Nepal / Pashupatinath

Nepal es tierra de contrastes. Ellos asi lo saben y así les gusta vendérselo a aquél que tiene a bien visitarles. Nepal te aporta montaña, desierto, selva, lagos y estepas a menos de 2h de coche en cualquiera de las direcciones a las que te dirijas y eso es algo dificilmente visible en otro país. Y es que el caleidoscopio que forma Nepal te aporta habitantes procedentes de los antiguos Mogoles, Hindúes pertenecientes a las familias más auténticas de India, tibetanos exiliados por el problema enquistado que hay con China, musulmanes provenientes  de las tierras de Pakistan o chinos comunistas en todos los confines visitables. Eso fue una de las cosas que más me sorprendieron en mi visita a ese país y una de las cosas que más me interesaron cuando decidí ir allí.
Quizás, de toda la zona de Kathmandú, lo que más me sorprendió fue Pashupatinah, probablemente el poblado medieval más pintoresco de la zona y un mordisco de hinduísmo a todo el budismo reinante en la zona. Me sorprendió como un país puede cambiar tan radicalmente en tan sólo unos kilómetros y como los mismos habitantes nepalíes que allí habitan, nada tienen que ver con los que sí están a apenas 10 km de allí.  Cuenta la tradición hindú, que su rio más sagrado, el rio Ganges (Ganga), se nutre de tres afluentes, los cuales a su vez dotan de la santidad a dicho rio. Uno de estos tres afluentes, es el que nace en la zona de los Himalayas y pasa por Pashupatinah, creando en la ciudad el lugar más sagrado para los hindúes en todo el país, remontándose su existencia a más allá del año 400 a.C.

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 Fotografía © Daniel Klein.

 

Este lugar, es santo por tres razones: cuenta la leyenda, que este fue el lugar en el que el dios Pasupathi, dios de los animales, se hizo santo y alcanzó el nirvana. Por otro lado, también cuenta la leyenda que fue este mismo lugar en el que un joven dios Shiva, tras haberse transformado en antílope y haber cruzado los bosques de Bagmati para poder estar cerca de los seres humanos y ayudarles, fue sorprendido por los otros dioses los cuales, cuando se dieron cuenta de la falta de Shiva, lograron encontrarle en su forma de ciervo y lo capturaron para forzarle a regresar a su forma de dios y regresar a los cielos. En este proceso de nueva divinización, Shiva perdió su cornamenta de ciervo, la cual quedó enterrada y dio lugar a muchos de los frondosos árboles de la zona. La tercera de las leyendas dice que la zona de Pashupatinah fue construida en honor a Supus Padeva, uno de los reyes de Nepal y que, con la construcción de dicho complejo de tempos, buscaba perpetuar a su familia en el poder, hecho que consiguió durante más de 39 generaciones.

Sea como sea, Pashupatinah, al ser la zona hindú más sagrada de Nepal, es el lugar en el que tienen lugar las cremaciones de cuerpos de todos aquellos fallecidos hindúes del país. Es la zona en la que se cree que si se arrojan las cenizas de los muertos, estos llegarán al rio Ganges y acabarán en el nirvana a su paso por la ciudad de Varanasi, en India. Y es por tanto, la zona que más hombres santos hindúes (sadhu) concentra en todo el país.

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Fotografía © Daniel Klein.

 

Probablemente, lo que más me gustó hacer en la zona fue el dejarme arrastrar por toda la muchedumbre. Es increíble lo mucho que puedes llegar a descubrir desde el momento en el que te sales de las rutas establecidas y dejas que todo empiece a fluir a tu alrededor. Dejas de ser un turista y te conviertes en un viajero. Y es ese el momento en el que los habitantes de Pashupatinah comienzan a tratarte como una persona a la que quieren contar cosas en vez de timar, alguien a quien les interesa mostrar las piezas de su cultura de las que realmente se sienten orgullosos y a quien cuentan historias de sus antepasados en vez de mostrar souvenirs. Para eso, esta ciudad es perfecta.

Mención especial tiene el realizar una buena sesión de fotos en la zona de las cremaciones. Es posible acceder al atardecer (recomendado), que es cuando más número de cremaciones tienen lugar. A partir de ahí, la idea es tratar de quedarse quieto y ver como los rituales tienen lugar: los monjes van y vienen, los hombres santos comienzan sus rezos, las familias de los difuntos aparecen, la luz cae mientras las distintas fogatas comienzan a teñir todo de anaranjado y, sobre todo, lo más impresionante es notar justo aquello que no se vé, el olor. Comienza a extenderse un olor a  carne quemada que te deja, realmente asombrado. Es algo que te remueve todo por dentro, pero que has de sentir porque eso es Nepal y eso es vivir las cosas que allí suceden.

Probablemente, una visita a Pashupatinah no vaya a ser una de las experiencias más memorables de todos los tesoros que tiene Nepal, pero, sin duda, sí es uno de los sitios que no puedes dejar de visitar si quieres vivir algo realmente distinto a todo lo que hayas visto anteriormente. :-)

 

Fotografía © Daniel Klein.

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