(… Continuación)
Tras haber visto en detalle todo lo referente a Auschwitz I, se puede tomar un pequeño autobús que nos llevará a Birkenau (el segundo sub-campo y la parte más grande de todo el complejo). Es sencillo tomar dicho transporte, puesto que hay uno de ida y vuelta cada 15 minutos. Era en esta segunda zona donde se encontraban la mayor parte de los reclusos (hasta 15.000 personas llegaron a estar en un momento dado). También es este el lugar en el que el fotógrafo encontrará una excelente oportunidad de hacer composiones con la puerta de entrada al complejo (tan bien tratada por Spielberg en su film) y junto a las vías, las cuales guiaban a los trenes que llevaban a los prisioneros a los tres andenes de tierra existentes. Triste historia si uno piensa en las miles de personas que allí estuvieron y en el final que les esperaba.
Puerta de entrada a Auschwitz 1. Fotografía © Daniel Klein.
Birkenau estaba organizada en tres áreas bien diferenciadas. Según se entraba por la puerta principal, la que está a la izquierda correspondía a las barracas de piedra, en las que eran internados los prisioneros cuya estancia se esperaba que fuese más prolongada (la vida media de una persona en Auschwitz era de menos de 3 meses). Estas eran, por tanto, personas cuyo valor era importante para sus captores (por tratarse de especialistas, gente con buena salud para poder trabajar en tareas físicas o médicos). En la parte derecha se encuentran restos de las barracas de madera, posiblemente las más famosas de todas las que hay en Auschwitz y de las que menos queda. El tiempo por un lado y su precaria construcción por otro, las fueron destruyendo poco a poco. Por ello, lo que el visitante encontrará son reconstrucciones exactas de lo que en su día hubo. Es muy recomendable subir a la torre de control y poder hacer fotografías desde la altura a ambas secciones. Dichas fotografias quedarán estupendamente si se sacan junto con las vías de tren o abarcando toda la extensión del complejo (verdaderamente enorme). Por otro lado, uno de los inconvenientes que el fotografo encontrará es el poder hacer fuenas fotografías sin que estas salgan llenas de turistas, lo cual sin duda, no ayuda.
En la zona de las barracas de madera, existen 10 aproximadamente que hacían las veces de dormitorios y otras 2 más, donde se aprecian los antiguos urinarios y lavaderos. Ahí, se podrá encontrar lo más cercano a todos los testimonios, fotografías y documentales que se ha visto de Auschwitz: casamatas de madera, totalmente carcomidas por el frio de los inviernos, camas minúsculas donde llegaban a dormir hasta 10 personas al mismo tiempo y estufas mínimas que trataban de engañar las conciencias aportando algo de humanidad a todo ese infierno. A partir de ahí, los visitantes podrán ir pasenando a traés del complejo, el cual tiene todas sus dependencias abiertas y dispuestas para todas aquellas inspecciones que se desee hacer. También este será el final de la visita oficial.
Fotografía © Daniel Klein.
Pero no todo termina ahí. Si se dispone del tiempo necesario, bien merece la pena proseguir una visita por cuenta propia hacia el fondo del campo (el tercer área). Allí, se encuentran los restos de las cámaras de gas de Birkenau (tenía dos cámaras) y otros dos hornos crematorios (Kremmatorium III y IV). Todo ello, fue destruido hacia el final de la guerra y así ha sido conservado. Detrás puede encontrarse el rio donde se esparcían las cenizas de los prisioneros que habían sido cremados en los hornos.
Un poco más al fondo se encuentra lo que para mi gusto fue la verdadera sorpresa de toda la visita: la zona de recepción de prisioneros. En esta zona se encuentran las áreas designadas para cortar el pelo a los recien llegados, las duchas de desinfección, y el área donde los visitantes encontrarán un enorme complejo en el que se clasificaban las pertenencias de los prisioneros. Casamatas donde se almacenaban joyas, objetos de valor, ropa, zapatos, etc. Todo sin apenas restos, pero esparcido por el suelo (hoy en día es tremendamente sencillo encontrar semi-enterrados, varios de estos objetos).
A partir de ahí, la cantidad de fotografías y escenas que se podrán recrear son casi ilimitadas, De nuevo las alambradas estarán presentes en todo el camino, por lo que siempre serán un elemento recurrente en nuestras fotos. Podremos a partir de ahí, acompañarlas de casamatas, torres o, incluso por el bosque cercano, donde se solía reunir a los judios recien llegados y donde se mantenían a la espera de que llegase su turno para las cámaras de gas.
En definitiva, el campo de concentración de Auschwitz es una oportunidad inigualable de llevar a cabo un fotoreportaje de grandísima calidad, con todo tipo de fotografías y técnicas, con típicos elementos que, aunque recurrentes, podrán aportarnos grandes composiciones y, si logramos prolongar nuestra visita, con excelentes posibilidades en lo referente a la luz (las fotografías de atardecer contra elementos del campo -como casamatas- son inmejorables).
Auschwitz es, por tanto, un sitio que hay que visitar sí o sí con una buena cámara y muuuucho tiempo.




Sorprendido me he quedado hoy al leer la noticia sobre el robo del cartel superior de la puerta con la inscripción “Arbeit Macht Frei” y que sale en muchas de mis fotografías.
http://www.elmundo.es/elmundo/2009/12/18/internacional/1261126049.html
Cuando estuviste tú por allí Dani?? dice la policía alemana que sospechan de un joven con una cámara fotográfica que andaba rondando por allí últimamente… y ya sabes que estos no se andan con chiquitas…
Ya preguntaré yo por Vietnam a ver si les falta algo…
Tema resuelto:
http://www.elmundo.es/elmundo/2009/12/21/internacional/1261356861.html
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