Una de las cosas que más me gusta de Israel es el tremendo contraste que aporta entre vegetación y desierto o ciudades modernas y ciudades ancestrales. Massada, pertenece a la categoría de ciudad ancestral en desierto. Mucho se podría decir de Massada, pero quizás, a modo de resumen, baste citar que es una ciudad bíblica conocida por su destacada importancia en los compases finales de la Primera Guerra Judeo-Romana (también conocida como la Gran Revuelta Judía), cuando el asedio de la fortaleza por parte de las tropas del Imperio Romano condujo finalmente a sus defensores a realizar un suicidio colectivo al advertir que la derrota era inminente. En la actualidad, Masada es un destacado sitio turístico, a la vez que posee una importante carga simbólica para el nacionalismo judío, como uno de los postreros episodios de afirmación y resistencia nacional antes de la definitiva diáspora.
La fortaleza de Masada y su entorno fueron declarados Parque Nacional de Israel en 1966, formando parte de la Reserva Natural del Desierto de Judea desde 1983, y del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde el año 2001.
Masada se localiza en el límite oriental del desierto de Judea con el rift del valle del río Jordán (perteneciente al sistema del Gran Valle del Rift), a unos 5 km de la costa sudoccidental del Mar Muerto y frente a la antigua península de Lisán, próxima por tanto a la frontera con Jordania. Se trata de un notable ejemplo de horst o macizo tectónico geológicamente joven, poco alterado por la erosión hidrológica y la afección de tipo vegetal debido al árido ambiente circundante.
.

Fotografía Daniel Klein.
Los acantilados del borde oriental miden 400 metros de altura, mientras que los del lado occidental miden 100 m, lo que origina que los dos únicos accesos naturales a la cima sean muy complicados: el denominado “Camino de la Serpiente” (así llamado por lo sinuoso de su trazado, restaurado en 1954) en su lado oriental y el “Camino de la Roca Blanca” en su lado occidental, sobre el cual fue construido un agger que utilizó el ejército romano para el asalto a la fortaleza.
Lo idea para visitar Massada es darse el madrugón de levantarse a las 3 a.m. para ir a ver amanecer allí (el famoso ‘Massada sunrise’). Partiendo desde Jerusalem se llega allí aproximadamente a las 5 a.m. momento ideal para comenzar la ascensión. Está, si se hace a buen ritmo, dura aproximadamente una hora y te permite llegar a la cima a eso de las 6 a.m., momento en el que comienza el espectáculo.
Desde la cima, puedes ver claramente como la luna (en un tamaño inusitadamente grande en este mes de diciembre), va desapareciendo por las montañas de Jordania mientras, en el extremo opuesto del valle, va naciendo el sol. Sin duda, ver una puesta de luna y un amanecer de sol en menos de 1h es uno de los espectáculos más impresionantes que jamás he tenido oportunidad de contemplar.
Fotografía Daniel Klein.
Posteriormente, desde allí arriba, se puede contemplar los restos de las fortificaciones de los antiguos judíos y imaginar lo que debió ser el asedio del ejército romano a la fortificación. Debido a lo inexpugnable de la fortificación, las tropas romanas decidieron construir una rampa artificial de arena que crease una pasarela de acceso desde el suelo hasta la parte superior de la fortaleza, en la parte oeste de la meseta. La construcción de la rampa duró 7 meses de duro trabajo por parte de los romanos. Sobre ella se situó una torre de asedio (reforzada con hierro y de unos 30 metros de altura) junto al exterior de la muralla de Masada, y mientras los artilleros de los pisos superiores de la torre disparaban sus escorpiones y balistas para mantener el parapeto libre de sicarios, un ariete situado en el piso inferior de la torre golpeaba continuamente la muralla hasta que se consiguió abrir una brecha. Sin embargo, los legionarios descubrieron que los sicarios habían construido una segunda muralla a continuación del parapeto exterior. Cuando el ariete comenzó a golpear esta segunda muralla, los romanos comprobaron que había sido erigida con capas alternas de piedras y madera, de forma que ésta absorbía los golpes del ariete e incluso se fortalecía así, tal como Julio César había comprobado en sus asedios en la Galia un siglo antes.
Dentro de Masada, los sicarios fueron conscientes de que el asalto final del ejército romano llegaría con el nuevo día. Según el relato de Josefo, el entonces líder de los sicarios, Eleazar ben Yair, reunió esa noche a sus hombres en el palacio occidental, pronunciando un discurso donde propuso darse muerte ellos mismos para evitar ser hechos prisioneros y vendidos como esclavos. De esta forma, dado que el suicidio como tal es denostado por las leyes del judaísmo, los hombres mataron a sus familias, y posteriormente eligieron por suertes a diez de ellos para quitar la vida al resto. Finalmente, entre estos diez eligieron de nuevo a uno que acabó con la vida de los demás, y antes de darse muerte prendió fuego a la fortaleza, excepto a los depósitos de víveres, para así demostrar a sus enemigos que actuaban por resolución, no por desesperación.
A la mañana siguiente los legionarios romanos colocaron pasarelas sobre la muralla incendiada e irrumpieron en la fortaleza, preparados para combatir a los sicarios, mas toparon con un silencio sepulcral y la visión del fuego y de los cuerpos sin vida de sus enemigos. Únicamente hallaron con vida a una anciana y una mujer, parienta de Eleazar, que se habían refugiado junto a sus hijos en una de las galerías subterráneas que conducía a las cisternas, Sus vidas fueron perdonadas.
Sin duda alguna, un lugar espectacular, con una historia espectacular.
Fotografía Daniel Klein.

