Berlín, siempre ha sido una ciudad atípica. Cuna de las mayores libertades, los cambios más convulsos y los mayores crímenes visto hasta la fecha. A una ciudad joven, de izquierdas, bohemia y loca, se le han visto gigantescas manifestaciones ultraderechistas, atentados contra la cultura nunca antes vistos (la famosa “quema de libros”) o la instauración de la residencia de los mayores dictadores de la era moderna. Así es Berlín.

Quizás dentro de esa historia moderna, el hecho que más destaque sea el nazismo y su persecución fratricida contra los judíos durante más de dos décadas. En ese sentido, Berlín ha sabido demostrar que tiene memoria y, sobre todo, capacidad de regeneración. Si fue cuna de las más graves persecuciones contra los judios, también es sede del más majestuoso museo sobre el judaísmo que exista fuera de Israel.

El museo judío, fue inaugurado en 1999 como homenaje a la historia del pueblo judío en los últimos 2.000 años. Su cultura, su historia y todo tipo de objetos son protagonistas de la muestra, por lo que aquél que lo visite, debería esperar encontrar objetos de la vida cotidiana de los judíos, tales como cuadros y utensilios de uso común. Pero quedarse ahí sería rascar la superficio de una visita que puede llegar a ser apasionante. El propio edificio que contiene la exposición permanente es una autentica gozada. Daniel Libeskind, su arquitecto, ideó un coloso con fachadas metálicas, ventanas con caprichosas formas y orientaciones, y la planta con forma de rayo. La idea principal que transmite el edificio es el vacío que han dejado los judíos berlineses desaparecidos durante el Holocausto nazi, destacando la Torre del Holocausto y el Jardín del Exilio.

Happy familyEmpty SpaceFotografía Daniel Uriol.

Todos los detalles del edificio son una constante metáfora. La planta del edificio parte de una línea picuda con forma de rayo. Esta línea quebrada podía haber sido continuada en cualquier dirección porque parece no terminar y representa el enorme deambular del pueblo judío por la historia. Sin embargo, no es la única: existe otra línea recta oculta en la planta del museo que atraviesa todo el edificio y desde la cual se articula el “rayo”. La forma de picuda que tiene la planta hace que esta línea recta esté interrumpida a trozos. Estas dos son las bases fundamentales del diseño. La entrada principal al Museo estaba originariamente en una pequeña torre situada junto al edificio antiguo del Museo de Berlín pero al final, esa construcción se integró en el interior del inmueble antiguo. En un plano de situación, Libeskind relacionó el Museo Judío con el edificio del Sindicato del Metal, diseñado por Mendelsohn, colocándolos dentro de una estrella judía (llamada Estrella de David) alargada que se extiende desde el Muro de Berlín hasta el canal de la ciudad.

En algunos planos del edificio pone de fondo palabras y pentagramas. Dichas palabras son, en ocasiones, un poema donde está repetida la palabra “espíritu”, y otras veces coloca una lista de personas desaparecidas en el Holocausto cuyos apellidos empiezan en “Berlín”. En cuanto a los pentagramas, corresponden a la partitura de la ópera “Moisés y Aarón”, escrita por el compositor Arnold Schönberg. Esta obra musical no está finalizada y su última parte está en silencio. La ausencia del sonido refleja una base del proyecto.

Los raros ángulos que forma el edificio hacen que los pasos interiores sean oblicuos respecto a las salas que comunican, de manera que la percepción que generan al visitante se hace complicada. Las ventanas de las paredes tienen todas direcciones y forman escenas caóticas al no seguir ningún orden visible. A consecuencia de ello, la luz natural penetra en el interior solo cuando los diseños exteriores e interiores de las ventanas coinciden, lo cual no siempre pasa. Realmente, de los 1005 huecos de fachada, solo cinco coinciden completamente.

shoutFotografía Daniel Uriol.

Posiblemente una de las obras más impactantes que se pueden visitar es una enorme explanada cubierta completamente de rostros de metal. El autor, invita a los visitantes a pasear por esa pradera de caras y sentir la sensación de dar pasos pisando la cara de personas. Una experiencia sobrecogedora.

En lo referente a la fotografía, es posible sacar todas aquellas imágenes que se desee en el interior, así como tomarse el tiempo que haga falta en hacerlo. El interior del museo es una colección de personas curiosas, reflexivas o visitantes frecuentes que se dejan caer para percibir nuevos detalles en esa visita.

En ese sentido, una buena sesión de fotos es altamente recomendable.

Más información sobre el Museo Judío:

Dirección: Lindenstraße 9-14, 10969, Berlin

Web: http://www.jmberlin.de/index.php

Nota: El museo está cerrado durante las fiestas judías de Rosh Hashaná (19-20/9/2009), Iom Kipur (28/9/2009) y en Navidad (24/12/2009).