Un país desolado por una guerra desde más de 70 años, esconde, por contra, varios de los espectáculos naturales más maravillosos que existen en el sureste asiático. Vietnam es, por derecho propio, la perla de la zona, siendo lo suficientemente bello y virgen como para fascinar aún a quien se aventura a descubrirlo y lo suficientemente organizado y cómo para que el viaje constituya una experiencia cómoda y magnífica.

De entre todos los parajes que hay por descubrir en Vietnam, quizás los más bellos (a mi modo de ver) sean los que se encuentran en su parte central. Es precisamente allí, donde se encuentra la zona de Đà Nẵng o también escrita Da Nang en su sentido occidental. Se trata de un pequeño paraíso que ya fue un puerto de llegada para los misioneros europeos, siendo ocupada por Napoleón III durante su campaña en Vietnam de agosto 1858  (para ello utilizó a 2.350 soldados de Francia y España). Por aquella época, la zona fue rebautizada con el nombre de Tourane. A partir de ese momento, tuvo un rápido desarrollo, llegando a ser una de las cinco zonas más ricas del país. Poco más hay que reseñar sobre estos parajes hasta la guerra de Vietnam, donde fue utilizada por el ejército americano como base de operaciones, primero, área de logística, después y, sobre todo, área de esparcimiento y descanso para sus soldados. Había nacido la famosa Playa China o China Beach.

LandscapeFotografía © Daniel Uriol.

China Beach permite disfrutar de uno de los parajes más bonitos de la tierra. Nos permite disfrutar de un paraje natural sin igual y, adicionalmente, es posible visitar las ruinas de la antigua base aérea norteamericana que existía en la zona. Quienes la visiten, podrán alojarse en los excelentes hoteles de 4 estrellas (que parecen de 5) o en alguna de las más de 200 casas de huéspedes que existen.

Zambullirse en sus cálidas y cristalinas aguas es toda una experiencia y sentir la amabilidad de los habitantes, sin duda hará de la estancia algo maravilloso.

Sun behind horizonsFotografía © Daniel Uriol.

Sin duda alguna, en una buena sesión de fotos allí, la estrella ha de ser los atardeceres. Los reflejos anaranjados frente al agua plateada crean un espectáculo inapagable. Irse allí a disfrutar de tal espectáculo, con un trípode que te aporte estabilidad (allí, aparte de arena y palmeras no hay nada) y un buen angular nos dará un juego espectacular.

En definitiva, no hay más que ir, sentarse, observar y disfrutar de las maravillas que la naturaleza es capaz de generar.