llegar a ser apasionante. El propio edificio que contiene la exposición permanente es una autentica gozada. Daniel Libeskind, su arquitecto, ideó un coloso con fachadas metálicas, ventanas con caprichosas formas y orientaciones, y la planta con forma de rayo. La idea principal que transmite el edificio es el vacío que han dejado los judíos berlineses desaparecidos durante el Holocausto nazi, destacando la Torre del Holocausto y el Jardín del Exilio.

Fotografía Daniel Uriol.
Todos los detalles del edificio son una constante metáfora. La planta del edificio parte de una línea picuda con forma de rayo. Esta línea quebrada podía haber sido continuada en cualquier dirección porque parece no terminar y representa el enorme deambular del pueblo judío por la historia. Sin embargo, no es la única: existe otra línea recta oculta en la planta del museo que atraviesa todo el edificio y desde la cual se articula el “rayo”. La forma de picuda que tiene la planta hace que esta línea recta esté interrumpida a trozos. Estas dos son las bases fundamentales del diseño. La entrada principal al Museo estaba originariamente en una pequeña torre situada junto al edificio antiguo del Museo de Berlín pero al final, esa construcción se integró en el interior del inmueble antiguo. En un plano de situación, Libeskind relacionó el Museo Judío con el edificio del Sindicato del Metal, diseñado por Mendelsohn, colocándolos dentro de una estrella judía (llamada Estrella de David) alargada que se extiende desde el Muro de Berlín hasta el canal de la ciudad.
En algunos planos del edificio pone de fondo palabras y pentagramas. Dichas palabras son, en ocasiones, un poema donde está repetida la palabra “espíritu”, y otras veces coloca una lista de personas desaparecidas en el Holocausto cuyos apellidos empiezan en “Berlín”. En cuanto a los pentagramas, corresponden a la partitura de la ópera “Moisés y Aarón”, escrita por el compositor Arnold Schönberg. Esta obra musical no está finalizada y su última parte está en silencio. La ausencia del sonido refleja una base del proyecto.
Los raros ángulos que forma el edificio hacen que los pasos interiores sean oblicuos respecto a las salas que comunican, de manera que la percepción que generan al visitante se hace complicada. Las ventanas de las paredes tienen todas direcciones y forman escenas caóticas al no seguir ningún orden visible. A consecuencia de ello, la luz natural penetra en el interior solo cuando los diseños exteriores e interiores de las ventanas coinciden, lo cual no siempre pasa. Realmente, de los 1005 huecos de fachada, solo cinco coinciden completamente.
Fotografía Daniel Uriol.
Posiblemente una de las obras más impactantes que se pueden visitar es una enorme explanada cubierta completamente de rostros de metal. El autor, invita a los visitantes a pasear por esa pradera de caras y sentir la sensación de dar pasos pisando la cara de personas. Una experiencia sobrecogedora.
En lo referente a la fotografía, es posible sacar todas aquellas imágenes que se desee en el interior, así como tomarse el tiempo que haga falta en hacerlo. El interior del museo es una colección de personas curiosas, reflexivas o visitantes frecuentes que se dejan caer para percibir nuevos detalles en esa visita.
En ese sentido, una buena sesión de fotos es altamente recomendable.
Más información sobre el Museo Judío:
Dirección: Lindenstraße 9-14, 10969, Berlin
Web: http://www.jmberlin.de/index.php
Nota: El museo está cerrado durante las fiestas judías de Rosh Hashaná (19-20/9/2009), Iom Kipur (28/9/2009) y en Navidad (24/12/2009).
Alemania / Berlin / Helmut Newton Foundation
Jan 10th
Un grande entre los grandes. Un emperador de la fotografía. Alguien que se decidió a reinventar el glamour y la forma de captar la personalidad de las personas a través de una cámara. Ese era Helmut Newton.
