Ir a Kuala Lumpur, es sinónimo de esperar una sorpresa tras otra. Aquellos que se adentren en está vibrante ciudad, sin duda encontrarán una de las más maravillosas ciudad que nunca he visitado. Constituída como uno de los principales puntos de entrada a Asia, Kuala Lumpur aporta al visitante todos los lujos y comodidades que cualquier ciudad europea pueda aportar, pero salpimentándolo de ese toque oriental que las hace únicas e inconfundibles. Esa mezcla de lo asiático y lo ultramoderno occidental, proporcionan un matiz de contrastes que hacen de su visita algo delicioso.
Sin embargo, si por algo habría que destacar Kuala Lumpur, es por su arquitectura. Amante como soy de dicha disciplina, en esta mágica ciudad logré por fin saciar uno de mis sueños antiguos: fotografiar las torres Petronas. Y es que estas torres son, sobre todo, sensaciones. Arquitectónicamente son absolutamente maravillosas, pero, sobre todo, lo que te proporcionan es sensaciones. Sensación de pequeñez, de emoción y de querer contemplar algo bello como aquél que contempla algo creado para transmitir.
Fotografía © Daniel Klein.
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Las Torres Petronas, fueron los edificios más altos del mundo entre 1998 y 2003, superados el 17 de octubre de 2003 por el edificio Taipei 101 en Taiwán. Actualmente son el quinto edificio más alto del mundo (el más alto es el Burj Khalifa) y son las torres gemelas más altas del mundo. Estas torres cuentan con una altura de 452 metros. Las torres con 88 pisos de hormigón armado y una fachada hecha de acero y vidrio, se han convertido en el símbolo de Kuala Lumpur y Malasia. Y esto es algo que me llamó poderosamente la atención, dado que bien podría asegurarse que toda la ciudad se ha volcado por completo en la admiración, disfrute y promoción de estas torres. Es tal bombardeo y saturación que hacen de su imagen, que a veces, uno puede llegar a preguntarse “cómo promocionaban anteriormente Malasia”?
Fueron diseñadas por el arquitecto argentino César Pelli y terminadas en 1998. Con 88 pisos, de estructura mayoritariamente de hormigón y vidrio, evocan motivos tradicionales del arte islámico, haciendo honor a la herencia musulmana de Malasia. Pelli utilizó un diseño geométrico islámico en su planta al entrelazar dos cuadrados, de tamaño gradualmente decreciente en la parte superior, la cual está basada en un motivo muy tradicional en la cultura islámica: una estrella de 12 picos incluyendo un círculo en cada intersección. La construcción de las torres comenzó en 1994.
La estructura básica se tomó de un proyecto no realizado para una torre en Chicago.


Fotografía © Daniel Klein.
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Pero es que hasta su propio proceso de construcción fue sorprendete. Para empezar, se involucró a trabajadores de distintas naciones que aportaron su conocimiento y trabajo. La idea era sencilla: si se consigue aglutinar a varios de los mejores arquitectos y trabajadores del mundo con experiencia en haber trabajado en construcciones similares, sin duda, podrán aportar todo ese conocimiento a la construcción de estas torres y podrán evitar potenciales defectos de construcción. Por tanto, en la construcción de ambas torres se diseñó una estrategia que permitió acelerar el trabajo. Se crearon dos equipos: uno formado por trabajadores coreanos y el otro por japoneses, uno a cargo de cada torre, de modo que hubo una gran competencia por lograr el mejor y más rápido trabajo. Finalizarlas en el menor tiempo posible y con la mayor calidad fue parte del ‘pique’ de ambos equipos de trabajo.
Las torres se encuentran unidas por una pasarela de doble altura aérea entre los pisos 41 y 42, que forma un portal. El skybridge, como es llamado, es el punto más alto accesible para los visitantes. Las visitas son gratuitas, pero limitadas a 1.200 personas diarias. Y, sinceramente, no merece la pena. La visita queda restringida a escasos 15 minutos, las entradas suelen agotarse cada día a eso de las 8 de la mañana y las vistas que dan nunca son nocturnas, por lo que no te permiten admirar la preciosidad de la ciudad en su máximo apogeo.

Fotografía © Daniel Klein.
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En su interior las torres se encuentran ocupadas por oficinas, entre las que destacan las de la compañía petrolera Petronas y la sede en Malasia de la empresa Microsoft.
Al pie de la torre se encuentran el Kuala Lumpur Convention Center (KLCC) y el popular centro comercial Suria kentuki.
Dos pequeños trucos para hacer buenas fotos: 1) la mejor vista de las torres para fotografiarlas (imprescindible que sea de noche), se tiene desde el SkyBar, situado en el Traders Hotel. Desde allí, se puede tomar una copa tranquilamente, ambientado con música chill out y tumbado en los preciosos sofás de su Lounge. 2) Las torres son apagadas cada día a las 00.00. quedando totalmente a oscuras. Esto, de nuevo desde el skybar, genera un contraste de sus figuras negras frente a el resto de edificios circundantes y potentemente iluminados que le dan a las torres un aspecto espectacular.
Tras mi última visita a Kuala Lumpur, me prometí que volvería a visitarla sí o sí y, tras revisar una y otra vez las cientos de fotos que les hice, creo que lo cumpliré en breve