Helmut Neustädter (posteriormente se cambiaría su apellido por el de Newton), nació como judío en una Alemania en la que las ideas nazis veían sus primeros bostezos. Viendo que nada positivo le esperaba en un pais al que ya no reconocía y que no quería a la gente como él, tras la noche de los cristales rotos, emigró lejos de sus fronteras: sus padres pusieron rumbo a Chile mientras que Helmut, con ansias de ver mundo y con algunos conocimientos de fotografía a sus espaldas (había sido ayudante de la fotografa Else Neulander Simon) decidió navegar hasta China. En Singapur hizo un alto en su camino y comenzó a trabajar como reportero para el diario Straits Times. En los meses posteriores, un frenesí de acontecimientos le llevaron a ser expatriado por las autoridades inglesas hasta Australia, detenido allí, internado en un campo de prisioneros, liberado, contratado en una frutería, enrolado a la fuerza en el ejército australiano y designado conductor de transporte militar pesado hasta el final de la II Guerra Mundial. Todo en sólo en 3 años. Por sus servicios en el ejército, se le otorgó la nacionalidad australiana y con ello, la posibilidad de cambiar su apellido, adoptando el de Newton.
A partir de ahí, abrió su primer estudio de fotografía en 1946 (Sydney) y, desde entonces, todo fue un ascenso meteórico hacia el olimpo de la fotografía. Vivir en Paris, Montecarlo, New York, trabajar para Vogue, Elle, y ser idolatrado por los grandes modistos de Paris, se convirtió en su día a día. Centrado en el erotismo, sus gigantescos desnudos (1980) y una estética machista y sadomasoquista, crearon una forma de ver el mundo que ha sido explotada y desarrollada por muchos otros fotógrafos de hoy en día. La mujer de Helmut Newton era un objeto de disfrute y belleza en sí. Su cuerpo, sus curvas y las inagotables sensaciones y situaciones que podía llegar a generar, eran temas frecuentes de sus sesiones. Hombres multimillonarios que se abandonan a los placeres más básicos, al erotismo y dejando atrás sus imágenes sociales para adentrarse (y disfrutar en extremo) del mundo de los sentidos, el vouyerismo y lo prohibido.
Fotografía © Gaga Nielsen.
Enamorado de su pais, trató de no perder contacto con sus orgullosas raices, por lo que nunca le faltó tiempo para cultivar profusamente su relación con Alemania. Fruto de este amor, en 1980 cedió un gigantesco archivo fotográfico a la Stiftung Preußischer Kulturbesitz, la cual lo usó como base para la Helmut Newton Foundation, organización creada para preservar la memoria y obra de Helmut Newton y cuya sede es el museo del mismo nombre.
Una visita a dicho edificio constituye en adentrarse en la mente del fotógrafo. De modo que, por primera vez en Tris And Pics, os aconsejamos que dejéis tranquilamente vuestro equipo fotográfico en el ropero y disfruteis al máximo de dos plantas repletas de fotografías y reseñas del autor. En la parte baja, se puede encontrar la exposición permanente, más personal sobre la vida del fotógrafo. La parte superior está reservada para exposiciones itinerantes sobre el trabajo que llevó a cabo (especialmente en su última etapa) y para exposiciones de nuevos talentos, cuyo estilo y temática es afín al de Newton.
En definitiva, una visita evangelizadora que abre los ojos y sentidos de aquellos visitantes que se atreven a dejarse seducir por la mente de un genio y el cuerpo de aquellas que posaron para él.

Fotografía © Helmut Newton Foundation.
Más información sobre la Helmut Newton Foundation:
Dirección: jebensstrasse 2, Berlín.
Horarios: Martes a domingo: de 10h a 18h. Jueves, de 10h a 22h.
Coste de la entrada: 8 €
Alemania / Berlin / Navidades
Jan 4th
Como muchos de vosotros habréis podido seguir por este blog, hemos estado de viaje en Alemania. Desde que viví allí, las Navidades en Alemania siempre han sido muy especiales para mi: mercadillos de invierno en las calles, Glühwein (vino caliente), hacer un Feuerzangenbowle (película incluida, claro) con los amigos, disfrutar del frio, las tremendas nevadas (este año teníamos 10 cm de nevada cada día), caminar entre los monumentos decorados … Una auténtica maravilla y una invitación constante para disparar fotos a todo lo que se mueva
Es por ello que quería desde aquí trasladaros (en forma de foto) las sensaciones que a mi me despierta y las muchas felicidades que me proporciona.
Un fuerte abrazo a todos!


Fotografía © Daniel Uriol.
Fotografía © Peter Gutierrez.
Fotografía © H.-D.N.
Fotografía © Jenosch.
Fotografía © Daniel Uriol.

